Volar directamente desde el Caribe continental al Caribe insular y viceversa es una de las mayores satisfacciones de los viajeros que habitamos en esta anchurosa e histórica cuenca. Cuando partimos de nuestras ciudades litorales nada es más irritante que tener que devolvernos a Bogotá, Quito o la Paz para llegar hasta La Habana o Santo Domingo.
Ello va contra el sentido común y contra los flujos fijados por la historia entre nuestra región y las islas del Gran Caribe. Para fortuna de los caribeños una de esas antiguas arterias, hasta hoy obstruidas, ha logrado abrirse nuevamente recuperando los nexos existentes entre la península de La Guajira y las islas de Aruba, Bonaire y Curazao, permitiendo como antes el libre tránsito de personas, artefactos e ideas.
A estos destinos, llamados por los españoles las 'Islas de los Gigantes' por la estatura de los indígenas que en ella originalmente habitaron, puede ahora accederse desde Riohacha en dos vuelos semanales que se dan entre esta ciudad y Aruba. El circuito no se limita a las antiguas posesiones holandesas. A través de Curazao se pueden establecer conexiones con otras islas como Saint Martin y continuar, si el viajero lo desea, al puerto libre de Punto Fijo, en la venezolana península de Paraguaná.
Desde marzo hasta diciembre de 2009, a través de la empresa Tiara Air, han llegado mil 363 pasajeros desde Aruba hasta Riohacha, y mil 269 han viajado desde esta ciudad hacia aquella. El vuelo se hace en aviones bimotores irlandeses Shorts 360, programados para 30 pasajeros, tan eficientes como las ágiles goletas de nuestros abuelos.
Muchos de los viajeros que vienen de Aruba están interesados en la música popular de acordeón, las artesanías wayuu, los parajes naturales, eventos como el Festival Francisco el Hombre y algo insólito para ellos: la existencia de un Caribe indígena. Otros son guajiros arraigados en las islas que vuelven a reencontrarse con su ciudad natal, parientes y amigos. Desde Riohacha también se viaja por motivos familiares, turismo y negocios.
La respuesta ha sido tan positiva que de acuerdo con Gloria Reyes, gerente de Tiara Air, se están adelantando gestiones para adicionar un vuelo de carga que permita a nuestros empresarios exportar productos diversos a las islas, como cola de langosta, frutas, carnes, verduras, y artesanías, entre otros.
Dado que los nexos gastronómicos con las Antillas Menores son muy fuertes, desde allí podrían retornar los productos ultramarinos que forman parte indivisible de los recuerdos: el grato queso holandés, la harina amarilla de funche --esa exquisita polenta que tanto gusta a arubanos y guajiros--, las costillas ahumadas de cerdo y la inolvidable mantequilla enlatada que venía de Europa, roja y azul, que los niños pedían a los tenderos de manera candorosa diciendo 'me vende un pote de mantequilla butter'.
Una medida que sería recomendable para aumentar el intercambio es que se levanten los requisitos de visa para el ingreso a las islas.
Estas son las noticias que nos reconcilian con el presente, hacen prever un mejor futuro, y evocan los tiempos de la infancia, cuando jugábamos a ser marinos en los puertos de Aruba y Curazao y decíamos como el poeta mexicano Carlos Pellicer: "Estamos en Holanda y en América / y es una isla de juguetería, /con decretos de reina / y ventanas y puertas de alegría".
*Weildler Guerra Curvelo es es antropólogo guajiro, miembro de la Academia Colombiana de Historia y profesor universitario.
Correo: wilderguerra@gmail.com
