OPINIÓN

Camilo Granada

Trump recargado

A 60 días de las elecciones, Trump aún pierde en las encuestas, pero falta ver si su nacionalismo proteccionista y su estrategia del miedo logran convencer a los votantes en estados clave.
2 de septiembre de 2020 a las 11:34 p. m.

La estrategia de campaña para la reelección de Trump quedó plasmada la semana pasada durante la convención republicana. Enfocada a generar miedo frente a los supuestos desastres que traería consigo una victoria demócrata, puede resumirse en una frase: “Yo o el caos”.

La puesta en escena fue cuidadosamente preparada para martillar los mismos mensajes a lo largo de los cuatro días que duró la convención. Dichos mensajes, en boca de distintos oradores, se articularon alrededor de cuatro grandes temas que seguramente serán recurrentes a lo largo de los dos meses que quedan de campaña.

El primero es desdibujar el talante moderado del candidato Joe Biden y mostrarlo como un caballo de Troya, que estaría dominado por la agenda extremista de la izquierda radical del partido demócrata. El argumento central es que, si los demócratas ganan, los Estados Unidos van a caer en picada. Este fue sin duda el elemento más recurrente. Según eso, si no se reelige a Trump, el futuro de los Estados Unidos es el castrochavismo, el comunismo y el fin de las libertades económicas e individuales de los estadounidenses. Los demócratas –si se cree a los republicanos—van a imponer impuestos confiscatorios, abrir de nuevo la economía en beneficio de China y acabar así con el empleo y la industria en los Estados Unidos. También van a abrir las puertas a la inmigración sin control, con lo cual los ilegales van a quedarse con los pocos empleos que sobrevivan en el país.

El segundo tema, vinculado con la inmigración y con las tensiones raciales que se viven actualmente, es la necesidad de garantizar la seguridad y el orden. Frente a la normal y explicable movilización ciudadana frente a los casos de brutalidad policiaca y la muerte de afroamericanos desarmados a manos de la policía, la respuesta de Trump y los más radicales de la derecha ha sido declararlos criminales y terroristas que quieren saquear e incendiar las ciudades.

Cuando los manifestantes reclaman que se haga una profunda reforma al sistema de justicia y a la policía para erradicar un sesgo racista que discrimina a los negros, que se financie más los programas de atención social por encima de la simple represión, Trump denuncia un plan para acabar con la policía y dejar a la ciudadanía a la merced de las turbas enfurecidas. Frente a tanta turbulencia, Trump se proclama como el candidato que defiende la ley, el orden y la policía, por oposición a Biden quien   –según el discurso republicano— apoyaría el caos. En ese frente, fue visible el apoyo de los poderosos sindicatos de policías, cuyos voceros tuvieron un destacado lugar en el listado de oradores durante la convención.

El tercer tema es un esfuerzo gigantesco para suavizar el perfil de Trump. Su familia fue la principal encargada de tratar de mostrar a Trump como un hombre sensible, defensor de los derechos de las minorías, respetuoso y promotor de las mujeres. Dado que esa descripción choca con lo que se ve todos los días en los trinos de Trump, la estrategia fue reconocer que Trump no es simpático, pero sí es efectivo: es “espontaneo” y no tiene filtro, pero cumple lo que promete y sus acciones hablan más que sus palabras. En definitiva, no importa la personalidad, sino los resultados.

Y el tema de los resultados del gobierno es el cuarto tema de la campaña reeleccionista. Los oradores hicieron un balance inflado de sus ejecutorias, empezando por la economía y la guerra comercial con China. En materia internacional, omitieron todos los tropiezos y errores con Corea del Norte, guardaron silencio sobre la influencia de Rusia, e incluso se atribuyeron los avances en materia de paz en el Medio Oriente. Lo que más sorprendió y generó incredulidad fue el balance del manejo de la covid-19. Según los áulicos de Trump, la pandemia fue ya vencida, a pesar de que los casos y los decesos no paran aún. No es la primera vez que se les ve peleando contra la ciencia y la realidad.

En esencia, Trump pidió a sus conciudadanos salvar las libertades y la propiedad privada, restaurar el orden y evitar el comunismo votando por él. Azuzó el miedo y atizó la hoguera de la polarización para evitar que se le juzgue por sus resultados o por sus propuestas para un segundo mandato. Su apuesta es que el miedo vende más que la esperanza. Al presentarse como el último bastión de defensa del orden, Trump juega la carta de una falsa dicotomía para los electores: Yo o el caos.

A 60 días de las elecciones, Trump aún pierde en las encuestas, pero falta ver si su nacionalismo proteccionista y su estrategia del miedo logran convencer a los votantes en Estados clave. Todo puede suceder.