Despues de la Independencia, Colombia antes de llamarse así tuvo varios nombres distintos y la historia de ese bautismo patrio, que es larga y yo diría que apasionante, por primera vez está contada de manera completa y con mucha documentación en el libro de la investigadora Olga Cock Hincapié. Ningún nombre de otro país hispanoamericano está tan ligado a los ideales de la época de la independencia como el de Colombia y por ello su historia es la más compleja. Esta arranca con la disputa sobre la denominación justa que debía darse al nuevo mundo. La palabra América aparece en Francia a comienzos del siglo XVI e inmediatamente se arma el debate en España, que no acepta ese homenaje a Vespucio, pues considera que debe hacerse a Colón. Así aparecen nombres que relacionan al nuevo mundo con éste: Columba, La Colonea, Colonia, Colónica... La iniciativa del sabio de Oxford, Nicolás Fuller, de optar por Columbine y por patronímico el de columbinos prende rápido en la América inglesa y se convierte en el principal rival del nombre Estados Unidos. Curiosamente es un grupo de poetas norteamericanos (John Dickinson, Philip Freneau, Phillis Wheatley, Timothy Dwight) el que en sus obras utilizan e impulsan el nombre de Columbia. Pero quien realmente de inventa la forma de Colombia es Francisco de Miranda. La investigadora Cock recuerda que el precursor era un ferviente admirador de Colón y especula que es posible que en el viaje que hizo a Estados Unidos entre 1783 y 1784 conoció la voz Columbia que tanto arraigo tenía allá y la convirtió en Colombia, según consta en su correspondencia. Además la difusión del periódico El Colombiano, que fundó y dirigió, hizo que el nombre se esparciera rápidamente por toda Hispanoamérica. Finalmente fue Bolívar quien lo adoptó para su sueño político, el cual denominó República de Colombia. Ya en la 'Carta de Jamaica' anuncia la creación de un país "que se llamaría Colombia como un tributo de justicia y gratitud al criador de nuestro hemisferio". Y en el Congreso de Angostura propone la creación de la República de Colombia, el cual es aprobado para los tres países que la componen. Pero luego de la muerte del Libertador y de la disolución de su sueño, nuestro país se quedó sin nombre y comenzó a dársele diferentes denominaciones, según las alianzas políticas y territoriales de turno. Se pensó en Confederación Colombiana o Confederación Neogranadina y en 1858 se pasó de República de la Nueva Granada a Confederación Granadina. En 1860 fue los Estados Unidos de la Nueva Granada, que convivió con el nombre anterior y en 1861 se cambia, por iniciativa del general Mosquera, por Estados Unidos de Colombia. Por fin, la Constitución de 1886 adopta el nombre de República de Colombia. Y ahí surgió el problema para los historiadores de distinguir la República de Colombia instaurada por Bolívar, de ésta otra tan disminuida que bautizaron Núñez y sus constituyentes. Resulta un dato curioso constatar que es entonces cuando se inventa la expresión Gran Colombia para designar el sueño bolivariano. Tal es en grandísimos y someros rasgos la historia del nombre de este desdichado país. Resulta bien interesante sondearla paso a paso, de la mano de Cock Hincapié. Novedades Globalización, apertura económica y relaciones industriales en America Latina Varios. Compiladoras: Luz Gabriela Arango y Carmen Marina López Editorial: Universidad Nacional, CES Bogotá, 1999 Este libro recoge las ponencias que se estudiaron en el Seminario sobre Globalización y Relaciones Industriales en América Latina, organizado en 1997 en Bogotá por varias entidades públicas interesadas en el tema de las relaciones industriales, con miras a enfrentar las nuevas realidades surgidas por la globalización y las aperturas económicas. El propósito central es exponer los debates teóricos y las tendencias latinoamericanas en torno al asunto y estudiar la contratación colectiva, privatización y estrategias sindicales en Colombia, de acuerdo con los nuevos enfoques y definiciones de la sociología industrial. El grupo de ponentes, compuesto por sociólogos, economistas, abogados, técnicos, administradores y politólogos, está integrado por Enrique de la Garza, Fernando Urrea, Edgar Valero, Luz Gabriela Arango, Beatriz Bustos, Adalberto Moreira, Carmen López, Miguel Cárdenas, Ludger Pries, Rainer Dombois, Julio Puig, Béatrice Hartz, Jairo Estrada y Pedro Elías Galindo. Ando piropeando Juan Carlos Díez Posada Medellín, 1999 Pintoresca y divertida resulta esta compilación de piropos, esas frases repentistas, a veces picantes pero por lo general imaginativas y gratas, destinadas a alabar a las mujeres. Díez divide los llamados muy cursimente 'madrigales de urgencia' en varios capítulos: los fuera de serie, como "tiene más piernas que un partido de fútbol"; los tradicionales, como "una miradita para este pobre ciego"; los alimenticios, como "¡adiosito, bocao!"; los picantes, como "a falta de pan, rica es la cuca"; los despechados, como "amor, si no llegas en cinco minutos ¡me visto!"; los antipiropos, como "es tan fea que no se la comen ni en parqués". Y así varios capítulos más.