Gabo, según Santos, sentía que le faltaba su versión. Por eso, insistió en oírla. Una noche cenaron en el restaurante Pajares Salinas, en el norte de Bogotá. Después buscaron la casa donde él había permanecido secuestrado, en el sector de Castilla, pero no lo lograron. El exvicepresidente no leyó el libro. Tampoco ha visto las series de Escobar. Un día invitó a Benjamín, su hijo, a observar Narcos, pero el joven le respondió: “Papá, ¿vas a ver una serie que le está dando plata a una gente basada en una persona que casi me deja sin papá?”. El hijo tenía la razón. Pacho no quiere revivir su pasado.