Vive en África oriental, pero acaba de llegar al Caribe colombiano y ya encendió las alarmas en Montería, Barranquilla y Cartagena. El molusco, cuya concha mide hasta 10 centímetros, resiste cualquier ambiente, se alimenta de lo que encuentra en su camino y conlleva perjuicios para los ecosistemas que invade. También puede afectar la salud, puesto que su baba transmite parásitos y bacterias que pueden ser mortales.