Esto de la mermelada es algo que se volvió un dicho sin consecuencias, primero, porque en su esencia siendo un delito todo el mundo habla de ella y los congresistas la exigen como si se tratara de una costumbre permitida y avalada por la sociedad, el gobierno, los congresistas, los órganos de control, los medios de comunicación y los jueces de la República. Segundo, porque quedó probado que sin ella la tostada no es comestible.
Sumado a eso, la reforma a la justicia no atacaba las formas de ejercer tan preciado valor porque nunca formuló los aspectos cruciales de la misma como son la congestión judicial y el cumplimiento estricto de los términos procesales porque ya eso es utopía con la cual moriremos; tampoco estaba dirigida a humanizar la justicia, perspectiva desde la cual lo único que espera un usuario es que sea bien atendido, en forma eficiente, eficaz y con equidad, es decir, con calidad, en el menor tiempo y con acceso universal.
Basta con ir a un paseo judicial al edificio Morales Molina de la carrera 10 con Avenida Jimenez de Bogotá, para deleitarse con una larga, tediosa y penosa fila por la cual se accede a los despachos judiciales, aguantar los ascensores vetustos y lentos con viajes de aproximadamente 20 pasajeros, a la espera de una tragedia parecida a la que sucedió en Cali cuando cayó un ascensor matando varias personas, luego tener que ser atendido por tumultos en la baranda de cada juzgado, consultando un computador obsoleto y lento para saber el estado del proceso y la última actuación, y esperando a que el secretario levante su mirada arisca y de mal aspecto con una sentencia que deja frío al pobre usuario: “su proceso está en el archivo, haga una solicitud por escrito, pague las copias y regrese la semana entrante”, esto en espera de saber si el expediente aún existe o no se ha perdido en el archivo de la rama judicial.
Y el usuario esperando un simple oficio para que le desembarguen sus muebles y enseres o la cuenta bancaria donde tiene 150 mil pesos para pasar la navidad, después de la vacancia judicial.
Ojalá la diligencia no tenga que ver con el rescate de un título judicial porque ahí se lo llevó el que sabemos.
Si se trata de una declaración, prepárese para todo un día contándole los detalles del asunto a una persona que escribe con dos dedos en una máquina del siglo pasado y con pésima ortografía. Esta actuación fácilmente puede ocasionarle un infarto al ansioso reclamante de su vivienda, su local o su negocio que confió a un tercero y que este le robó.
En lo penal ni pensarlo. Hay procesos del sistema penal acusatorio que se aplazan hasta 25 veces, una porque la fiscal no fue, otra porque el juez de control de garantías está en capacitación, la siguiente porque no notificaron a las víctimas, pero no olvide la que aplazaron porque está en paro la rama judicial, porque hay paro de educadores y la manifestación viene por la 26 o la 19, porque no está la carpeta, y así sucesivamente. Ayyyy Dios. Pasaron cuatro años y cuando ya se puede instalar el juicio, el delito prescribió.
En cuanto a la reforma a la política, con el solo hecho de implementar el voto electrónico los colombianos nos daremos por bien servidos porque se garantiza la participación política y como consecuencia se fortalece la democracia, los partidos, a los electores y demás actores del engranaje constitucional.
Afortunadamente queda otro camino que es convocar a una asamblea nacional constituyente para adecuar el Estado y su andamiaje a la realidad social y actual. De lo contrario, nos quedamos en el viejo e ineficiente aparato Estatal, permitiendo la politiquería y la manzanilla, que junto con la corrupción electoral cercena la democracia.
En esta instancia reformatoria de la Constitución podrían llegar personas del mayor valor intelectual para que entre todos le demos un nuevo giro a un país que está catalogado como inviable.
Por ahora, ¿cuántas reformas han fracasado? ¿El ciudadano de a pie tiene idea de la gravedad del tema? Podríamos estar hablando que en materia de justicia, esta función necesita ser entutelada.
Los colombianos somos los campeones de la resilencia en el mundo, soportamos que todo suceda y nos inventamos cualquier cosa para superar los problemas, entre ellos, los dolores de la justicia, aún cuando nos cobran los impuestos con lo que nunca invierten en su mejoría.
P.D.: Sigue el asbesto en nuestro entorno, hasta en los talcos con los cuales supuestamente le curamos las quemaduras a nuestros hijos y nietos. Dando papaya, dando papaya.
*Abogado Constitucionalista.
