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los padres deben aplicar el sentido común a la hora de criar a sus hijos - Foto: Getty Images

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El sentido común: pautas sencillas para la buen crianza

La psicóloga infantil Annie de Acevedo revela cuáles son las pautas clave para educar a los hijos. La primera es el sentido común.

Muchos padres creen que para criar a un hijo bueno, independiente y feliz necesitan ser expertos en psicología. Pero nada más alejado de la realidad. En términos generales, lo importante para una buena crianza es el uso del sentido común. Con esto me refiero al orden natural de las cosas, la mano firme y las conexiones afectivas sólidas con los hijos.

El uso del sentido común es algo que se ha olvidado pero continúa siendo muy efectivo. Están las consecuencias lógicas de las actuaciones de los seres humanos. Si su hijo ve demasiada televisión y esto le afecta el desempeño escolar, pues el sentido común indica que hay que poner límites al uso del aparato. Si usted le da una mesada a su hijo y este la gasta rápido y mal, pues se quedara sin dinero y por lo tanto hay que darle una charla sobre el buen uso de la plata. Si usted regaña todo el día, repite lo mismo de manera incesante y no tiene buenos resultados, debe cambiar y optar por mas silencios y más acciones. Si lleva años en batallas campales sobre los mismos temas, cambie de estrategia, pues ya ha comprobado que lo que viene haciendo no ha surtido efecto.

Es así de sencillo: cuando algo no funciona, haga lo contrario. Los hijos reaccionan con rapidez cuando ven que usted como padre cambia de táctica y pasa de ser un padre o una madre “cantaletosa” a esa persona que dice o hace lo mismo sin tanta repetición. Hay que seguir el orden normal de las cosas. Los adultos son los guías y los que tienen que imponer algún tipo de disciplina en los hogares. Eso de tener hijos precoces que hacen lo que quieren no beneficia a nadie y no es el orden natural. Los niños y jóvenes no pueden mandar ni opinar a toda hora. Aunque esto le parezca ridículo a Andres López, el autor de La pelota de letras. A veces se hacen las cosas porque así son, porque usted lo dijo y cree que es lo mejor para su hijo.

A nadie le ha hecho daño la mano firme y amorosa; por lo contrario, ha ayudado a formar buenas personas, si esto viene acompañado de un ambiente de amor y confianza. Con una mano que guíe por el sendero correcto, los demás le seguirán. Todos necesitamos dirección y orientación clara. Los padres débiles dudan, se preocupan y esto se refleja en que los hijos empiezan a manipular las situaciones. La mano firme implica límites y una perspectiva clara en cuanto a valores y propósitos de vida. La pregunta es: ¿qué tipo de personas quiere usted que sean sus hijos el día de mañana? Si quiere hijos responsables, pues tendrá que darles responsabilidades y ayudarles a cumplirlas. La mano firme exige, pero también muestra cómo se hacen las cosas y, desde luego, apoya brindando herramientas.

Por último, están las conexiones afectivas que solo surgen en la experiencia de compartir cotidiana de un espacio y un tiempo en familia. La presencia de ambos padres es decisiva para que los hijos perciban el amor que se les tiene. La exigencia sin amor solo crea resentimientos. Se necesita un amor bueno que apruebe, que acompañe, que ponga límites, que sea incondicional y que guíe pero sin juzgar. El amor que no sirve es permisivo, controlador, desaprobatorio, crea dependencias innecesarias y maltrata de diversas formas. Reflexione sobre estas pautas y piense cuál es el legado que usted quiere dejar a sus hijos. Permita que su intuición, su sentido común y el amor por sus hijos sean sus faros en la aventura de la crianza.