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| 12/7/2018 9:35:00 PM

Para finales del siglo, parte del hielo y los pingüinos habrán desaparecido de la Antártida

Gracias a la tecnología, los investigadores han ido descubriendo los enigmas de este lugar. El nuevo libro ‘Hielo’, de la periodista científica Ángela Posada-Swafford, ofrece una bitácora única sobre este continente amenazado por el calentamiento global.

El libro Hielo, de la periodista Ángela Posada-Swafford, es una bitácora de la Antártida Ángela Posada-Swafford en la pingüinera de la isla Torgersen, archipiélago de Palmer, Antártica. La acompañan pingüinos de la especie adelia. Foto: Angela Posada-Swafford

En 2005 Ángela Posada-Swafford se convirtió en la primera mujer colombiana en pisar la Antártida, ese continente misterioso y helado que por siglos ha sido tierra de nadie. Para llegar allí Posada-Swafford escribió durante ocho años cartas a la National Science Foundation. Sabía que para ir tenía que convencer a los investigadores. Y tras muchas negativas, finalmente la aceptaron. “Me dijeron que escogiera los lugares a donde quería ir. Abrí un mapa y empecé a elegir emocionada. Me llevaron a donde quise”, cuenta a SEMANA.

Pisó el suelo antártico por primera vez para ir al polo sur geográfico, en la estación de investigaciones Amundsen-Scott de Estados Unidos. Allí hacen sobre todo estudios de astronomía y atmósfera y para eso tienen algunos de los telescopios más poderosos del mundo. Desde entonces, Posada-Swafford ha visitado seis veces el continente en varias expediciones: en 2009 a bordo del rompehielos RV Laurence Gould, también norteamericano; en 2014 y 2016 en las dos primeras expediciones colombianas a la Antártida; en 2017 como guía turística del buque Ocean Diamond; y en noviembre pasado en un sobrevuelo a bordo de un avión de la Nasa.

Bajo las montañas de hielo, el continente blanco esconde ríos, valles, cañones y cordilleras. Recientemente, los investigadores descubrieron 91 volcanes, algunos de ellos activos. Esta foto muestra la colina de basalto a la salida del canal de Lemaire, península antártica. 

Su nuevo libro Hielo, publicado por la editorial Planeta, ofrece una bitácora de aventuras y observaciones sobre este territorio aún desconocido para muchos. Esta enigmática región genera gran curiosidad no solo porque es una caja de Pandora para la ciencia, sino también por las historias de expedicionarios que han muerto intentando explorarla. Hoy más de 50 países tienen sus propias estaciones científicas allí. Las de Estados Unidos, Inglaterra, China y Corea son las más impresionantes y funcionan permanentemente. Otros países, por costos, solo las utilizan en el verano antártico que va de noviembre a febrero. Las estaciones albergan a científicos del mundo que van a recolectar muestras del hielo, rocas, objetos, y a estudiar animales.

Una foca de Weddell reposa en una playa de  la isla Rey Jorge.

Las difíciles condiciones de vida han convertido cada expedición a la Antártida en una hazaña. Desde finales del siglo XIX hasta principios de la década de 1920, en expediciones históricas murieron 17 personas. Hoy, aunque las estaciones cuentan con la última tecnología, el inhóspito lugar pone a prueba los límites físicos y mentales de los exploradores. Posada-Swafford relata en su libro el fenómeno de la locura polar. “Ha habido personas que atacan a compañeros con hachas y, aunque nunca se ha confirmado un asesinato, están investigando uno por envenenamiento. Hace un mes hubo otro intento”, dice. Pero por encima de las dificultades, esta convivencia ha servido para anticipar lo que les pasaría a los humanos en Marte.

El libro tiene múltiples datos científicos. Por ejemplo, la temperatura llega a 94 grados centígrados bajo cero en algunas áreas, más frío que la superficie de Marte. Y en cada invierno el continente dobla su tamaño, que llega a equivaler al de México, Canadá y Estados Unidos juntos. La Antártida es una nevera con el 70 u 80 por ciento del agua del planeta. A pesar de eso, es una zona más seca que el desierto de Atacama y los vientos llegan a velocidades de hasta 300 kilómetros por hora, mucho más que un huracán de categoría cinco. En la superficie las montañas de hielo llegan a tener 4.900 metros de altura, pero hay toda una geografía bajo el hielo: recientemente, los exploradores descubrieron 91 volcanes, así como lagos, ríos, valles, cañones y hasta una cordillera.

La estación Amundsen-Scott de Estados Unidos. 

Según la periodista, un día típico en la Antártida consiste en ir a tomar muestras de hielo o estudiar los animales. Como es un territorio virgen, “hay potencial para estudiar cómo se comporta la biología en su estado natural”. Además, la Antártica regula la influencia del clima. “Eso hace que sea más fácil para los oceanógrafos entender los cambios de vientos y las corrientes desde allá”, explica.

Retrato de las cataratas  de Sangre, un extraño fenómeno de agua rica en hierro. 

A los científicos les preocupa especialmente que para finales de siglo el hielo anual a lo largo del centro y norte de la península Antártica podría desaparecer.  Que esto ocurra es fatal, pues este continente es el aire acondicionado de la Tierra y evita que el clima se caliente más. Incluso, según la escritora, el derretimiento tiene el potencial de cambiar la química del agua. “Como el hielo es de agua dulce, al mezclarse con la salada es posible que produzca, localmente, cambios que afectan a los peces o al plancton”.

En la Antártica hoy conviven humanos y animales. En esta foto, turistas descubren el paisaje.

Este deshielo podría incluso afectar las costas colombianas. El programa antártico del país, que ha ayudado a construir mapas detallados de la península de este territorio, también estudia ese tema. En las próximas semanas, el buque 20 de Julio zarpará en su quinta expedición desde Chile y tendrá entre sus misiones “buscar un sitio para construir la primera estación de investigación colombiana en el continente”. Para Posada-Swafford este esfuerzo va a permitir que el país conozca su riesgo y pueda adaptarse mejor al cambio climático. La periodista critica a quienes piensan que es un desperdicio de dinero y está segura de que los beneficios se verán a largo plazo. “Este mundo helado es tan frágil como una pompa de jabón”, dice. Y ella lo ha comprobado en sus visitas a este rincón del mundo en los últimos 12 años. “He visto a la Antártida tornarse en un lugar diferente: sus masas de hielo se derriten inexorablemente, sus criaturas están siendo sustituidas por otras. El cambio climático es real”. 

13,5 millones es la cantidad de pingüinos que viven en la Antártica. 

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