SEMANA: ¿Qué sabemos de las historias de las mamás de ambos directores? Óscar Ruiz Navia: Nosotros comenzamos la colaboración porque el Festival de Cine de Copenhague tiene una espacio para hacer proyectos en conjunto. Me invitaron a codirigir con alguien en un país muy diferente al mío, no todos los días te proponen eso. Con Ana Eborn, una directora sueca, estuvimos al principio pensando qué podíamos hacer que nos encontrara a los dos, porque somos de culturas diferentes, y exploramos nuestras historias. Yo tenía un deseo de hacer algo con lo femenino, mi mamá estaba reconstruyendo su vida y yo deseaba hacer algo de eso. A Anna no le interesaba mucho porque a ella le dolía el hecho de que su mamá murió cuando tenía 12 años. Siempre mantenía un sueño: su mamá venía y le decía que ella no estaba muerta sino que estaba meditando.Hicimos el sueño realidad, y que a través de la película ella volviera a la vida. Quisimos mutar las historias. Quisimos que la película estuviera en clave poética. Que comenzara en la muerte y terminara en la vida.SEMANA: Su mamá también actúa… O.R.N.: Trabajar con ella fue especial, digamos que al principio no quería trabajar, no estaba motivaba por su personalidad porque es muy tímida. Yo le explique nuestra idea conceptual de usar este tema y lo que queríamos hacer no se completaba si ella no era la actriz. Como creadores sentíamos que no era igual, no significaba lo mismo. Tocó convencerla hasta el cansancio.Me hizo firmar un documento: que ella no iba a dar entrevistas y que no participaría en la etapa de promoción. “No me interesa esa posición mediática”, decía, “siento que me da pena”. Fue especial porque antes de ir a Suecia, esa fue la parte más difícil......Cuando hicimos la fase de Suecia ella tuvo una experiencia fuerte, porque vio lugares muy diferentes, pero vio cómo se construyen las escenas, en Colombia ella ya se ve más canchera. Ahora me acompañó a Francia y estaba muy emocionada. Todo el mundo se le acercaba. La película ayudó a que ella como persona haya crecido. A veces se le olvidaba que yo era el director y no me hacía caso. Pero le gustaba, logramos cosas genuinas… ¡muy genuinas! SEMANA: ¿Cómo fue rodar en tres ciudades completamente diferentes? O.R.N.: Pienso que cada uno de los lugares es fundamental, cada uno enseña y expresa una cosa. El tema de Suecia tiene que ver con la muerte de la mamá de Ana, esa soledad que ella vivió. Ella estando desde Estocolmo vio la oportunidad de grabar la isla de Bergman, entonces había un apoyo logístico allí. Me parecía una aventura ir hasta allá. Creo que el lugar representaba muy bien esa sensación de ausencia que tiene el principio de la película. Cali es obvio la parte mía y de mi mamá porque vivimos en Cali y es nuestro lugar, es muy natural. La parte de Montreal está relacionada con la mujer que aparece en la película, es la hija de mi mamá.SEMANA: Parece un film en donde toca explorar mucho el sonido, casi no hay diálogos…O.R.N.: Siempre el sonido es algo importante para completar la experiencia. Hace comprender lo que se vive al ver películas, por medio del sonido se construye algo que en sí no da. En este caso hay un momento de trance entre el capítulo uno y el capítulo dos, que es oscuridad absoluta donde se hace ese traspaso -que es muy onírico, como a través de un ritual- y uno no sabe si es algo mental o algo que está viendo el personaje. El sonido ayuda a afianzar ciertas ideas cinematográficas. Ayuda a que viva lo que uno plantea como situación. Disfruto mucho hacer el sonido.SEMANA: ¿Cuál escena les costó rodar?O.R.N.: El Temascal, es una especie de carpita, un iglú donde se ponen estas rocas de calor. Hace mucho calor entonces los equipos se dañan, para hacer el plano de ella en el interior tocaba hacer el ritual y luego el Chamán nos permitió entrar. Había un ritual real que no podíamos alterar pues si nos metíamos como observaores pues se dañaba la cámara, entonces tocó negociar con el Chamán para que saliera y grabar a las mujeres sudando.