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Rediseño de CoronApp

Por: Álvaro Montes

La amenaza a la privacidad de los ciudadanos dejó en la cuerda floja a las apps de rastreo del virus. Apple y Google toman el control.


Aprovechar el poder de las apps para ayudar a contener la epidemia resultó más complicado de lo que parecía. No era solo cuestión de lograr que la gente las descargue y se registre, ya bastante difícil, sino de asegurar que los datos recogidos y el rastreo del contagio no violaran las leyes de protección de la privacidad y los derechos humanos.

El Gobierno colombiano estudia la implementación de cambios en CoronApp, la aplicación desarrollada por la Agencia Nacional Digital. El viceministro de TIC, Germán Rueda, dijo a SEMANA que la aplicación se va actualizando en la medida en que el comportamiento del virus también evoluciona, y que no está decidido si se utilizará la plataforma de Apple y Google. “Se están evaluando todas las alternativas disponibles”, dijo. Apple y Google lanzaron hace poco una plataforma que promete ser más segura y respetar la privacidad de las personas, como alternativa a las apps que muchos países crearon y que han sido severamente cuestionadas porque recopilan información que podría ser utilizada por los gobiernos más allá de las necesidades de la lucha contra el coronavirus.

El boom de estas aplicaciones comenzó tras el éxito que tuvieron en Corea del Sur y en Singapur, en donde son fundamentales en los buenos resultados que estos países muestran en el control de la pandemia. Pero hasta ahí. En el resto del mundo no han figurado entre las armas más efectivas. CoronApp podría ser clave para ayudar a las secretarías de salud a focalizar los esfuerzos de toma de muestras y entender las rutas de contagio, pero se requiere que la gran mayoría de la población la descargue. CoronApp tuvo, hasta la semana pasada, 7,6 millones de descargas, aunque son usuarios activos 4,9 millones, menos del 10 por ciento de la población. En Islandia, el 40 por ciento de la gente descargó Rakning C-19, la app de rastreo de mayor penetración en el mundo, pero el impacto ha sido apenas discreto, no mayor al éxito del rastreo personal que realiza el cuerpo de Policía de ese pequeño país.

Ingenieros de la Fundación Karisma revisaron las tres apps desarrolladas en Colombia y todas salieron mal libradas. CaliValleCorona es invasiva; pide datos innecesarios, como la placa del vehículo, y activa 35 permisos en el teléfono. Medellín Me Cuida también recibió críticas. La revisión de Karisma encontró que no había claridad en ninguna de ellas en relación con el uso posterior de los datos recopilados, en dónde quedan almacenados ni quién tiene acceso a ellos.

La Fundación para la Libertad de Prensa, Dejusticia y otras organizaciones crearon http://indicecoronavirus.digital, una web para brindar información sobre uso de datos y tecnología en tiempos de covid-19. César Caballero, de la firma Cifras y Conceptos, alborotó el debate hace unos días con un documento que alertaba sobre los peligros de normalizar el uso de instrumentos de vigilancia masiva. Dijo que, considerando la baja credibilidad que hoy tiene el Estado, y los escándalos por vulneración de derechos y manejo indebido de información, “¿se sentiría usted tranquilo con toda su información privada en manos de ellos?”.

Utilizar tecnología para controlar el virus no tendría nada de malo, pero una obsesión de vigilancia tecnológica parece expandirse en el mundo. El Gobierno de Singapur adquirió los famosos perros robot de la compañía Boston Dynamics para impedir que la gente camine en los parques sin guardar las distancias.

MinTIC, naturalmente, negó que haya amenazas a la privacidad de los datos en CoronApp, pero el viceministro Rueda dijo que están abiertas las puertas para las recomendaciones de grupos de la sociedad civil sobre posibles riesgos. En la actualidad está al aire la funcionalidad llamada “pasaporte de movilidad”, que permite a las personas reportar su salida de casa de acuerdo con las excepciones permitidas y el estado de salud que reporte. No obstante, se sabe que el rastreo GPS será sustituido por la plataforma de Apple y Google, basada en Bluetooth, y que promete una arquitectura en la que los datos permanecen anónimos. Muchos países decidieron adoptarla en sustitución de sus propios desarrollos, ante la avalancha de críticas.