La tercera alternativa es la de convocar una Asamblea Constituyente que aparentemente tendría poderes ilimitados para hacer cualquier cosa. Sin embargo, ahí también se presenta la talanquera del Congreso, que es el único que tiene la iniciativa de someter ante el constituyente primario un cambio sustancial en la Constitución. A esto se suma que el proceso tiene tantas etapas (Congreso, votación popular, Corte, asamblea, etcétera) que se pueden requerir más de dos años para tramitarlo. Esto significa que, aunque todo el Congreso se volviera uribista, el expresidente no podría ser candidato en 2014.