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Opinión

  • | 2019/01/17 16:32

    Bogotá, carreras sin calles

    Bogotá se reduce a 15 carreras y muy pocas calles. De acuerdo con el calendario atlético local y redondeando las cifras, este año menos de la tercera parte de los 52 domingos del año contará con eventos para fomentar el atletismo amateur.

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La cifra es baja para una ciudad con ocho millones de habitantes que busca perfilarse como capital que fomenta el deporte y, a través del mismo, abrir espacios de convivencia y pertenencia ciudadana, oportunidades para ganarle a la desigualdad y sacarle el cuerpo a la epidemia de obesidad que la propia Secretaría de Salud ya identificó y alertó, producto de los pésimos hábitos alimenticios y la poquísima actividad física.

Sin embargo, el problema hoy no es el reducido número de carreras, sino que los organizadores aún no saben por dónde pasarán los recorridos, en especial para las distancias de 10 kilómetros. En octubre del año pasado, el Departamento Administrativo para la Defensa del Espacio Público (DAEP), la Secretaría de Movilidad y el IDRD convocaron a todos los organizadores de eventos de running con el fin de buscar rutas alternativas técnicamente viables. En noviembre las autoridades recibieron las opiniones sobre los recorridos inicialmente trazados y se perdieron del mapa.

Mientras los bogotanos entrenan para las carreras emblemáticas de este primer trimestre, como la Run Tour de Avianca o la Night Race, los organizadores avanzan a ciegas sin que les confirmen el trazado del evento y sudan la gota gorda consiguiendo ene mil permisos que cada año se multiplican y se hacen más dispendiosos, y procurando el dinero para pagar chan-con-chan los costos del alquiler de escenarios.

De acuerdo con una enredada fórmula creada por la administración de Gustavo Petro, heredada y aumentada por la actual de Enrique Peñalosa (Resolución 116 de 2015), el  Parque Simón Bolívar, incluidas zonas verdes adyacentes a la Plaza de Eventos, puede costar unos 140 millones para la realización de un evento del alcance de la Media Maratón de Bogotá. Carreras de 10 km con buena asistencia, pero no necesariamente con el mismo músculo o que hasta ahora dan sus primeros pasos, como la de La Mujer o la NatGeo, giran unos 80 millones.

Para el pago por el uso de las calles la tarifa se calcula a partir del estrato donde esté la vía de paso, por persona-por kilómetro-por minuto de uso, con banderazo de cuatro horas como mínimo. A esa cifra hay que sumarle el plan de cierre vial, que para una carrera de 10 km ronda los 40 millones de pesos. Y todavía falta agregar toda la parafernalia logística, de promoción y realización de la carrera.  

Se vale cobrar por el uso de la ciudad, ni más faltaba que no. Así sucede en todas las capitales del mundo donde realizan eventos similares, a veces más grandes y numerosos, pero que allá sí cuentan con el real apoyo de las autoridades (Nueva York realiza 90 carreras al año, de las cuales 31 suceden en inmediaciones de Central Park y 13 más recorren Manhattan).

Lo que resulta ventajoso es cambiar las reglas de juego, guardarse en la manga el as de los recorridos, hacer más burocrático y dispendioso el proceso de autorizaciones, clavar ahora un impuesto adicional del 25% como retribución a la gestión deportiva del IDRD (¿cuál?) y proyectar la idea, a través de publicidad en medios y redes o de pancartas en postes y paraderos públicos -como lo exigía formalmente la administración de Petro- de que los eventos cuentan con el respaldo y la participación activa de la alcaldía. Es la clásica forma de subirse al podio sin mover un dedo.

Regresando al punto de partida: de los 10 recorridos propuestos por el DAEP, el  IDRD y Movilidad, solo cuatro son técnicamente viables pues los expertos distritales parecen haber olvidado que una carrera requiere infraestructura de partida y llegada:
1. El Parque del Tunal, donde se cumple anualmente la magnífica Carrera del Sur;
2. El trazado que parte del Parque Contador y termina en Simón Bolívar (utilizado por la Allianz 15km);  
3. Las múltiples carreras –al menos 11- que giran en torno al circuito del Parque Simón Bolívar  y tienen agotados a los vecinos y mareados a los corredores que cada año, como hamsters, pasan y repasan el mismo trazado enredado con sus mismos huecos traicioneros;
4. Y, por último, el recorrido que sale de la Plaza de los Alfiles, frente al centro comercial Gran Estación, recorre La Esperanza y repite pasos y puentes año tras año, como sucede con la Run Tour de Avianca o la Expedición BodyTech.

(A propósito, ahora que la Alcaldía le entregó a Gran Estación el manejo del espacio público de la plazoleta, bajo la condición de que no lo puede alquilar ni utilizar para eventos, muchos se preguntan qué pasará con las carreras, conciertos, novenas y demás actividades que se realizaban allí).

Bogotá ha ido espantando todo tipo de eventos deportivos recreativos. Por eso, las carreras amateur de ciclismo y muchas de atletismo han huido de la ciudad en busca de la amabilidad y apoyo de municipios vecinos o de otras ciudades del país más dispuestas y menos codiciosas, que entienden el impacto positivo que trae de la mano el deporte.

El atletismo, además, es tan popular como el fútbol, cualquiera lo puede practicar, requiere mínimo equipo –camiseta, tenis y pantaloneta-, no arrastra barras bravas ni desmanes y la infraestructura para practicarlo ya está sin necesidad de sembrar canchas sintéticas: es toda la ciudad.

¿Será cierto, entonces, que el resto de Bogotá no cuenta con otros espacios, avenidas y parques donde se puedan realizar carreras? ¿Qué pasó con la salida por la Avenida de Chile, que aprovechaba el horario de la ciclovía dominical para apoyar a los niños vulnerables del país? ¿Cómo recogen fondos aquellas carreras en beneficio del medio ambiente o de causas sociales cuando el distrito las castiga con semejantes costos? ¿Por qué la alcaldía no presta la ciclovía, por ejemplo, en la 170 e inmediaciones del Teatro Mayor, y aprovecha el amplio trazado de la Avenida Boyacá y el potencial para hacer allí buenas carreras? ¿En Kennedy o Suba no se puede correr? ¿Qué hacer para sacudir la mentalidad de mandos medios y mediocres que solo tasan las carreras como vil “plusvalía” y no valoran las ganancias de salud e integración ciudadana que también producen?

Y la pregunta campeona: ¿cuál sector oficial es el más refractario a toda innovación que favorezca el deporte y la integración ciudadana? Salgo ya a correr en busca de respuestas.

@Polymarti

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