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El Estrato y el Extracto…

20 de abril de 2012

La mayoría de personas busca como fin principal de su vida ser feliz. Y aunque la felicidad depende de muchos determinantes como el amor, la salud, la tranquilidad y muchos otros relacionados con la naturaleza de cada quien, sus creencias religiosas, valores morales y motivaciones, el dinero en la mayoría de los casos, juega un papel a veces molesto pero necesario para el desarrollo de los proyectos no solo financieros, sino personales.

 

Sin embargo, el error que solemos cometer la mayoría de personas está relacionado con la confusión que existe entre el concepto de gozar de una alta calidad de vida y ser ricos. En la mayoría de los casos, creemos que lo que debemos conseguir es la acumulación de muchos bienes y propiedades que nos generan satisfacción, estatus y confort, cuando en realidad muy pocos buscamos tener una verdadera “independencia” financiera.

 

Aclarando algunos conceptos y rompiendo mitos

 

En primer lugar, nos centraremos en romper algunos mitos, que desde la niñez hemos recibido como enseñanza de nuestros padres o simplemente como resultado del impacto que los medios de comunicación tienen en nuestro concepto de felicidad y por tanto, en nuestras decisiones de consumo, que a veces nos hacen ir tras un reconocimiento social, más que en buscar la maximización de la felicidad.

 

Es posible que el impacto de una campaña de publicidad agresiva o los comentarios de nuestros familiares y amigos más cercanos, influyan en nuestra conducta como consumidores o nos hagan modificar nuestras preferencias por algunas marcas e incluso, que nos motiven a comprar bienes innecesarios, pero por los que la demanda aumenta a diario y nos generan una mayor “aceptación social”.

 

“Soy rico porque consumo artículos de lujo”

 

En muchos casos, la demanda por estos bienes está relacionada con la compra de ropa de marcas exclusivas, vehículos lujosos, apartamentos en ciertos sectores valorizados, gastos en restaurantes costosos, etc. Todos estos gastos no necesariamente son una inversión (a excepción de la compra de bienes raíces). Y en este sentido entramos a romper el primer mito, relacionado con el tema de las finanzas personales: ¿es lo mismo ser rico a tener dentro de nuestras pertenencias un amplio conjunto de los bienes anteriormente mencionados? La respuesta es no.

 

Conducir un Mercedes Benz o un BMW, frecuentar restaurantes costosos y vestirse a la moda con prendas de diseñador, implica un altísimo gasto monetario. Y no se trata de afirmar que vivir de manera austera o privarse de ciertos “gustos de consumo” es lo ideal. Pero vale la pena tener en cuenta, que entre más gastos de este tipo realicemos, más costosa será su financiación y mantenimiento, por lo que tendremos menos recursos destinados al ahorro y a la inversión y más al consumo.

 

Hay gastos en los que tenemos que incurrir periódicamente, tales como la educación, la salud, el pago de los servicios públicos, la alimentación, los impuestos, etc., independientemente de que vivamos en un barrio de estrato alto o bajo, o de que conduzcamos un carro lujoso o prefiramos utilizar el servicio público. Lo que claramente no sería agradable es tener que sacrificar alguno de ellos, (como por ejemplo dejar de almorzar), así se esté en el interior de un Mercedes Benz, o pasar por el mal momento de que nos corten el servicio de energía en nuestro lujoso apartamento en Rosales.

 

Por tanto, tener claridad de nuestros ingresos reales y realizar una correcta planeación de nuestras finanzas personales, debe ser la primera tarea, reconociendo la diferencia entre un activo (todo lo que tenga capacidad de generar valor) y un pasivo (todo aquello que implica una deuda o el asumir un gasto sin retorno). De manera más sencilla, un activo es recibir dinero en el presente y futuro y un pasivo nos hace tener que dar dinero por algo.

 

Claramente, para financiar algunos de nuestros proyectos personales, es necesario adquirir préstamos o deudas, los cuales se consideran un pasivo. Y esto no está mal. El error de la mayoría de personas, consiste en endeudarse para adquirir bienes y/o servicios que no generan valor, como por ejemplo, financiar las vacaciones, la compra de artículos con tarjetas de crédito, entre otros. Por lo tanto, mantener el equilibrio entre los recursos que destinamos es lo ideal.

 

“Mis ingresos no me alcanzan para ahorrar”

 

El segundo mito está relacionado con creer que los menores niveles de ahorro se presentan en aquellas personas con menores niveles de ingresos. Esto es en su mayoría falso, debido a que está comprobado que quienes perciben mayores ingresos son quienes generalmente quieren y sienten la necesidad de mantener un alto nivel de vida, lo que implica realizar gastos en bienes y servicios extremadamente costosos, que a su vez requieren más gastos de mantenimiento y un enorme desangre en el presupuesto personal. Y esta situación es más común de lo que podríamos creer.

 

Es allí en donde muchos “ricos” pasan a ser en verdad “pobres”, o más bien, en donde muchos “pobres” gastan gran  parte de sus ingresos aparentando ser “ricos”.

 

Pero entonces ¿qué es ser rico?

 

La riqueza no está relacionada únicamente con el rango de ingresos mensuales o anuales con que se cuenta. La riqueza implica libertad financiera. Poder vivir tranquilamente y por un largo periodo de tiempo con los ingresos que recibimos, no solamente de nuestros salarios.

 

Por supuesto, ser rico no significa entonces abandonar el placer de comprar ciertas cosas o darnos gustos ocasionales, pero si darle prioridad a lo que genera valor, a lo que nos dará más ingresos futuros y no a simples gastos por placer, que no representan retribuciones sino gastos irrecuperables.

 

Por tanto, el estar condenados financieramente o ser libres para poder decidir en que invertir, de quien queremos o no depender, que trabajos aceptar y que otros no, dependerá en el mediano y largo plazo, de la planeación que realicemos de nuestras finanzas, pero además, del enfoque que tengamos del dinero, del consumo y de la riqueza. No es imposible financiar nuestros gastos y lograr nuestros ideales en la vida, no hay que ganarse la lotería necesariamente.

 

Es cuestión de buscar los medios por el camino adecuado. Podemos vivir de manera lujosa pero tener en cero nuestras cuentas bancarias cada mes, por el gasto que realizamos periódicamente en nuestras actividades, algunas tal vez innecesarias. Entonces es claro, que no es lo mismo el estrato al extracto…