En un mundo rápidamente cambiante y lleno de incertidumbre, la creatividad se plantea como oportunidad para mantenerse vigente ya que permite no solo dar inicio a la innovación, sino también adaptarse en este mundo tan incierto. De hecho, el Bloomber Recruiter Report del 2015 la catalogó como la habilidad más deseada por las organizaciones.
A su vez, el último informe del Fondo Económico Mundial la posiciona también como la habilidad más importante del siglo XXI, particularmente porque posibilita la solución de problemas y la búsqueda de nuevas formas de hacer las cosas; ingredientes escenciales para sobrevivir en el mundo de hoy.
Cuando hablo de creatividad, no me refiero simplemente al uso de la imaginación o la afinidad por las artes como muchos creen, pues esta es ante todo un estilo de vida que permite romper limitaciones autoimpuestas, generar y evaluar ideas para solucionar problemas, tener una mayor apertura al cambio y facilitar la capacidad de adaptación, entre otros.
Tristemente, las investigaciones han comprobado que la creatividad se pierde en cuarto de primaria, cuando los niños están expuestos a métodos tradicionales de educación. Esto se debe a que cuando se llega a este grado, disminuye la lúdica, la toma de riesgos, la espontaneidad, y la educación se orienta a la búsqueda de la respuesta correcta. Este declive creativo permanece en la mayoría de las personas a lo largo de su vida si no se trabaja de forma consciente por recuperar dicha habilidad.
También se puede entender esta habilidad como la generación de ideas útiles y novedosas, y es a partir de esta definición que pueden analizarse diferentes niveles o formas en los que una persona expresa su creatividad a lo largo de su vida. Este proceso, fue propuesto por James Kaufman y plantea que todos nacemos con un grado de creatividad básica que nos permite explorar el mundo con el fin de aprender y reconocer el entorno, y es por esto que se evidencia mucha originalidad pero poca utilidad.
Esta es la creatividad de los niños, a la que se le conoce como mini C. A medida que pasa el tiempo, esta se convierte en pequeña C, es decir, la creatividad de todos los días; esa que permite resolver problemas de la vida cotidiana, la que invita a ser recursivo o incluso explorar diferentes Hobbies, por eso muy común encontrarlas en ferias artesanales y en el mercado de las pulgas. A medida que esta creatividad se ejerce constantemente, se genera un nivel de experticia llamado pro C. Este es el que permite unir el conocimiento con la experiencia y alcanzar altos logros creativos, haciendo que no solo las ideas sean originales, sino también de gran utilidad. Sin embargo, esta requiere que se sea consciente de las habilidades y que se ejerzan con frecuencia. Finalmente, tenemos la creatividad propia de los genios, conocida como gran C. Esta es posible alcanzar, pero requiere de muchos años de dedicación y práctica. El problema, es que cuando pensamos en creatividad, solo nos refererimos a este nivel y por eso perdemos la confianza, pues es difícil creer que se pueda llegar a alcanzar dicha genialidad.
Si usted desea comenzar a afianzar su propia habilidad creativa, deje de lado las taras mentales que le dicen que usted no nació para esto, dese la oportunidad de salir de su zona de confort y practique nuevos comportamientos, pues la creatividad es ante todo un hábito y por tanto solo puede desarrollarse a través de la práctica constante.
