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Opinión

  • | 2019/02/07 19:27

    El día siguiente

    La tarea de recuperar una Venezuela devastada comienza con el fin de la dictadura

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Las adversidades económicas y políticas, tanto internas como externas, son de tal magnitud que parece inminente el colapso de Maduro. Nada garantiza que así suceda, aunque vale la pena imaginar varios escenarios para una eventual transición:

  1. La presión popular llega a su clímax. Las fuerzas armadas le retiran su respaldo a Maduro, este huye o se asila, posiblemente en Cuba o Rusia. Alternativamente es apresado y extraditado a los Estados Unidos (si allí existe contra él algún proceso penal). O a Holanda, para ser juzgado por la Corte Penal Internacional por delitos de lesa humanidad o crímenes de guerra.  El vacío de poder se cubre por una junta militar, o por un gobierno de transición encabezado por el Presidente de la Asamblea Nacional, que es lo deseable.
  2. Por el contrario, el ejército venezolano se divide, lo cual da lugar a una guerra civil que puede ser devastadora. En ella participan, además, los “colectivos chavistas”, y los asesores militares cubanos y rusos. Cualquier parecido con la guerra civil española en 1936 no es mera coincidencia.
  3. Asesinan o apresan al Presidente interino Guaidó, a los integrantes de su entorno, o al personal diplomático de Estados Unidos que permanece en Caracas ignorando el ultimátum de Maduro para que abandone el país. Cualquiera de estos eventos dispara la invasión que tanto entusiasma a algunos halcones. Por esta vía se llega también al catastrófico escenario de una guerra civil. Piensen en Siria, Afganistán e Irak.

Hay una cuarta posibilidad que, de lejos, es la mejor para Venezuela, Colombia y el mundo: la renuncia de Maduro a cambio de refugio en el exterior para él, su familia y sus principales colaboradores. En esa hipotética negociación tendrían que participar China, que intentará salvar, así sean reprogramados, los créditos derivados de compras de petróleo a futuro que no han sido honrados; Rusia por la misma razón y para cautelar sus intereses estratégicos en la región; Estados Unidos, en su condición de poder hegemónico mundial, y, con el objetivo de cuidar su “patio trasero”; el gobierno (civil o militar) interino de Venezuela; y Cuba. Esta última buscaría que se le garantice el retorno de los numerosos asesores que tiene en el país vecino, y para definir las condiciones bajo las cuales concedería el asilo que se le solicite. Cabe imaginar que estará dispuesta a aceptar esa propuesta pero que pediría beneficios económicos y políticos significativos. El Vaticano tiene una gran oportunidad de ser el catalizador de estas conversaciones que ya podrían estar ocurriendo.        

Aunque no vislumbro un papel importante para nosotros en esa mesa, creo que estamos realizando el papel adecuado ejerciendo presión internacional para aislar el régimen de Maduro y mostrando las graves consecuencias que, para la estabilidad de la región, y de Colombia en particular, tendría la consolidación del “socialismo del Siglo XXI”.

Imaginemos ahora la agenda del día después. La primera y más urgente tarea consiste en garantizar el orden público, responsabilidad en la que Naciones Unidas, a través de los famosos (no siempre por buenas razones) cascos azules, tendría un papel importante: colaborar con el nuevo gobierno en las tareas de reorganizar la Guardia Venezolana; ayudar a desarmar las milicias bolivarianas que han sido cruciales para la defensa del chavismo; apoyar los esfuerzos del nuevo gobierno para combatir los grupos armados que, en la actualidad, explotan las reservas de oro y coltán (muchos de ellos colombianos integrantes del ELN); aportar capacidad organizacional para los suministros urgentes de bienes esenciales. Colombia debería ser uno de los principales aportantes en la configuración de esa fuerza multinacional. Conocemos a nuestro vecino, nuestros estamentos militar y policial son de primera calidad y nos interesa participar por razones de seguridad nacional.

La gravedad del problema humanitario, por falta de alimentos y medicinas, no da espera. Los costos y la logística de una operación de entrega gratuita de esos y otros bienes básicos son enormes, lo cual requiere una red de apoyo internacional grande y generosa. La población objetivo sería una fracción elevada de los 32 millones de personas que viven en el hermano país, 75% en condición de pobreza. Solo con el tiempo, en la medida en que la economía vuelva a funcionar, se reduciría la magnitud del esfuerzo que una vasta coalición de países tendría que asumir.

Las teorías del desarrollo que hoy imperan concuerdan en señalar que las sociedades que prosperan tienen sólidas instituciones públicas; de ellas depende que los mercados funcionen, fluya la inversión y se genere empleo. Lo deseable, en general, consiste en desmantelar el andamiaje comunista creado durante estos años para recuperar, reformándolas en lo que corresponda, las instituciones liberales y el Estado de Derecho. El éxito en estas materias, cuya implementación tomará años, está supeditado a que surjan y perduren gobiernos comprometidos con los valores de la democracia, la equidad social y la empresa privada.  

Destruida la infraestructura petrolera, el sistema monetario y deteriorado en grado sumo el flujo de divisas a la economía, Venezuela requiere de manera prioritaria apoyo financiero externo para poderse recuperar. Es necesario que el nuevo gobierno negocie pronto un crédito de balanza de pagos con el Fondo Monetario que le permita importar los bienes e insumos que requiere con urgencia y servir créditos de corto plazo; y otro con el Banco Mundial destinado al financiamiento de las inversiones indispensables para restablecer su producción de petróleo. La Corporación Financiera Internacional -el brazo del grupo Banco Mundial para el sector privado- tanto como los bancos regionales de desarrollo, deben desplegar estrategias coordinadas para rescatar a nuestros hermanos del infierno que todavía hoy padecen.   

Briznas poéticas. Franz Kafka siempre inclinado a las paradojas: “Una jaula salió en busca de un pájaro”.

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