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Opinión

  • | 2018/11/08 17:56

    Una hoja de ruta para el fin del diésel

    La adjudicación de la licitación para renovar la flota de las fases 1 y 2 de Transmilenio prendió nuevamente el debate sobre la utilización del diésel en el transporte público de Bogotá.

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La licitación representa un avance frente a lo que existe hoy pues se pasa de buses Euro II y Euro III a buses Euro V y Euro VI. Esto significa una reducción de un 86 por ciento de la contaminación que generan esas dos fases del sistema según las cifras del Distrito. Sin embargo, la mayoría de los bogotanos esperábamos más de esta licitación. Pero, más importante que eso, todavía no vemos que se defina cuál será el camino para dejar atrás el diesel.

No se puede desconocer que con los nuevos buses mejorará significativamente la confiabilidad de Transmilenio. Es decir, veremos muchos menos buses varados bloqueando los corredores del sistema y afectando la operación. También se aumentará la capacidad pues se pasa de una flota en la que la mayoría de los buses son articulados a una flota con más buses biarticulados. El paso de un bus articulado a uno biarticulado aumenta la capacidad en cerca de 40 por ciento. Es decir buses menos llenos. Todos los nuevos buses tendrán cámaras de video para enfrentar la inseguridad en el sistema y los dispositivos de localización de los vehículos permitirán mejorar la eficiencia operacional.

En cuanto a las emisiones, sin embargo, el avance habría podido ser mayor. Si bien es cierto que los nuevos buses estarán por encima del estándar mínimo exigido por la normatividad colombiana -que es Euro IV- la expectativa ciudadana le apuntaba a que no nos conformáramos con exigir un poco más que el mínimo. No se trataba de pretender que todos los buses fueran eléctricos de la noche a la mañana. Es claro que esa transición hacia tecnologías limpias tiene grandes retos y requiere de un proceso gradual. Pero sí era una oportunidad para que por lo menos toda la flota cumpliera estándar Euro VI como etapa de transición. La principal barrera para lograrlo era la disponibilidad del combustible de esas características pero eso quedó superado cuando Ecopetrol garantizó que ya tenía la capacidad para proveerlo en Bogotá. También era la oportunidad para que empezaran a rodar buses eléctricos por las troncales, así fuera en un porcentaje pequeño. Queda la esperanza del patio que no fue adjudicado para que ahí entren los eléctricos. Sin embargo, con la forma como se estructuró la licitación no es muy probable que eso suceda.

En todo caso, la discusión alrededor de esta licitación demuestra que lo que realmente hace falta en Bogotá es una hoja de ruta que apunte hacia la salida de los combustibles fósiles en el transporte público. Hacia allá tenemos que ir. La pregunta es cómo lo vamos a lograr. Y en esa hoja de ruta hay dos hitos clave: primero, las nuevas troncales de Transmilenio que se construyan deben tener flota eléctrica; y segundo, el SITP -que incluye la fase 3 de Transmilenio- debe definir cómo y cuándo va a migrar hacia tecnologías limpias.

Todo esto requerirá de un esfuerzo financiero considerable el cual implicará seguramente un subsidio importante a la tarifa. Y no podemos olvidar que ya tenemos un déficit en el sistema por cuenta del desastroso proceso de implementación del Sitp que hoy representa un hueco de 600 mil millones de pesos en las finanzas del Distrito. Pero precisamente por eso se requiere la hoja de ruta. Una hoja de ruta que defina cómo se van a buscar esos recursos, quiénes pueden ser aliados en ese proceso, qué rol va a jugar el gobierno nacional, entre otros interrogantes. Las acciones aisladas no serán suficientes ni exitosas si no hacen parte de un plan integral para que Bogotá tenga en el mediano plazo un parque automotor de transporte público con tecnología limpia.

Hace 18 años, cuando se construyó la primera fase de Transmilenio, Bogotá se puso a la vanguardia en términos de movilidad sostenible. Esta licitación era una oportunidad para dar un paso que nos permitiera recuperar el impulso. Lo cierto es que resultó muy tímido el impulso. Si no planeamos la carrera, los siguientes pasos tampoco serán suficientes y a ese ritmo no volveremos a estar a la vanguardia.

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