k rel="colorSchemeMapping" href="file:///C:%5CUsers%5Chp%5CAppData%5CLocal%5CTemp%5Cmsohtmlclip1%5C01%5Cclip_colorschememapping.xml" /> Encendí el computador. Al llegar al buzón de entrada de mi correo
electrónico en Gmail, encontré treintaidos nuevos anuncios de diversos orígenes
y solo un mensaje personal sin leer, entonces lo escogí, luego de borrar el
resto sin abrirlos. Mi querido Santi, me encantó la manera como describiste el vivir
doméstico y el modelo monogámico, cuando nos reunamos espero intercambiemos
experiencias para reírnos un buen rato. Con relación a tu amable invitación a escribir en Pura Vida, te cuento
que lo más difícil fue contar las palabras sin perderme, hice de todo:
utilicé sin éxito una calculadora, entonces fui a un salón de
billares mixtos donde usé las bolitas para seguir las carambolas, pero como solo
llegaban a cincuenta tuve que conseguir un ábaco que un carpintero amplió hasta mil, quedó tan grande que no cupo por la puerta de mi casa, así que decidí
imprimir el documento y tuve que salir al patio porque resultó del tamaño de
una sábana kingsize de poliéster,
además con lluvia pertinaz, entonces armado de un buen paraguas por fin pude
aproximarme al número mágico, y es posible que haya contado dos veces algún
renglón, se me juntaban por el agua que me escurría por la cara. Como si fuera
poco, habrás notado que mientras tanto me perdí de la final del campeonato
Español de fútbol, así como de un almuerzo con langostinos a la mostaza y de
una siesta en la compañía indispensable de mi señora. Te dejo en libertad de hacer
con el documento adjunto lo que consideres más conveniente, el reto de
escribirlo ya me dio mucho gusto, si decides publicarlo, quisiera que
mi seudónimo fuese Rafico, así me dicen en familia, y me gusta mucho porque me
trae recuerdos de infancia; si, por el contrario, lo archivas, igualmente quedo
contento con este ejercicio de composición. Rafico es mi primo tico. Seguramente sea más preciso llamarlo
colombo-costarricense, pero me parece sonoro decirle tico por ser un gentilicio
lleno de historia según mi consulta en doble u, doble u, doble u, punto el
rincón del vago, punto com. Resulta que en el siglo XIX se les decía costarricas
a los nativos de ese país, y durante la Guerra Centroamericana Contra los
Filibusteros de William Walker (1856-1857), un gringo polifacético que fungía
como médico, abogado, periodista y militar, en todo caso, un aventurero que
intentó conquistar varios países de la región. Entre tanto, los aliados costarricenses
se referían a ellos con afecto como hermaniticos,
que luego se generalizó como ticos, así que no hay nada despectivo en este topónimo,
por el contrario, está lleno de gallardía. De todas maneras, Rafico es primo mío por el lado materno. Y entre
muchas actividades que entretienen su vida en Costa Rica, es aficionado al
estudio de la genética y su relación con el medio ambiente; así que me parece
pertinente aclarar que, como él, disfruto del discretísimo encanto del vivir
doméstico, así como de narrar, y allí no hay coincidencias, seguramente son
rasgos genéticamente determinados. Probablemente uno de mis recuerdos más
antiguos sea el de una tarde soleada en que me llevó a ver las carreras de
carros en el autódromo de Bogotá, que en esa época quedaba frente a mi colegio,
ahora un lugar ocupado por una urbanización extensa y un centro comercial
descomunal. En todo caso, ese día viajamos hasta allá en su camioneta Warburg
gris, con el sonido inconfundible del motor de tres cilindros de dos tiempos, y
nos acompañó su novia, Rosita. Ahora que lo pienso, es probable que esa
experiencia temprana de mi infancia marcara en mí la expresión de los genes que
comparto con Rafico, transformándome para siempre en aficionado a la mecánica
automotriz, en un hombre elocuente y en un marido dócil. Y
luego de que transcurriera más de una década de silencio entre él y yo, porque se
fue a vivir a ese país y estábamos absortos en la cotidianidad, de nuevo nos
encontramos en la Internet precisamente a propósito de este fárrago que llamo
Pura Vida, entre otras cosas, una expresión costarricense que alude al deleite
de vivir, a lo bello y lo grato que la existencia a veces depara. Entonces me
pareció excelente idea publicar un texto suyo, a propósito de esta serie de
blogs sobre colombianos que viven en otros países. Y he aquí el archivo de Word que Rafico adjuntó a su mensaje. Algo
interesante para contar Uno
de los aspectos de la vida costarricense que más llama mi atención es su
cultura electoral a la hora de elegir el Presidente de la República. Mi
experiencia de cincuenta años de vida en Colombia, me indicó que
las jornadas electorales reflejaban la situación del país: en esa época me
acostumbré a los cordones de seguridad en los sitios designados para votar, con
requisas, molestias y trabas, junto a los pregoneros que disputaban quién gritaba
más y amedrentaba al ciudadano común que intentaba cumplir con su deber cívico.
Sin olvidar los atentados terroristas que la guerrilla solían efectuar en los
días previos junto con la respuesta del Estado, el acuartelamiento de primer
grado de todas las fuerzas armadas. En
cambio, la historia de Costa Rica registra que la primera elección con más de
un candidato sucedió en 1889, y desde entonces se han realizado cada dos a
cuatro años, excepto en la revolución de 1949 cuando por las armas triunfó y
ascendió al poder Pepe Figueres, del Partido Liberación Nacional, quién luego
cambió la constitución política, entre otras cosas, aboliendo el ejército con
un mandato muy claro en el sentido que las arcas de la Nación debían atender la
salud y la educación, que todavía son gratuitas y cubren a la totalidad de la
población. En este país es tan arraigada la paz que durante el primer gobierno
sandinista, en Nicaragua, cuando circularon rumores amenazantes de una posible invasión
a su territorio, no se armaron. Así que se han celebrado quince elecciones, y
en la última eligieron a Laura Chinchilla, primera Presidenta en la historia
del país. Por otra parte, según el censo
electoral, pueden votar casi tres
millones, hombres y mujeres por igual, y se registra una abstención del 30%, es
decir en general la gente vota. El
día de las votaciones es emocionante. Las mesas se sitúan en las aulas de escuelas
públicas que cumplan requisitos de ubicación e instalaciones adecuadas, mientras
afuera se encuentran representantes de los partidos, siete candidatos la última
vez, pero ellos no gritan consignas, hacen ruido ni molestan. Pueden verse
familias enteras, niños correteando y jugando, por supuesto sin entrar a las
aulas, así no más, sin avisos prohibiéndoles hacerlo ni vigilantes, pues cada
ciudadano sabe lo qué debe hacer, y qué no, y así lo hace, en paz y
tranquilidad. A la entrada solo hay un policía que impide el parqueo
inconveniente de carros, así que el tráfico sigue normal sin cerrar las vías. Cuando
llega a votar el Presidente, o algún candidato, hay un poco de revuelo que
rápidamente regresa a la normalidad; en cambio si se presenta un expresidente,
un diputado o un ministro, no pasa nada, en este país también es normal
encontrarse a esos personajes haciendo fila para comprar las boletas de una
función de cine o esperando a que los atiendan en el banco. Y
de regreso a la jornada electoral, puedo informar que dura ocho horas. Cuando
termina, un funcionario del Tribunal Superior Electoral identificado con una
camiseta con las letras TSE impresas, pide amable que se retiren a quienes aún
están dentro de la escuela y que no sean jurados de votación ni testigos
electorales. La gente obedece en orden. Entonces los que se quedan cuentan los
votos para luego elaborar las actas, que una vez firmadas, también se introducen
en la urna, que después se sella y el presidente de los jurados la lleva en su
carro o en un taxi a la sede del TSE, donde vuelven a contarse los votos, por
supuesto, solo para confirmar las cifras pues no consideran la posibilidad de adulterarlos,
su cultura electoral lo impide. La respetable autoridad electoral se precia de su
independencia, transparencia y eficiencia, de entregar resultados con prontitud
y exactitud, y como si fuera poco, atiende las pocas quejas que puedan
presentarse con diligencia. Mientras
tanto, una vez cerradas las mesas de votación, los simpatizantes más cercanos
se dirigen a los sitios de reunión ya establecidos, que pueden ser hoteles, las
sedes de campañas o la casa del
candidato, mientras la muchedumbre se traslada serenamente al Parque
Central, lejos de la sede del gobierno central, a donde espera alegre los
resultados; asisten grupos de todas las edades con banderas, pitos, gorros y
música pero sobre todo con la camaradería propia de la jornada cívica. Nótese
que este podría ser el proceso electoral de cualquier país del primer mundo,
pero encontrarlo en Latinoamérica es una sorpresa. Ahora recuerdo una valla que
hace algunos años puso la Policía Nacional en la avenida 68 con calle 26 en
Bogotá, podía leerse: Educad a un niño y no tendréis que castigar al adulto. Sin
embargo, en Costa Rica no existe un plan de educación específico sobre este
aspecto, tan solo hay una conciencia electoral generalizada, que ojalá algún día
permeara otros países para que lográramos arraigar costumbres que nos permitieran
vivir en paz. Aquí solo se esgrimen la libertad y el orden, no hay armas, y es un
ejemplo que en muchas zonas del subcontinente debieran seguir para mejorar la
calidad de vida, respetando derechos fundamentales a la vida, la salud, el
empleo y la educación.
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La cultura electoral en Costa Rica, un blog inesperadamente familiar
20 de mayo de 2010 a las 7:00 a. m.