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Opinión

  • | 2003/02/09 00:00

    Uribe y la coquetería

    Una mujer que vaya en un carro con Uribe no sólo se sorprende cuando el Presidente le abre la puerta sino cuando le da su mano para entrar o salir

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Si hay algún secreto que el presidente Uribe no le guarda al país es su notable admiración por el sexo femenino. Desde candidato, cuando prácticamente todos sus jefes de campaña eran mujeres, se hizo evidente su decisión de que si algún día llegaba a ser presidente gobernaría con ellas. Pero hay diferencia con sus antecesores. Las mujeres de Belisario fueron viceministras. Las de Turbay acosadas. Las de Barco respetadas. Las de Gaviria estrellas. Las de Samper retrecheras. Las de Pastrana comodines.

En general, las mujeres colombianas han integrado los gabinetes a manera de cuota. Uribe, en cambio, nombró a sus ministras por convicción, admiración y fascinación.

Y francamente, ha demostrado ser un maestro en el difícil reto de manejarlas. Celosas, distintas, protagonistas...

¿Cómo evitar que en un consejo de ministros haga corto circuito la discreción de una Carolina Barco con la chabacana espontaneidad de una Cecilia Rodríguez? ¿O la aparente frialdad de una Cecilia Vélez con los brotes de juventud vallenata de una Consuelo Araújo? ¿Cómo evitar, por favor, que alguna de las anteriores se sienta desplazada por la proclividad a los micrófonos de una Marta Lucía Ramírez?

Por fuera del gabinete Uribe tiene otro tipo de séquitos femeninos. El las llama "miss consentidas", y entre ellas figuran desde una Vanesa Mendoza ataviada en traje de fatiga, hasta el triángulo imbatible de congresistas que conforman Claudia Blum, Nancy Patricia Gutiérrez y Gina Parodi.

Una mujer que vaya en un carro con Uribe no sólo se sorprende cuando el Presidente de la República, personalmente, le abre la puerta, sino cuando le da su mano para entrar o salir o se hace a un lado para que entre primero a un recinto.

Es esa extraordinaria sencillez de Uribe -que se vuelve explosiva mezclada con ese afrodisíaco que es el poder-, lo que hace que a él tampoco le vaya nada mal con las mujeres. ¿Alguna de estas mártires de la patria se ha atrevido a quejarse porque de un día para otro su destino no sea sino el de trabajar, trabajar y trabajar?

Uribe se ha asegurado de que no le falten mujeres para ninguna misión. Con frecuencia las lleva en séquito por cuenta de una práctica filosofía: "Como yo tengo fama de militarista, ¿quién va a creer en eso cuando me vea llegar con este grupo de ángeles?".

Establecido el hecho de que este es un gobierno de mujeres, veamos ahora cómo lo han hecho:

En primer lugar Lina. De primera. Marta Lucía Ramírez, intensa. Carolina Barco, sorpresa. Cecilia Rodríguez, una ministra de ambiente. La ministra de Educación, seria. La de Comunicaciones, cuidadosa.

Super echadas p'alante, Sandra Suárez, al frente del Plan Colombia, y Beatriz Londoño, a la cabeza del Icbf. La secretaria privada, Alicia Arango, ejecutiva y eficiente.

A sus amigos Uribe les recuerda con frecuencia: "Miren: yo no fumo ni tomo. Así que es imposible que el país se sienta incómodo con mi admiración por las mujeres".

Con un detalle más: Uribe es 'todo terreno'. Mientras, por ejemplo, Andrés Pastrana vivía rodeado de las mujeres más lindas, y Antanas Mockus vive rodeado de las mujeres más feas, el séquito femenino de Uribe reúne de todo: lindas, feas, gordas, flacas, genios, inteligentes o primarias; simpáticas, entradoras, tímidas, cordiales y hasta antipáticas. Y eso es lo que hace que Uribe sea el hombre galante que es (una faceta que el país está aprendiendo a conocerle), en lugar de un coqueto del montón.

Nota aclaratoria: María Isabel Rueda partió de vacaciones dejando esta columna escrita un día antes de la desaparición de la avioneta de Juan Luis Londoño.
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