Además de ser una de las pintoras más influyentes en la historia del arte colombiano, Beatriz González (Bucaramanga, 1938) representa, en la totalidad de su obra, una mirada profunda y reflexiva sobre los acontecimientos que afectan a poblaciones en estado de vulnerabilidad.Ella hace eco en la memoria del país en exposiciones memorables como ‘Decoración de interiores’ (1981), una denuncia a los excesos del poder; ‘Papel de colgadura’ (2001), que se concentra en la violencia nacional, o ‘Auroras Anónimas’ (2009), en la que la muerte es una constante.Su interés por el dibujo y las artes plásticas, desde muy joven, motivó creaciones que hasta hoy atraviesan un proceso de repetición intuitivo tan perdurable como genuino. Beatriz González “utiliza la serigrafía para copiar las imágenes a manera de denuncia”, explica Paula Bossa, una de las curadoras de su nueva exposición. Este proceso, además, “evidencia y multiplica el error en la obra de manera intensionada”, complementa José Ruíz Díaz, también curador.A partir de la década del ochenta, y después de la toma del palacio de Justicia por el M-19, en 1985, la propuesta de la artista adquiere un tono distinto, de colores fríos, que alude al dolor. Durante este camino, su colección de reportería gráfica juega un papel fundalmental que esta vez ha querido destacar como parte de su obra.Esos recortes de prensa sirven como impulso creativo y responden a una intución personal, que le permite revelar a la artista aquellos acontecimientos que, sin más, pasaron al olvido y deben estar también en el presente.Es así como Reiteraciones busca confrontar al público con dos hechos dramáticos y relativamente recientes: la muerte de once indígenas de la comunidad Wiwa, por un impacto de un rayo, y la expulsión de cientos de colombianos que vivían en la frontera con Venezuela debido a una crisis fronteriza.La artista dice que estas obras –siluetas negras de personas caminando con sus objetos en la espalda por un río o indígenas insertados en una ruta sin destino–, intentan “ingresar en la mente del observador para que reflexione”.Esta última producción artística, que parte de una serie anterior, titulada ‘Los inundados’, (también expuesta actualmente), nace de una imagen que González vio en un periódico de Santa Marta, en el que aparecía una Maloka quemada.“La foto me conmovió mucho y sentí que era impactante, por eso la guardé en mi archivo personal”, sostiene la autora, quien conecta esta noticia con el desplazamiento de cientos de personas que llevaron consigo, “en una escena surrealista”, objetos aparatosos como un tanque de agua o un colchón.La cenefa ‘Zulia, Zulia, Zulia’, una creación inédita que llama la atención por el contraste de colores, marca un movimiento lento e insoportable que, según su creadora, “se reitera hasta la saciedad, porque si uno en Colombia no repite las cosas nadie se interesa”.¿Por qué la gente no establece una relación más permanente con estas fotos de los periódicos?”. ¿Por qué –pregunta González– tengo como artista que llamar la atención y decirle a las personas mire, aquí hay un problema?”, interrogantes, todavía sin respuesta, que la entristecen, pero que paradójicamente han estructurado la magnitud de su trabajo, desde los años sesenta hasta hoy.Lugar: Casas RiegnerDirección: Calle 70A # 7-41Teléfono: +57 1 2499194Horario: De lunes a viernes, de 10 a.m. a 1 p.m. y de 3 pm a 7 p.m. Los sábados de 11 a.m. a 4 p.m. Desde el 19 de febrero hasta el 23 de abril.