SEMANA: ¿Qué lectura hace de los resultados de la primera vuelta?
ÁNGEL BECCASSINO: El país sigue dividido muy fuerte en dos bandos, prácticamente iguales. Antes de que arrancara fuerte este proceso, hubo una medición confiable que marcaba el 30 por ciento en el costado de respaldo a Gustavo Petro, 30 por ciento con un malestar (derecha) y en el centro un 40 por ciento que no estaba ni en una cosa ni en la otra. Acá se insiste en llamar centro a esa gran franja de indecisión, pero en realidad es una franja marcada muy fuerte por el miedo y el deseo de encontrar algo que le produzca una cierta seguridad. Que no haya miedo. Eso hizo que la tendencia, con una cantidad de mensajes no muy inteligentes por parte del Gobierno, se fuera cargando más hacia la derecha. Ahí, en la derecha, hubo un problema: una fragmentación. Y la campaña que cometió errores (Paloma Valencia) fue la que perdió. No tuvo un gran impulso después de la consulta, pero con una composición interesante: Juan Daniel Oviedo. Sin embargo, esa asociación no muy clara en sus términos produjo contradicciones que confundieron e hicieron que una parte muy fuerte de la derecha migrara hacia Abelardo de la Espriella. Pero el cuadro más importante, de fondo, en esta elección, es Gustavo Petro.
SEMANA: ¿Por qué?
A.B.: Fue Gustavo Petro quien se hizo cargo de la campaña de Iván Cepeda, quien puso las reglas de juego del proyecto de continuidad de su gobierno. ¿Cómo las puso? Anulando, mandando la línea de destruir la posibilidad de Roy Barreras, quien era, en mi lectura, la mejor posibilidad que tenía el Gobierno. Petro negó a Roy y se ocupó en pensar que, quizás, Roy podría generar un protagonismo que lo iba a opacar. Y es que el presidente tiene una característica: el placer inmenso por ocupar el centro del escenario. Petro escogió, como dice el dicho popular, pero al revés, la pelea del burro amarrado contra el tigre. Estaban confiados de que con el apoyo del Gobierno y la militancia tenían el camino abierto para ganar en primera vuelta o para pasar sobrados a segunda. Y lo que está mostrando estos primeros días de la segunda vuelta –por cierto, muy corta– es que la campaña de Cepeda está paralizada y no tiene un plan para enfrentar una segunda vuelta.

SEMANA: Precisamente, ¿cómo ve la campaña de Cepeda después de los resultados del pasado domingo?
A.B.: Muy lenta, planteada en términos del pasado, de tratar de recuperar cosas que funcionaron en otros momentos y bajo otros contextos, como la plaza pública que funcionó en 2018 y en 2022, pero no lo es hoy con un candidato como Iván Cepeda que, para colmo, marca una lejanía muy fuerte cada vez que lee en cada una de sus intervenciones.
SEMANA: Pero Cepeda puede enderezar el rumbo en los próximos días...
A.B.: Una campaña de segunda vuelta se puede remontar, por ejemplo, la segunda vuelta de Juan Manuel Santos cuando le ganó a Óscar Iván Zuluaga. Se tomaron decisiones fuertes, cambiaron la cabeza estratégica y se modificaron muchísimos factores. Pero cuando usted actúa como la campaña de Iván Cepeda, sin capacidad creativa, y cuando la otra campaña está siguiendo una tendencia emocional fuerte a favor, es difícil. Esta campaña tendió a ser muy gris, particularmente por lo gris de la campaña de Cepeda, mientras que la de Abelardo es como si fuera de colores, un espectáculo, un show, donde tiene un protagonista que es De la Espriella. Él tiene capacidad de showman; además, es un abogado penalista litigante con fuerte énfasis mediático. Tenía todo para dominar la atención de la gente.

SEMANA: ¿Gustavo Petro le está haciendo daño a la campaña de Iván Cepeda?
A.B.: Petro tomó en esta campaña muchas decisiones que le hicieron daño a su proyecto político, entre ellas, escoger a un candidato como Iván Cepeda, un buen hombre, honesto y serio, pero que no es competitivo en el momento electoral del país. Petro –reitero– tenía en sus manos la posibilidad de una carta de juego fuerte que era Roy Barreras. Sin embargo, se inclinó por Cepeda. Quizás –esto es especulación– pensó en cuál sería su espacio después de este gobierno: uno, cabeza de una oposición muy fuerte a un proyecto absolutamente en el otro polo (Abelardo de la Espriella) o convertirse en una especie de vocero internacional de la izquierda latinoamericana.
SEMANA: Es decir, ¿Petro no quiere que gane Cepeda?
A.B.: Por cosas que ha hecho Gustavo Petro –lo conozco y sé que es un hombre que sabe utilizar su inteligencia– pienso que está haciendo movimientos que van en contra de la candidatura de Iván Cepeda.

SEMANA: Por ejemplo...
A.B.: La reacción que tuvo Gustavo Petro el día de las elecciones cuando habló de las 800.000 cédulas. Quien piense un poco se pregunta por qué no lo dijo antes. No era algo para enterarse el día de las elecciones. Su reacción genera en la gente indecisa más temor sobre la conducta de Petro.
SEMANA: Se completaron ocho días de la primera vuelta y a la campaña de Cepeda no llegaron Claudia López, Roy Barreras, Armando Benedetti, Sergio Fajardo ni Juan Daniel Oviedo.
A.B.: Hay una especie de suficiencia que les hace pensar que están sobrados con lo que tienen. A veces la campaña de Iván Cepeda da la impresión de que es muy académica, muy purista, dogmática. En cambio, la de Abelardo de la Espriella se mueve como si se moviera una pandilla dominando el territorio de la calle. La campaña de Cepeda es muy cerrada, rígida. Y eso se está reflejando en estas primeras horas que son fundamentales. El tiempo es muy corto en la segunda vuelta. Y la tendencia que empiece a crecer va creciendo. Es como una bola de nieve. Ante el resultado del domingo, salió Petro a decir que le habían robado la elección. Cepeda, como primera reacción, se plegó a lo que dijo Petro. Aida Quilcué hizo lo mismo. Al día siguiente, Cepeda corrigió. Después, apresuradamente, dijo que debatiría cuando se había negado a hacerlo toda la primera vuelta. Eso demuestra que es una campaña que no sabe dónde está parada.

SEMANA: ¿Hay disonancia entre Petro y Cepeda?
A.B.: Me da la impresión. En algunas cosas veo que Petro está pensando en una dirección y Cepeda, en otra.
SEMANA: ¿Habrá debates en lo que resta de la segunda vuelta?
A.B.: Cepeda necesita mostrar otro Cepeda, si es que lo hay. Por su trayectoria en el Congreso, tiene capacidad de análisis muy fuerte, posee retórica y tiene cómo enfrentar un debate. Abelardo, por su parte, tiene otra ventaja: es un hombre hecho en tribunales, tiene experiencia en litigar utilizando los medios de comunicación como un elemento dentro de la dramaturgia de un litigio. Cepeda sabe que es complicado meterse en ese escenario con De la Espriella. Yo creo que será muy difícil que ocurra el debate. Si la campaña de Iván cede, es porque no tiene otro espacio para tratar de cambiar la situación.

SEMANA: ¿En estos 20 días cree que el debate sobre la salud de los candidatos, entre ellos Iván Cepeda, sea objeto de discusión? Se lo pregunto porque usted asesoró a Rodolfo Hernández, quien murió producto de un cáncer.
A.B.: Siempre, en Colombia, Estados Unidos y muchos países, el tema de la salud del candidato es importante. Es que se está eligiendo a alguien para que se ponga al frente del país los cuatro años que vienen. Ser gobierno es un estrés muy fuerte. La salud del presidente es un dato muy importante cuando usted, como elector, toma una decisión. En esa medida, la salud de Iván Cepeda es un dato importante. Es un hombre que ha tenido problemas de salud fuertes. Él dice que está en buen estado, que sus chequeos son favorables y demás. Uno cree en un hombre serio y responsable como él, pero, sin embargo, frente a una salud que ha sido frágil, hay dudas. Eso hace que la oposición a su candidatura, la de Abelardo de la Espriella, insista, eventualmente, en que se pruebe que la salud de Iván Cepeda es óptima.
SEMANA: ¿Aida Quilcué, como fórmula vicepresidencial, fue un error para la campaña de Cepeda?
A.B.: La designación de Aida como fórmula vicepresidencial es parte de lo que ha venido haciendo la campaña de Cepeda; no se puede ver como algo aislado: fue hablarle y tratar de convencer a los que ya estaban convencidos de su posición. Iván Cepeda todo el tiempo siguió hablando a los que ya tenía. Es más, les sigue hablando y Aida fue parte de eso. La fórmula vicepresidencial siempre se hizo para crecer, no para consolidar lo que se tiene.

SEMANA: ¿En qué situación quedó, tras estas elecciones, Sergio Fajardo?
A.B.: Como referente de una posibilidad casi neutra de mirada del país. Trata de mirar de lejos y no comprometerse mucho en sus decisiones.
SEMANA: Claudia López...
A.B.: Confrontativa. Muy inteligente, tiene capacidad de adaptarse al juego cambiante y modificar su desempeño. Cometió un error fuerte: renunciar a Alianza Verde.
SEMANA: María Fernanda Cabal...
A.B.: Quedó fortalecida. Si la decisión de Álvaro Uribe –porque lo fue– hubiera ido más en dirección de ella, probablemente el escenario hoy sería diferente. Con sus propias características, Cabal es un equivalente a Abelardo. Es duro el personaje Cabal, pero tiene cualidades: tiene humor, lo maneja, tiene capacidad de adaptarse.

SEMANA: Paréntesis: ¿se equivocaron el Centro Democrático y Uribe en elegir a Paloma Valencia como candidata presidencial y no a María Fernanda Cabal?
A.B.: Cabal, con toda la resistencia que puede tener, era más competitiva que Paloma Valencia.
SEMANA: ¿Cómo queda Juan Daniel Oviedo?
A.B.: Cuando logró más de un millón de votos en la consulta del 8 de marzo, su escenario a la Alcaldía de Bogotá estaba servido en bandeja. Pero cuando se fue de fórmula vicepresidencial y la fórmula dio esos bandazos, perdió. Pero puede recuperar. Es un error pensar que sus votos pueden ir a algún lado en la segunda vuelta. Oviedo concita un voto de centro, pero centroderecha.

SEMANA: ¿Álvaro Uribe salió derrotado en la primera vuelta tras los resultados de Paloma Valencia?
A.B.: No podemos hablar de derrota. Álvaro Uribe hace rato viene cumpliendo la decadencia de su ciclo de protagonismo. Está siendo pasado. Lo mostró la campaña del Congreso y el hecho de que en varios episodios públicos o actos en los que él aparecía, la gente no le iba. Antes convocaba. Eso explica la emergencia tan fuerte de Abelardo de la Espriella. Ha quedado un vacío, el que dejó Álvaro Uribe. Ahí Cabal tenía posibilidad, pero el expresidente se ocupó de que ella no tuviera ese protagonismo que lo pudiera opacar. Reitero: Uribe fue desapareciendo y dejó un vacío y pasó a ocuparlo Abelardo de la Espriella.
SEMANA: ¿Cómo se imagina un gobierno de Abelardo de la Espriella?
A.B.: Lo veo como un gobierno donde Abelardo de la Espriella seguirá siendo el personaje vistoso, el protagónico en los grandes escenarios, como Donald Trump. Debajo tendrá un gabinete de corte neoliberal, más ultraliberal, pero técnico.

SEMANA: ¿Y el de Iván Cepeda?
A.B.: Veo un gabinete muy cerrado en un fundamentalismo de izquierda. Si Iván es el presidente, será un gobierno más consciente de las responsabilidades de lo que ha sido la Administración Petro: errática, con muchos cambios. El de Iván será un gobierno más serio que el de Petro, pero muy radicalizado en la ideología.
SEMANA: ¿Cuál es su pronóstico para el 21 de junio?
A.B.: Frente a una campaña de Iván Cepeda que no reacciona como para dar esta batalla, el pronóstico es que la campaña que tiene la tendencia ganadora sea la que va a predominar: Abelardo de la Espriella.
