k rel="colorSchemeMapping" href="file:///C:%5CUsers%5CUSUARIO%5CAppData%5CLocal%5CTemp%5Cmsohtmlclip1%5C01%5Cclip_colorschememapping.xml" /> Tal como
sucedió en el comercio, el espíritu navideño apareció en Pura Vida a la mañana
siguiente de la Noche de las Brujas. Así que luego de demoradas reflexiones
redacté este mensaje propicio para ésta época, además el primero que jamás
escribí a propósito del final de año. Y me parece que estas ideas son
pertinentes para gente de cualquier afiliación: igual podría ser ateo, cristiano,
musulmán, budista, agnóstico u otra religión. Que esta
navidad sea llevadera y el siguiente año supere al que termina. Con
tiempo para digerir las enseñanzas que quedaron y poner ese conocimiento en práctica antes de que sea
demasiado tarde, ya que no hay necesidad de esperar a una catástrofe mortal
para pensar sobre lo que se figura verdaderamente importante; la arrogancia,
muy semejante a la estupidez, es un mal terrible que interfiere la capacidad de
criticarse y reconocer la participación personal en desastres y aciertos. Con
la esperanza de terminar el próximo con el cuerpo saludable y en una sola
pieza, en especial, capacitado para disfrutar: gozar más atardeceres, saborear amaneceres
con mayor frecuencia y, por qué no, compartir una que otra tarde lluviosa. Es seguro, se requerirá tolerancia y gratitud, así como habilidad para encontrar belleza, que también existe hasta en el panorama más brumoso, y descubrir que nada es solamente lo que
parece ser. Dará paz emplear menos tiempo envidiando y debatiendo intimidades de otros, es decir, olvidarse
de la privacidad de los demás, así no se parezca a la propia, y será mejor aceptar
que lo malo y lo feo hacen parte de lo bueno y lo bello; tal vez con menos
gestos reprobatorios, antipáticos y hostiles, la vida sea más agradable y el
bazar de la humanidad se transforme haciéndose más acogedor. Las fantasías que
se desvanecieron abrirán paso a otras novedosas, tal vez más realistas,
satisfactorias y viables, junto con estados del alma más dóciles y lúcidos. Por
último, que logren superar con diplomacia el abismo trágico en que la fatalidad
lanzó sin consideraciones a muchos maridos, como Tiger Woods, quienes comparten
el destino aciago de hundirse en el ostracismo doméstico, hombres a quienes los
desprecia hasta el perro de la casa y sobreviven en ese despeñadero conyugal en
el más estricto celibato y el desprestigio más irreparable. Y a los lectores
anónimos, al igual que los conocidos, a todos los que siguieron estos blogs
durante el año con regularidad y paciencia, de igual manera a quienes los comentaron,
así como quienes no lo hicieron, les agradezco que hayan encontrado interesantes
estos escritos.
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Mensaje para fin de año
17 de diciembre de 2009 a las 8:00 a. m.