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Salud Hernández. - Foto: Juan Carlos Sierra

Y Petro resucitó a Chávez

El cambio climático necesita defensores con liderazgo fuerte, coherente y transparente, no vendedores de feria.

Por: Salud Hernández-Mora

Calumnia y miente sin recato. Transpira odio y resentimiento, y emplea una retórica agresiva que matiza con ampulosos trazos poéticos. Incluso su tono, su lenguaje corporal, transmite egolatría y desprecio hacia su interlocutor.

El discurso grandilocuente de Petro en Naciones Unidas, cargado de sofismas y graves acusaciones a democracias ejemplares, fue la presentación oficial del populista de extrema izquierda que anhela heredar el liderazgo de Hugo Chávez en Latinoamérica. Solo que, a diferencia del fallecido dictador, ni tiene su carisma ni billones de petrodólares para comprar gobiernos.

Lástima que no sea un verdadero estadista, honesto y riguroso, capaz de sumar en lugar de dividir, porque el cambio climático necesita defensores con liderazgo fuerte, coherente y transparente, no vendedores de feria.

Durante sus 20 minutos de pantalla se dedicó a cargar las culpas de todos nuestros males a los demás países (supongo que se refería a los occidentales) con argumentos efectistas que construye sobre premisas falsas. Fue tan falaz y exagerado que, al día siguiente, en un foro, tuvo que retractarse.

“Mi país solo les interesa para echar venenos a sus selvas y arrojar a sus mujeres a la exclusión”, mintió en la ONU. Desde 2015 no se emplea el glifosato para erradicar coca porque lo frenaron la Corte Constitucional y la pazSantos. Y no asperjaban las selvas amazónicas sino los cultivos cocaleros de Cauca, Nariño, Caquetá, Catatumbo, y solo Estados Unidos financió algunas etapas.

En cuanto a las mujeres, ¿qué interés puede tener un canadiense o un inglés, por citar dos nacionalidades atacadas, en excluirlas y de dónde?“Si observan que los pueblos se llenan de hambre y de sed y emigran por millones hacia el norte, hacia donde está el agua; entonces ustedes los encierran, construyen muros, despliegan ametralladoras, les disparan (…) quintuplican la mentalidad de quien creó políticamente las cámaras de gas y los campos de concentración, reproducen a escala planetaria 1933”, bramó el demagogo.

¿Desde cuándo emigran a Estados Unidos y Canadá por falta de agua? ¿De qué ametralladoras y disparos habla? ¿Cómo se permite tildar de nazis a los Estados Unidos, que sacrificó miles de sus ciudadanos en la Segunda Guerra Mundial para derrotar a Hitler? ¿Y a Gran Bretaña que sufrió sus bombardeos? Inquietante la cantidad de falacias.

Eso sí, ni una crítica a Putin. Como los comunistas españoles de Podemos le hablan al oído, Petro les copia poner al mismo nivel al asesino invasor que a sus víctimas ucranianas. “Nosotros les servimos para excusar los vacíos y las soledades de su propia sociedad que la llevan a vivir en medio de las burbujas de las drogas”, fue otro de sus embustes.

¿Acaso en Colombia se vive mejor que en Suecia, Canadá, Estados Unidos o Francia? ¿De qué culpa social habla? El 98 por ciento de las sociedades que denigra, con una soberbia infinita, nunca probó la cocaína. ¿Y acá nadie mete? ¿No conoce la preocupación en pueblos y ciudades colombianas por el consumo juvenil de drogas? ¿Y el “microtráfico” no vende en Colombia? ¿Cuántas muertes causa? ¿Qué hay de la creciente demanda de cocaína en Brasil o Argentina?“¿Qué es más venenoso para la humanidad, la cocaína, el carbón o el petróleo? El dictamen del poder ha ordenado que la cocaína es el veneno y debe ser perseguida, así ella solo cause mínimas muertes por sobredosis”, dijo.

Una cosa es que la guerra contra las drogas no arroje los frutos esperados, por la salvaje corrupción que azota a Latinoamérica y, otra, beatificar una mata que no nace silvestre en el Amazonas. Le recomiendo a Petro visitar los cultivos cocaleros cerca del río, a solo dos horas de Leticia, y me cuenta si son naturales.

“(…) Nos piden más y más carbón, más y más petróleo, para calmar la otra adicción: la del consumo, la del poder, la del dinero”, clamó el mesías.Si alguien hay adicto al poder, es Petro: tres campañas para conquistarlo. Y comprar zapatos y cinturones Ferragamo, a 4 millones, es inequívoca señal de adicción al consumismo. Los cinturones de Fico son paisas, de 20.000 pesos.

Y si bien necesitamos erradicar la minería de carbón, máxime a cielo abierto, ese mineral ayudó al milagro económico de China y otras naciones, y la Unión Europea contempla eliminarlo en su programa de transición energética. En cuanto al petróleo, Petro viaja en avión presidencial y en sus desplazamientos usa varias camionetas de gasolina para su legión de escoltas. De momento no van en mula ni bicicleta.

De pronto en su próximo encuentro, el Papa podría explicarle el evangelio que aconseja no mirar la paja en el ojo ajeno sino la viga en el propio.

El último apunte: “Vengo de uno de los tres países más bellos de la Tierra”, presumió en la ONU. Sonó a la estupidez del segundo himno más lindo, tras la Marsellesa, y a un innecesario gesto de engreimiento ante sus colegas.

Por cierto, impresentable llegar una hora tarde a la cita con otros mandatarios y poner de excusa un trancón. Biden no invitó a Petro, sino al Presidente de Colombia. Ahondó la fama de incumplidos. Que oso.