La operación del aeropuerto El Dorado es un desastre. Desde hace más de un mes, varias personas que pasaron por inmigración vienen denunciando que no les fue efectuado ningún requerimiento a su llegada al país. Los viajeros se estaban quejando de la negligencia que percibían en su ingreso a Colombia.
Preocupados, acudieron a los medios de comunicación así como a las redes sociales, denunciando los fallos que encontraron en el aeropuerto. A los pocos días se empezó a solicitar a los viajeros que entraban al territorio nacional una declaración en la que manifestaran si creían tener o no el virus, medida insuficiente pues buena parte de los casos son asintomáticos, de hecho, son estos individuos los que están impulsando la propagación del coronavirus. Las personas infectadas que no presentan síntomas fueron la fuente de infección para el 79% de los casos documentados.
Las noticias que llegaban de China, buena parte de Asia, Italia y otros países europeos no fueron suficientes; nada sucedía en el aeropuerto el Dorado. Es comprensible que ante una situación completamente atípica ningún aeropuerto estuviera listo; la situación del Dorado no es muy distinta a la del JFK, Fuomicino o Ciampino. Sin embargo, es importante resaltar que el gobierno con tiempo envió a Opain, concesionario encargado de la operación, decretos y circulares que indicaban lo que se debía hacer ante esta difícil circunstancia, frente a lo que hicieron caso omiso.
Juan Lozano, director de Noticias RCN, realizó este fin de semana sendas denuncias sobre la situación que se está presentando en el aeropuerto. La Procuraduría recientemente encontró múltiples irregularidades, tales como personal deficiente (solo cuatro personas estaban revisando la temperatura de los viajeros), auxiliares con tos, hacinamiento de las personas que hacían la fila para el control migratorio (imposible tomar allí el metro de distancia mínimo necesario para evitar el contagio), así como ausencia de medidas de seguridad para aquellos que presentaban síntomas. El gerente de Opain se negó incluso a responderle a Juan Lozano si estaban tomando medidas para evitar el contagio en los vuelos nacionales, sencillamente porque no están haciendo absolutamente nada.
El aeropuerto tampoco cuenta con avisos que indique a las personas cómo lavarse las manos; las estaciones con gel antibacterial para su limpieza son inexistentes. Los módulos de Auto Check-in, en los que se utilizan principalmente los dedos de las manos, se encuentran sin estaciones de gel antibacterial anexas; tampoco tienen un letrero que indique que los usuarios deben lavarse las manos luego de hacer su registro.
Más allá de las quejas y las posibles sanciones que puedan realizar entidades como la Procuraduría General, los encargados de Opain están incurriendo en varios delitos, sancionados por el Código Penal. El artículo 368 establece: “El que viole medida sanitaria adoptada por la autoridad competente para impedir la introducción o propagación de una epidemia, incurrirá en prisión de uno (1) a tres (3) años”. Asimismo el artículo 369 señala que: “ El que propague epidemia, incurrirá en prisión de uno (1) a cinco (5) años”. Eso por no decir que eventualmente estarían cometiendo el delito de homicidio culposo, pues cientos de vidas van a perderse como consecuencia de la inacción de Opain. Adicionalmente, deberán pagar a la nación una indemnización multimillonaria, aunque nada compensará el drama humano que apenas empezamos a vivir.
Solo espero que las medidas de autocuidado, así como el aislamiento social y la cuarentena voluntaria (tanto de aquellos que presentan síntomas, como de los que no, siendo estos últimos los encargados del 79%de los contagios) sean eficaces y suficientes para evitar una tragedia de grandes proporciones, como la que muy posiblemente se nos avecina.
