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Opinión

  • | 1982/11/22 00:00

    UN NUEVO ORDEN PARA LA VIDA RURAL

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Ha sido Director Nacional de Acción Comunal, Viceministro de Educación, Alcalde de Popayán, Rector de la Universidad del Cauca. Durante cuatro años fue Gerente General de la Caja Agraria y actualmente es el Presidente del recién nacionalizado Banco del Estado. Autor de varios libros de caracter histórico y educativo. Es además,dirigente liberal del Cauca.
En la actualidad el concepto de desarrollo ha superado el marco puramente económico en que venía considerándose y se enfoca dentro del contexto de la situación general del país,en íntima relación con los aspectos sociales y políticos. Con cebido como un proceso de cambio, se manifiesta en formas diversas, entre las cuales sobresale el comportamiento de la población,especialmente en lo que respecta a la relación entre lo rural y lo urbano.
Hay una crisis en lo urbanístico que se expresa en la concentración o más precisamente en la congestion.Y una crisis en lo rural que se pone de presente en la expulsión de pobladores hacia la ciudad atraídos por un modelo un estilo de vida, que se constituyen en única alternativa para mejorar. Por un lado hay abandono, soledad, por otro, hacinamiento e inseguridad.
El desarrollo urbano del país se manifiesta orgulloso, a través de las avanzadas soluciones viales, las cada vez más extensas redes de servicios, las sofisticadas caracteristicas de la edificación y el tecnicismo industrial.
Simultáneamente, las condiciones precarias del sector rural colombiano --en muchos lugares como la Costa Pacífica son apenas de infravida- aparecen como la carencia de los servicios más elementales, a pesar de los evidentes progresos en muy definidas zonas como la privilegiada región cafetera. Sólo el 7.3% de las áreas rurales nucleares es atentido con agua de calidad satisfactoria y el 6.6% con servicio de alcantarillado. Muchos autores han esquematizado los problemas de la sociedad rural colombiana: peculiaridad de su vivienda; carencia del ingreso necesario aun para satisfacer las necesidades elementales de alimento,vestido y salud, propios y de su familia,ausencia de medios para mejorar técnicamente la producción; imposibilidad para invertir dinero en la mejora o construcción de la vivienda.
Es este acorralamiento del campesino,unido a las condiciones de la infraestructura rural,lo que lo ha conducido a buscar la solución fuera de las parcelas,camino a la ciudad, propiciando un decremento en la producción de alimentos y un marginamiento a la comunidad a la que se arrima.
Si bien el Desarrollo Rural Integrado, DRI,constituye una nueva concepción del desarrollo rural,que busca articular el conjunto de la inversión pública y la acción estatal en función de mejorar la producción y la calidad de la vida de las personas que la sustentan, es indispensable que se complemente con una definida acción hacia el cambio de la distribución espacial de la población. Este aspecto está ligado indisolublemente a la vivienda. Ubicada en forma aislada y lejos de los centros de mercado, no se convierte en centro de producción e imposibilita en razon de los costos cualquier acceso a servicios indispensables. Concebida en concentración, permite el afloramiento de fuerzas comunales que subyacen en la sociedad y que pueden convertirse en el motor para la transformación social y económica del campo.
Este reordenamiento rural,que ya se ha iniciado en algunos lugares de Colombia, implica el estudio detallado de un sinnúmero de viviendas que se encuentran cercanas entre sí, constituyendo áreas de microminifundio a las cuales se les quiere llevar no sólo el mejoramiento mismo de sus viviendas sino los demás servicios complementarios de educación, salud, transporte y organización comunitaria. Se trata además de crear pequeños centros de desarrollo que absorban mano de obra, creen mejores condiciones de bienestar y deriven hacia la autogestación de su propio desarrollo.
Cuando como ahora,se planifica una política masiva de vivienda sin cuota inicial, que necesariamente tendrá que tener su mayor campo de acción en las áreas urbanas, habría que pensar en instrumentos de armonización que impidan la generación de una demanda excesiva, de graves consecuencias para el país. Una política basada sobre subsidios debe manejarse con gran prudencia para que no se desborde.
Muy seguramente,que la estrategia de aldeas campesinas puede cumplir ese cometido de equilibrio. Para ello se necesitará de la participación integrada de todos los organismos que se ocupan de la promoción,el control y el desarrollo agropecuario; de la utilización del sistema de autoconstrucción con supervisión técnica;del diseño de adecuados sitemas de amortización del crédito;de aplicación de los patrones culturales que respeten la tradición local; del estudio de las razones que fundamentan la reagrupación del habitante disperso, en pequeñas aldeas,y del análisis de las condiciones técnicas, económicas y financieras necesarias para que no se despierten expectativas que no puedan luego satisfacerse.
Estudios efectuados el año pasado por una misión mixta colombo-francesa, demostraron que las ciudades pequeñas y medianas y el campo, son en numerosos aspectos complementarios. El campo provee a las ciudades con los productos que van al consumo directo o a la transformación industrial .
Las ciudades son a su vez, proveedoras de servicios. Las fábricas proporcionan el tratamiento de las materias primas y permiten que llegue a los campesinos el conjunto de los materiales necesarios para su actividad. Vale la pena citar los abonos y las herramientas como ejemplo.
Está ademas, absolutamente comprobado, que la tierra,aun la de mejor calidad y en condiciones de óptima utilización, no basta para brindar una oferta de empleo suficiente para los habitantes del campo. En cambio, las pequeñas y medianas poblaciones,sí podrian lograrlo . Y es lógico suponer, que resulta más viable limitar el desplazamiento de los emigrantes campesinos hacia una población vecina o a una pequeña ciudad próxima a su lugar de origen, que a las grandes urbes, lejanamente ilusorias, superpobladas e inciertas.
Concluiriamos con dos afirmaciones que constituyen conceptos complementarios. Primera: en las áreas rurales se puede promover la creación de conglomerados de vivienda que mejorarían el hábitat y los equipamientos colectivos.Estas acciones se justifican cuando se les da la capacidad para cumplir funciones sociales y económicas de progreso. Segunda: las pequeñas o medianas ciudades deben cumplir actividades recíprocas con su entorno agrícola que las enriquezcan y estimulen mutuamente. Todo ello implica que a través de políticas nacionales,se tome la determinación de dar un nuevo orden al territorio.
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