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Mauricio Botero Caicedo

Venezuela: un enigma envuelto en un acertijo

No soy ajeno a Venezuela. Tuve oportunidad de conocer al vecino país durante sus años dorados en la que se le apodaba la ‘Venezuela Saudita’; y también he viajado con frecuencia en esta época en que no es descabellado calificarla como la ‘Venezuela cubanizada’.
13 de junio de 2018 a las 12:01 a. m.

Dependiendo del tipo de cambio que se aplique, Venezuela puede ser el país más caro del mundo… o el más barato; y dependiendo del segmento socioeconómico en que uno se mueva, Venezuela puede catalogarse como un país sin mayores problemas de alimentación; o un país en el que el hambre rodea a buena parte de la población.

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El fin de semana pasado tuve oportunidad de pasar unos días en la hermana república y de dialogar con diversas personas que representan un amplio espectro socioeconómico. Un grupo de siete adultos y ocho niños tuvimos oportunidad de disfrutar un almuerzo campestre en un restaurante de lujo en el cerro del Ávila en el que la cuenta, con múltiples entradas y generosas copas de licor, salió por la astronómica cifra de 240 millones de bolívares.

Dependiendo del tipo de cambio, la factura hubiera podido estar entre los $14 millones de pesos (US$5.000) en caso de haber pagado con una tarjeta de crédito colombiana o $380.000 pesos (US$133), en el evento de haber convertido (lo que se hizo) los pesos (o dólares) en el mercado negro, o sea $22.000 pesos por persona, sustancialmente menos de lo que ascendería una cuenta en la zona ‘T’ o ‘G’ de Bogotá. El asombro fue mayor cuando me explicaron que con un salario mínimo de 4 millones de bolívares mensuales, un venezolano ganándose el mínimo duraría cerca de cinco años pagando dicha factura.

Para mi sorpresa, encontré que no hay una sola Venezuela, sino tres: la primera es la de los venezolanos que por una u otra razón han logrado navegar en medio de una inflación descontrolada, que este año va a cerrar en el 13.000%. Y han logrado navegar porque viven en una economía dolarizada. Es decir, prácticamente la totalidad de sus ingresos, si no es en dólares, está atada al dólar; y por supuesto, la gran mayoría de sus gastos de bienes de consumo y de viajes también lo está. Hoy en día hay establecimientos a lo largo y ancho del país que reciben el pago en bolívares, pero a la tasa de cambio del mercado paralelo en el momento en que se lleve a cabo la transacción, porque el precio es uno por la mañana y otro por la tarde. Se suele encontrar todo lo que se quiera, pero a precios inaccesibles para aquellos que no tengan ingresos en divisas.

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Otro grupo de venezolanos, posiblemente un tercio, vive a medias. Es decir, tiene algunos ingresos en dólares o de alguna manera prestan servicios o venden bienes que están atados al dólar. Los ingresos en moneda fuerte generalmente de este grupo de personas vienen de las remesas que les mandan los cuatro o cinco millones de venezolanos en la diáspora. Lo que se observa cada vez con más frecuencia es que aún los servicios más básicos los están cobrando en dólares o a una tasa de cambio atada al dólar. Un amigo me relató que el plomero, por un trabajo menor, le pidió treinta dólares.

La tercera Venezuela, la más vulnerable y posiblemente la mayoría, es aquella que depende en sus ingresos exclusivamente de los bolívares que reciba y naturalmente solo puede hacer sus compras, incluyendo la comida, en aquellos lugares que reciban bolívares y no tengan sus precios atados a la tasa de cambio. Dado que para este grupo los mercados subsidiados no son suficientes para suplir las necesidades básicas, es el que más se sitúa entre la desnutrición aguda y la hambruna.

La dolarización parcial de los mercados venezolanos le está dando un alivio temporal al gobierno de Maduro. Pero es tal el nivel de ineptitud y corrupción que dicho alivio, lejos de ser parte de la solución, es parte del problema. El gobierno de Maduro va a resistir hasta que se le acabe la plata y todo parece indicar que ni los chinos ni los rusos están dispuestos a seguir manteniendo a lo que puede ser el gobierno más venal e incompetente del mundo. O Venezuela toma medidas de fondo, o la caída por el precipicio es inevitable. Y esa Venezuela, la del precipicio, es la Venezuela a la que Petro nos pretende llevar…

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