cultura

Crianza amorosa, una oportunidad de oro para cambiar el mundo

La canción ‘Para la guerra, nada’, de la artista colombiana Marta Gómez se convirtió en un himno de paz. En medio de la pandemia y de las movilizaciones sociales, su mensaje se transformó en un libro ilustrado que le devuelve la esperanza a un país herido por la violencia.


“Para el viento una cometa, para el lienzo un pincel, para la siesta una hamaca, para el alma un pastel, para el silencio una palabra, para la oreja un caracol, un columpio pa’ la infancia y al oído un acordeón. Para la guerra, nada”. Con este verso comienza la canción Para la guerra, nada, que siete años después de darse a conocer por primera vez sigue teniendo la inevitable capacidad de producir nudos en las gargantas de quienes la escuchan.

Hoy, más que un tema musical, es un movimiento que nació de la voz de Marta Gómez en favor de la paz. Su clamor es tan sencillo como la letra: para la guerra, nada. En medio de la difícil situación por que atraviesa Colombia, la canción fue adaptada para crear un libro.

La publicación, coeditada por Editorial Monigote y la Fundación Magnolia para La Paz y el Bienestar, fue ilustrada por la artista colombiana Daniela Violi. Desde Barcelona, la ciudad donde reside desde hace años, Marta Gómez habló con SEMANA sobre este proyecto.

Marta Gómez, cantora colombiana.
Marta Gómez, cantora colombiana. - Foto: Adrián Zapata

SEMANA: ¿Cómo nace la idea de hacer este libro?

Marta Gómez: La idea fue de Ana Carolina González, directora de la Fundación Magnolia para La Paz y el Bienestar, que contactó con Editorial Monigote. Y yo encantada porque es una canción tan linda, que ha tenido tanta historia, que va continuando, a la que la gente le sigue haciendo versiones y frases. Es una canción que no se termina nunca. Luego, se empezó a pensar en posibles ilustradores y yo propuse a Daniela Violi, que es una amiga que ha diseñado muchos de mis discos y que ilustra precioso. Al final se decidió trabajar con Dani y entre ella y Ana Carolina hablaron de cómo contar esta historia en imágenes, que no fuera lo obvio, que tuviera una historia. Hicimos una lluvia de ideas, hasta que Daniela propuso que fuera como una historia paralela, donde la paz es una semilla que va rodando. Va en el mar, en un barquito de papel, pasa y sigue volando y nosotros somos los responsables de cuidar.

SEMANA: Por las ilustraciones uno podría pensar que es un libro para niños, pero el mensaje sigue siendo muy profundo...

M.G.: La idea es que fuera para todos, como la canción. De hecho, la canción la incluimos en nuestro disco para niños, pero inicialmente no fue pensada para ellos. Lo que pasa es que es un lenguaje sencillo, no es como otras canciones, como “solo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente” o “si se calla el cantor, calla la vida”... Son canciones que tienen palabras más complejas, estructuras más largas y frases más contundentes. Mi música siempre ha sido mucho más sencilla. Mi lenguaje es así porque yo soy así, a mí me encanta hablar de los helados, de las cometas, soy muy infantil. La canción estaba pensada para mis amigos cantores que le quisieran agregar sus estrofas, y de repente nos dimos cuenta de que se enseñaba en los colegios. Se convirtió en un himno desde la infancia también.

SEMANA: ¿Cómo se siente al presenciar el impacto y evolución de esta canción, que hasta en libro se convirtió?

M.G.: He pasado por varias emociones y la última, desafortunadamente, es miedo, porque veo un país que se fue para atrás mil años. Yo me siento como si estuviéramos viviendo otra vez los 80, cuando había bombas y guerra. Lo que pasa es que en ese entonces yo era una niña, y desde la niñez uno piensa que los papás lo protegen de todo, pero ahora soy mamá. Así que he pasado por todos los estadios: alegría, tristeza, esperanza, y ahora tengo miedo hasta por la propia vida. Esta semana asesinaron a Junior Jein, que era músico, y uno pensaba que estaba protegido por su arte y por ser una figura pública y no. Estos días han sido muy dolorosos.

SEMANA: En las manifestaciones sociales también se oyen sus canciones...

M.G.: Recuerdo que hace un par de semanas estábamos en la manifestación virtualmente y me etiquetaban en redes sociales porque en todas las manifestaciones cantan Para la guerra, nada, y a mí me fascina porque no es desde la violencia, no es una canción que hable del presidente o de la política, así que me encanta que no se pueda malinterpretar. Estaba feliz porque a pesar de no estar allá físicamente, se oía mi canción en el cacerolazo sinfónico en Cali. Sin embargo, al día siguiente maltrataron al estudiante de música Álvaro Herrera Melo, que pertenecía a la orquesta, y que yo había visto con mis ojos tocar mi canción. Por más de que no lo conozca, hay un vínculo, porque estaba tocando mis notas.

SEMANA: A pesar del miedo, la violencia y el dolor, la música genera espacios de esperanza...

M.G.: Yo siempre doy el mensaje de que la música puede cambiar mundos, no el mundo en su totalidad, pero sirve para sembrar semillas en las personas. Yo, honestamente, con el corazón en la mano, pienso que el mundo se cambia desde la crianza. Una mamá que no le pegue a su hijo tendrá un hijo que ya no pegará. Yo creo que las biografías de los seres más macabros de la humanidad, como Hitler y todas las personas que han perpetrado masacres, tienen en común una infancia difícil: pobreza y violencia o riqueza y desatención. Nunca hemos oído de un gran dictador que fue criado desde el respeto, cantando canciones, amamantando y durmiendo con sus papás. Eso no se ve, por eso me da rabia cada vez que desde la crianza se incita a que el niño tenga que dormirse solo, a que no haya canciones de cuna. Está comprobado que la crianza amorosa es una forma directa de cambiar el mundo.

una de las estrofas de Para la guerra, nada, y a partir de ellas generó una historia cuyo protagonista es el espíritu de la paz, representado en una semilla que viaja de mano en mano para llegar a distintos seres y lugares.
La artista Daniela Violi interpretó cada una de las estrofas de Para la guerra, nada, y a partir de ellas generó una historia cuyo protagonista es el espíritu de la paz, representado en una semilla que viaja de mano en mano para llegar a distintos seres y lugares. - Foto: Ilustración de Daniela Violi

SEMANA: ¿Por eso una buena parte de su trabajo está dedicado a los niños?

M.G.: Como creo que el secreto está en la crianza, mis canciones se enfocan en la gente en general pero en los niños especialmente, porque la crianza es una oportunidad de oro para cambiar el mundo, al igual que las aulas. El otro día estábamos con mi hijo en el tren y había unos típicos adolescentes groseros, fumando y gritando, y él me decía: “Mami, tengo miedo, no quiero ser así cuando sea grande”. Él lo veía inevitable. Y le dije: “No hay posibilidad de que lo seas porque no has recibido esa crianza”. Por eso apoyo también tantas causas de maternidad elegida, porque si nos entendiéramos un poquito más, si pudiéramos elegir con tranquilidad si queremos o no queremos ser mamás, las cosas serían diferentes. Creo en la maternidad consciente y responsable, sin decir que sea algo fácil, por supuesto. Desafortunadamente aún es tabú el tema de casarse y tener hijos, y si tienes mascotas y no hijos lo ven raro. Pero hay un despertar y lo veo en las generaciones más jóvenes.

SEMANA: Este año se cumplen 20 años de su carrera discográfica, ¿cómo planea celebrarlo?

M.G.: Tenemos varias cosas preparadas. La primera son unos videos que vamos a publicar en todas las redes en los que explico las historias detrás de 100 de mis canciones. Habrá un documental que se llama Chicharra, por una de mis canciones que dice “el que nació chicharra, muere cantando”. Eso ya está en producción. También hay un concierto sinfónico que junto con el Teatro Colsubsidio se grabará en octubre, si todo sale bien. Además estamos haciendo un disco que logramos a través de una campaña de crowfunding para conseguir los fondos y fue maravillosa. Incluirá las canciones más importantes que he sacado en estos 20 años.