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Opinión

  • | 2019/12/09 15:17

    Un extinguidor en el incendio

    Como echándole gasolina a la candela, el Gobierno y el Congreso avanzaron en la aprobación de agendas legislativas perversas, regresivas y corruptas. Lo hicieron como tradicionalmente se hace en este país, pupitreando sin vergüenza.

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20 días después de haberse iniciado, el paro se mantiene en calles y parques y todavía se respira en el ambiente, en conciertos, videos, parodias y canciones. Digo todavía porque llegó diciembre con su alegría, con su necesidad urgente de luces, tutainas y villancicos. La intensidad del paro va a disminuir porque reclamar la alegría y el abrazo de la familia es tan legítimo como sacar la cacerola a la calle. Pero que nadie se equivoque, nos veremos y oiremos en enero porque aquí nada ha cambiado y, lejos de mejorar, las razones que llevaron al Paro se exacerban. 

Como echándole gasolina a la candela, el Gobierno y el Congreso avanzaron en la aprobación de agendas legislativas perversas, regresivas y corruptas. Lo hicieron como tradicionalmente se hace en este país, pupitreando sin vergüenza. Esta semana los partidos políticos que están acostumbrados a negociar lo que se les viene en gana con descaro y en total impunidad, pupitrearon lo que les pusieron a votar: la reforma tributaria, la ley Andrés Felipe Arias y tumbar la meritocracia para el nombramiento de fiscal general. En diciembre, como para que pase de agache.

Qué desfachatez y qué impudicia. Qué ceguera, qué torpeza. Colombia está, como no recordábamos haberla visto antes, cargada de tigre exigiendo que no la violenten más, que no la manoseen, que no se burlen de ella, de sus necesidades, de su clamor de bienestar. Mientras ríos de gente en las calles gritan su inconformidad, los partidos negocian con presidencia y arrasan en el Congreso pupitreando exenciones obscenas para los superricos; mientras los músicos cantan en las plazas que Viva el paro nacional, ellos aprueban seguir exprimiendo a los trabajadores por prestación de servicios; mientras suenan las cacerolas, ellos aprueban triquiñuelas para que robar lo de los pobres para dárselo a los ricos no sea “tan” castigado. Pirómanos indolentes.

Votaron estas bellezas, además del Centro Democrático, los partidos Liberal, Conservador, Cambio Radical y de La U. Vaya uno a saber qué negociaron a cambio con el presidente, de pronto el cambio ministerial: tú me das ese ministerio, y yo te doy una mano en mitad del incendio social y apruebo tus leyes. Lo llaman “gobernabilidad” a la mitigación de la soledad y la incapacidad de un gobierno atenazado, votándole las leyes a cambio de favores. Mermelada, o no sé cómo le llamarán a la untada en la era Duque.

Cuando se reanuden las sesiones del Congreso en marzo (o antes si llaman a extras), la reforma tributaria ya habrá avanzado para convertirse en ley. Los campesinos de las regiones más jodidas de este país seguirán siendo pobres, la clase media urbana estará empobrecida y los ricos habrán usufructuado el privilegio de pertenecer a la rosca del patrón. Andrés Felipe Arias estará un paso más cerca de recibir el beneficio de la benevolencia para su pena. Y el embeleco ese de que el fiscal sea escogido por méritos y no por ser el poderoso mandadero del rico entre los ricos, habrá quedado debidamente archivado. 

¿Y quieren que nos callemos? Está en manos del Consejo de Estado devolver a las víctimas las 16 curules que el Congreso ya les ha arrebatado dos veces. Medio país y el sentido común le piden a la justicia que devuelva las curules de las víctimas a sanción presidencial, como correspondía hace un año. La justicia tiene que frenar ese despropósito de permitir que los congresistas privilegiados les raponeen este mínimo derecho político a quienes la guerra les arrancó todo. 

Los pirómanos del Gobierno y del Congreso no parecen entender la dimensión de lo que está en la calle, y se hacen los locos como si no fuera su asunto. No oyen, no escuchan, no entienden. La que marcha y cacerolea es una clase media cada vez más grande, inconforme, consciente, conectada e informada. La misma clase media a la que la reforma tributaria aprieta hasta quitarle la comida del plato, la que está harta de que a sus impuestos se los trague la corrupción, mientras los más ricos del país reciben por navidad las exenciones tributarias que los enriquecen más.

Los pirómanos incendian el país mientras procuran protegerse entre ellos para que no los queme la candela. Mejor no especular sobre lo que habrá negociado Vargas Lleras encerrado 2 horas y media en el Palacio de Nariño, ni qué tan efectiva le resulta al presidente esa jugada. Tirarle al presidente un extinguidor en la mitad del incendio se lo van a cobrar caro los partidos que aprobaron ese infame paquete legislativo, pero el costo social de esas medidas es puro combustible para este paro nacional que no cesa y que en enero comenzará su segunda temporada.

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