Y hablando de Gustavo Petro, en su nuevo libro el líder de la Colombia Humana relata un episodio de su vida personal que pocos conocían. En uno de los momentos más álgidos de la confrontación del Estado contra el M-19, él decidió meterse a lo que llamó la “boca del lobo” y refugiarse en su barrio en Zipaquirá. Entró disfrazado de minero, entre otras cosas, para poder estar con su novia, Katia Burgos. Una noche cuando los militares ya les respiraban en la nuca, ella le dijo que estaba embarazada. “Quedé congelado”, recuerda. A las cuatro de esa madrugada llegó el Ejército. Él se metió en un túnel para esconderse, pero finalmente lo atraparon. El líder de la oposición cuenta que lo primero que hizo el Ejército fue quitarle una pulsera bañada en oro que Katia le había regalado. “Me robaron la única pertenencia que tenía algún tipo de valor sentimental”.