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Los buñuelos navideños de mi madre

21 de diciembre de 2006 a las 8:00 a. m.

He olvidado arreglar la casa con los adornos típicos de la navidad, como muchos otros que de alguna manera nos resistimos a celebrar estas fechas. Tal vez por ello dejamos que pasen los días hasta que de pronto y en contra de lo prometido, nos lanzamos a colgarlos para las festividades. Tememos que conseguirlos nuevos porque no queremos estar en la boca prohibida de nuestros amigos. Así que, sin quererlo y sin muchas ganas, entramos en el trajín navideño.
 
Odiamos la novena, pero terminamos rezándola en casa de pedrito, juanito, mauricito y otros más. Luego del rito vienen las relaciones sociales, los chismes de moda, el tiempito que hay que dedicarle al primito de fulanito o al amigote de tal que están disponibles y desean intimar.
 

Nuestras madres siempre quieren saber si estaremos este año con ellas, y las madres de nuestros maridos, novios, usuarios, amantes, mozos o lo que sea que tengamos o deseen que los llamemos, igualmente quieren que sus hijitos estén allá, pero aún no sabemos qué vamos a hacer. Cuando se puede hablar y vivir la vida en plural porque “eso se sabe”, entonces, todo se hace más fácil. La discusión siempre gira en torno a si pasamos el 24 aquí y el 31 allá, pero si somos “homosexuales” no siempre se puede llegar con el amigote “ese” con que siempre nos ven, así que debemos tener una u otra excusa a mano.

 

En algún momento alguno de los dos está tan presionado por su familia que termina diciendo que sí, que claro que va a ir. Ahí se inicia la discusión de esta época que se repite todos los años: que tú dijiste que este tiempo era para los dos y ahora me sales con esto… la culpa es tuya, nunca piensan es mí, ahora qué voy a hacer, no me voy a quedar solo y me voy a donde fulanito que es marica y entiende... En casa de fulanito están en la misma discusión de esta época todos los años.
 

La molestia antes manifiesta, no era tal. En el fondo respiramos tranquilos; una vez más estaremos con papá, mamá, hermanos, hermanas, cuñados, primos, tías, sobrinos, nietas y alguno que otro colado. Ya es tarde para pensar en regalos, así que salimos corriendo a las tiendas a comprar, desesperados como si tuviéramos la peor crisis de toda nuestra vida y haciendo alguna clase deterapia habitual. Nuestro amigo está en las mismas y el desorden en casa se aumenta; siempre sobra papel, falta cinta y hay que acordarse de esa persona que nunca pasa por nuestra mente pero a la que siempre hay que llevarle regalo.

 

Ya en casa, en la repartición de regalos, sentimos que a nuestro corazón le falta un pedazo y llamamos para “saludar a un buen amigo”, que al otro lado de la línea está pasando por una crisis similar y por fin puede respirar tranquilo. Nos olvidamos de él por algunos momentos y nos lanzamos a la cena; entonces nos damos cuenta de que toda la escena no tenía sentido porque sí queríamos venir, porque nos hace falta y porque no hay nada como los buñuelos de la madre.

 

En los últimos años las organizaciones de lesbianas y gay en Bogotá han organizado la novena de navidad en un esfuerzo para crear espacios para aquellos que se sienten solos o para quienes a último momento se deciden a reconocer que la tradición puede más que cualquier razonamiento. Sé que algunos odian los buñuelos, que inclusive odian a su madre. Igualmente hay otros que no la tienen cerca o que ya no la tienen; para estas personas la navidad no es una buena época. El 24 se acuestan a dormir temprano, y como para no perder la costumbre, a las 12 de la noche se bañan rápido y salen corriendo para el bar, saben que allá hay otros que odian los buñuelos, otros con quienes acompañarse en este tiempo en que la soledad pesa tanto.

 

Nuestro complejo de culpa sale a flote y recogemos algún detallito. Por supuesto, damos las excusas que no nos han pedido y explicamos que los buñuelos están tan deliciosos que pensamos llevarnos algunos para el desayuno de mañana. Los buñuelos son la mejor manera de decirle a nuestro amado por qué cada 24 regresamos a casa.

 

La navidad es una época de celebraciones, fiestas y regalos, pero sobre todo es un tiempo para darnos cuenta de que estamos vivos, que nos están amando, que seguimos amando. Cuando nuestra pareja, a ultimo momento, decida salir corriendo a casa de su madre entendamos que no está haciéndolo en contra de nosotros sino en beneficio de sí mismo y que su bienestar es tan importante como para nosotros querer ir a casa por los buñuelos de siempre o desear acostarnos temprano y sentir una vez más un abrazo.
 
La navidad de las parejas debería ser el 23 o el 25, así no nos sentiríamos culpables de sacar un tiempo para aquellos que siempre hemos amado y que estuvieron desde antes.