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“Mi vacuna es la sangre de Cristo”, la tajante frase con la que muchas personas dicen no a los biológicos

Aunque la mayoría de las iglesias hoy promueven la vacunación, algunas personas siguen rechazando los biológicos por motivos religiosos.

Luz Marina lo dice tajantemente. “No nos pueden obligar a vacunar. Mi mejor vacuna es la sangre de Cristo”. Alberto no quiere ponerse ni una dosis y no le asusta porque Dios le da tranquilidad sobre cualquier cosa que le suceda. “Y si es su voluntad que yo parta, así será”, dice. María, de 70 años, tampoco quiere recibir el biológico por motivos religiosos a pesar de tener diabetes. Con ellos, son ya muchos los renuentes a vacunarse en Colombia por razones religiosas. Las consecuencias se ven ahora en el cuarto pico cuando a las unidades de cuidado intensivo llegan personas con covid-19 severo por no tener protección. Algunos de ellos mueren por esta razón.

Es el caso de la familia de Julia, una mujer mayor que no se vacunó por los mismos motivos de fe y hoy está hospitalizada con esta enfermedad infecciosa, mientras nadie de su iglesia responde. “¿Dónde están sus líderes religiosos cuando sus seguidores se contagian de covid-19 y viven esta tragedia?”, dice Juan, uno de sus familiares.

Desde que comenzó la vacunación, algunas iglesias instruyeron a sus fieles a no vacunarse. En las encuestas del Dane, quienes dudaban de las vacunas o no querían recibirlas no aducían razones religiosas, sino que señalaban desconfianza en la efectividad o la seguridad del biológico. Pero en los medios de comunicación hubo denuncias de pastores y templos que estaban indicando a sus seguidores no vacunarse.

Como lo reportó el diario El Tiempo el año pasado, uno de los casos más sonados ocurrió en Cartagena, donde el pastor Miguel Arrázola, líder de la iglesia cristiana Ríos de Vida, que cuenta con miles de seguidores en esa ciudad, negó que existiera la covid, dijo que la vacuna era un negocio de Bill Gates y el primer paso para la llegada del anticristo. Un caso similar ocurrió en Sincelejo, donde pastores de la iglesia cristiana Shalom les dijeron a sus seguidores que “la única cura para la covid-19 era Dios”.

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Miles de personas insisten en no vacunarse, incluso por sus creencias religiosas. - Foto: Getty Images/iStockphoto

Los evangélicos pentecostales interpretaron en un comienzo la pandemia como producto de la ira de Dios. Ralph Drollinger, influyente predicador estadounidense, declaró en 2020 que Dios había enviado el virus a la humanidad porque estaba supuestamente enfadado por la homosexualidad y los problemas del medioambiente. Y Silas Malafaia, uno de los evangélicos más poderosos de Brasil y confidente del presidente Jair Bolsonaro, expresó algo similar en sus redes sociales. Para los sociólogos y teólogos esta situación es preocupante, pues los líderes religiosos tienen mucha influencia sobre la comunidad, especialmente en los que utilizan el temor de Dios y se refieren constantemente al diablo como herramienta para influir sobre sus seguidores y manipularlos.

“No es una actitud responsable, pues está en juego el bienestar de la sociedad, pero también el de cada individuo incluido el del pastor. Es un mecanismo biológico ideado para salvaguardar la salud y no sería responsable cuando no hay argumentos de tipo científico probados que demuestren que la no vacunación es más deseable que la vacunación”, dice Sergio González, abogado canonista y teólogo de la Universidad Javeriana.

Desde hace un tiempo, sin embargo, muchas iglesias han cambiado su posición. Según Ángela, miembro de una iglesia cristiana, en las reuniones los líderes de su movimiento religioso les dicen que tienen libertad de decidir si quieren vacunarse o no. Incluso muchos después de ir en contra de los biológicos, lideraron jornadas de vacunación en sus templos, mostrando un cambio y un apoyo a las vacunas.

Los grupos antivacunas, a pesar de ser minoría, se han convertido en un dolor de cabeza para los Estados, que intentan que la gran mayoría de su población logre inmunizarse contra la covid-19.
Los grupos antivacunas, a pesar de ser minoría, se han convertido en un dolor de cabeza para los Estados, que intentan que la gran mayoría de su población logre inmunizarse contra la covid-19. - Foto: istock

Liliana, miembro de la iglesia Avivamiento, dice que en su iglesia han hecho jornadas de semanas enteras de 7:00 a. m. a 7:00 p. m. para animar a los feligreses a recibir la vacuna, y para las reuniones “ese es el requisito, ir vacunados. Igual le oramos mucho a Dios para que no tengamos efectos adversos”. El mismo papa Francisco, jerarca supremo de la Iglesia católica, dijo que “vacunarse era un acto de amor”.

Según un miembro de la iglesia Shalom, aunque una mayoría no estuvo de acuerdo con el mensaje contra las vacunas de los pastores, ellos mantuvieron ese discurso por un tiempo. Luego, con el aumento de casos de covid en 2021 cambiaron su posición y dejaron de hablar del tema. “Hoy promueven que cada uno decida si se la aplica o no”, dijo una seguidora de esta fe al diario ‘El Tiempo’.

Pero para muchos el daño ya está hecho. Esos sermones calaron en la mente y sembraron la duda en algunos de sus fieles que hoy se resisten a recibir el biológico. A pesar de lo anterior, algunos creen que no hay una motivación religiosa entre las personas que no se quieren vacunar, sino un complot para atacarlos.

“Nos dicen que somos fundamentalistas religiosos y que por razones de nuestro culto y credo simplemente no nos ponemos las vacunas porque ese es el dogma de nuestra fe”, dice Esteban Ramírez, líder del movimiento Familias por la Verdad. Ramírez, quien también es ministro cristiano, señala que, aunque a los ojos de la gente pareciera que las objeciones de ellos son de creencias religiosas, en realidad todas son consideraciones médicas y científicas. En nuestro movimiento hay gente católica, pero también ateos, y la objeción no es por fe. Las razones de quienes están en contra de esta vacunación no es que la religión o el pastor no se los permite, sino que son consideraciones de origen sanitario”.

En Estados Unidos, el movimiento antivacunas se ha escudado en la religión para objetar la obligatoriedad del biológico en empresas y entidades gubernamentales. Es el caso de Cristina, una trabajadora cuyo empleador anunció, a finales de 2021, que exigiría a sus colaboradores la vacuna. Primero firmó una petición para solicitarles a sus jefes que moderaran esa disposición.

Luego participó en una protesta informal con algunos de sus colegas, pero como no tuvo ninguna respuesta exploró la última alternativa, que fue obtener una exención por motivos religiosos. Los trabajadores que no desean inmunizarse están compartiendo consejos en internet para solicitar exenciones de estas exigencias por motivos religiosos; otros presentan cartas de autoridades religiosas que se han mostrado dispuestas a ayudar.

En el sitio oficial de Familias por la Verdad hay esa opción para todos los que quieran objetar conciencia por motivos religiosos. Así es como muchos que ya han fijado una posición contra las vacunas buscan la manera de evitar que los obliguen a tomarlas. Sin embargo, Ramírez aclara que esto no significa que sus argumentos sean netamente religiosos.

“Nos basamos en los hallazgos científicos. Aunque tenemos fe, eso no está en primer lugar a la hora de exponer nuestra posición ante las vacunas. Hay un principio de nuestra fe y de muchas religiones que es cuidar el cuerpo, la salud y la vida, pero nuestra posición es clínica y científica”. El sociólogo Richard Flory, director del Centro de Investigación de Religión y Cultura Cívica de la Universidad de California, le dijo a la agencia de prensa Deutsche Welle (DW) que uno de los factores que mueven a la gente a no querer las vacunas es la interpretación literal de la Biblia, “Jesús ya está cuidando de ellos y les ayudará en caso de infección”.

Dice que, tradicionalmente, los evangélicos no confían en la investigación científica, al menos en ciertas áreas, y desarrollan narrativas alternativas que los hace aún más susceptibles a las teorías de conspiración. Es muy probable que el debate de los antivacunas se resuelva con el tiempo, según Flory, porque las “leyendas de la conspiración sobre la pandemia acabarán perdiendo su importancia. Cuando vean que sin la vacunación están limitados en su vida cotidiana, estoy seguro de que algunos cambiarán de opinión”.

Mientras tanto, para Juan es muy triste observar que, como sucedió con algunos miembros de su familia, algunas organizaciones religiosas promuevan entre sus feligreses la no vacunación con mentiras y desinformación, con lo cual pusieron sus vidas en peligro. “Son religiones con posiciones muy radicales que les meten en la cabeza a los fieles que creer en la vacuna es no creer en el poder de Dios y que si Dios quiere que te mueras, te mueres y debes aceptarlo”.