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Opinión

  • | 2020/03/31 07:06

    ...Y nuestros médicos viendo la pandemia por la televisión

    Hago un respetuoso llamado a la alcaldesa de Bogotá, para que dentro de las acertadas medidas con las que ha logrado sortear esta crisis sin precedentes tenga en el radar a la gran cantidad de médicos y profesionales que en este momento en vez de estar en los hospitales y clínicas contribuyendo con su experticia y conocimiento, están confinados en casa, viendo con inmenso pesar la pandemia por televisión.

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Con infinita tristeza y con mucho pesar me atrevo a hacer la siguiente observación, pareciera que en nuestro país los médicos en vez de tener un gremio que los reúna y los convoque tienen es un enemigo. Esta es mi conclusión después de presenciar todo lo que ha circundado en los últimos días tras el fracaso del proyecto que buscaba quitarles las trabas a las validaciones de títulos de especialidad obtenidos fuera de Colombia y darles un tratamiento de “fast track”, cuyo fin teleológico buscaba incrementar el pie de fuerza de médicos para contener los titánicos desafíos que el covid-19 ha interpuesto y que requieren más que nunca del apoyo irrestricto de todos los sectores de la sociedad y en especial de la comunidad médica. Es claro que ciertos sectores de la medicina colombiana estén altamente preocupados por el natural desastre que podría ocurrir, ante una flexibilización de trámites, ya que la falta de rigor evaluativo podría abrir brechas que afectarían la salud pública, pues podrían terminar personas sin idoneidad académica y de experiencia ejerciendo la profesión médica, sin embargo, no podemos alejarnos de una situación en particular, acá precisamente abogamos por una situación en particular; por aquellos que tienen experiencia y rigor académico de sobra y que han obtenido sobre la excelencia importantes premios, han sido publicados en prestigiosas revistas científicas, o han integrado equipos galardonados por brillantes logros investigativos pero que curiosamente no han podido convalidar su título, no es posible tolerar que en medio de las dificultades propias de una pandemia, con un sistema de salud a punto de colapsar, un trámite de convalidación tarde más de tres o cuatro años y por ello, no podamos contar con una gran cantidad de galenos de primer nivel.

Hace unos días, antes de iniciar la medida de confinamiento obligatorio, fui a realizarme unos exámenes médicos rutinarios y me generó gran sorpresa porque la persona que me tomó las pruebas me reconoció y en medio de pinchazos y tomas de sangre, iniciamos una amable conversación sobre el asunto de la validación de títulos obtenidos en el exterior, asunto al que el profesional de la salud  señaló sin dubitación: “¡En la mayoría o gran proporción, muchos de los títulos obtenidos fuera de Colombia son comprados!”, ante tamaña aseveración no queda otro camino interpretativo diferente al absoluto desazón y descontento generalizado por cuenta de las complejas dificultades que trae convalidar un título obtenido en el exterior, es claro que desde hace unos años era necesario tomar medidas locales ante las dificultades que trajeron sonadísimos casos mediáticos especialmente con la cirugía plástica, que ante la mala praxis y la violación flagrante a la lex artis, se evidenció cómo cirujanos plásticos sin idoneidad académica o experiencia causaron gigantescos perjuicios a la salud de muchos pacientes, incluso varias personas fallecidas como consecuencia de las omisiones médicas en procedimientos. Era claro que ante esta compleja realidad, el Ministerio de Educación debía tomar cartas en el asunto y como ejecutor de las políticas públicas en materia de educación en el país fijara pautas tendientes a reglamentar el asunto y velar por la seguridad pública, sin embargo, tal y como con frecuencia lo hemos denunciado a través de este espacio de opinión, resulta más fácil convalidar un título en Estados Unidos, en Canadá o incluso en Inglaterra que en nuestro país, y precisamente en momentos como estos en donde existen tal vez cientos o incluso miles de galenos con importantes especialidades obtenidas fuera del país, que podrían estar ayudando y mitigando la crisis con su vital ayuda no podrán coadyuvar a los que actualmente, con lágrimas y sudor, están afrontando este descomunal desafío. Este no es momento de cálculos políticos o de estratagemas ideológicas, estamos ante una de las situaciones más complejas que jamás hubiéramos imaginado, ni mi generación, ni la de mis hijos, ni la de mis nietos ha tenido que afrontar experiencia como esta, solo equiparable a la de nuestros padres o abuelos.

El médico neurólogo Sergio Torres, premio mundial de medicina 2019, al referirse al sinsentido por el que atraviesa esta problemática en nuestro país, afirmó:  lo nuestro es el mejor ejemplo de la ceguera del mundo del cual habla José Saramago en su célebre obra Ensayo sobre la ceguera. En Colombia existen 63 facultades de Medicina y acreditadas únicamente 24. Esta tenebrosa realidad solo puede interpretarse de una manera; la profesión hipocrática en nuestro contexto legal pareciera que no es del interés del Estado colombiano, me temo que dándole la razón a Saramago; estamos ciegos, cegados por la insensatez burocrática y clientelista, pues muchas veces el inconmensurable esfuerzo que hace un profesional que dedica varios años de su vida, en otros países, lejos de casa, adaptándose a las inclemencias propias del clima, o a la misma incompatibilidad cultural, para que una vez con cartón en mano y de regreso a Colombia, un funcionario desinformado y descontextualizado, tal  como verdugo cercene su posibilidad de lograr materializar la convalidación del título que tanto esfuerzo y dedicación le costó, pero a su turno, privando a nuestro lacerado sistema de salud la posibilidad de complementarlo con profesionales que vienen de las mejores y más prestigiosas universidades del mundo.  

El hombre a lo largo de su historia en este planeta ha labrado una historia de supervivencia, supervivencia que en gran medida desde la antigüedad ha sido siempre garantizada por los médicos, por una vocación concebida sobre el servicio, y la  entrega total en busca de la protección de la humanidad, por ello, no podemos darnos el lujo de seguir ignorando esta problemática que al tamiz de las desafortunadas circunstancias que actualmente nos rodean, se torna en un asunto de especial análisis y cuidado por parte del Estado.

Hago un respetuoso llamado a la alcaldesa de Bogotá, para que dentro de las acertadas medidas con las que ha logrado sortear esta crisis sin precedentes tenga en el radar a la gran cantidad de médicos y profesionales que en este momento en vez de estar en los hospitales y clínicas contribuyendo con su experticia y conocimiento, están confinados en casa, viendo con inmenso pesar la pandemia por televisión.

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