El Día de Todos los Santos que se celebra el 1 de noviembre de cada año, es una de las festividades más representativas dentro del catolicismo, en honor a todos y cada uno de los santos, conocidos o desconocidos, por su gran labor de difundir el mensaje de Dios.
El origen de esta celebración tiene sus orígenes en el siglo IV, debido a la gran cantidad de mártires de la iglesia. El 13 de mayo del año 610 el Papa Bonifacio IV dedicó el Panteón romano al culto cristiano. Es así que se les empieza a festejar en esta fecha.
No obstante, cabe resaltar que los santos canonizados oficialmente por la Iglesia Católica son muchos, pero aún así, respecto a los ‘santos desconocidos’, la iglesia no deja de reconocerles su labor, ya que en determinados momentos de la historia arriesgaron su vida por la justicia y la libertad de forma anónima.
En su momento, el papa Francisco explicó la diferencia entra las celebraciones de la solemnidad de Todos los Santos y la Conmemoración de los Fieles Difuntos.
“El 1 de noviembre celebramos la solemnidad de Todos los santos. El 2 de noviembre la Conmemoración de los Fieles Difuntos. Estas dos celebraciones están íntimamente unidas entre sí, como la alegría y las lágrimas encuentran en Jesucristo una síntesis que es fundamento de nuestra fe y de nuestra esperanza. En efecto, por una parte la Iglesia, peregrina en la historia, se alegra por la intercesión de los santos y los beatos que la sostienen en la misión de anunciar el Evangelio; por otra, ella, como Jesús, comparte el llanto de quien sufre la separación de sus seres queridos, y como Él y gracias a Él, hace resonar su acción de gracias al Padre que nos ha liberado del dominio del pecado y de la muerte”, explicó el sumo pontífice.
A propósito, México es el país por excelencia donde se lleva a cabo el homenaje a los muertos. El Día de Difuntos allí es una tradición prehispánica que procede de la costumbre de guardar los cráneos de los muertos como trofeos.
Según esa tradición, los fallecidos van llegando cada doce horas entre el 28 de octubre y el 2 de noviembre, siempre en orden, es decir, primero los que fallecieron por causas trágicas (accidentes, por ejemplo), y después lo hacen los ahogados. Entre tanto, señala la leyenda que los dos últimos días del mes comienzan a llegar las almas de los que se encuentran en el limbo, niños no bautizados, olvidados o sin familia. Por último, los días 1 y 2 de noviembre, llegan primero los niños muertos y después, los adultos.
Además, la historia de los muertos en México está muy relacionada con la figura de La Catrina, la cual es la eterna caricatura mexicana que simboliza a la muerte con una figura femenina cuyo nombre original fue ‘La calavera garbancera’.
Si bien el padre de La Catrina original fue José Guadalupe Posada, también se atribuyen los tradicionales esqueletos femeninos, cargados de flores y colores, a Diego Rivera, el conocido muralista que se casó en dos ocasiones con Frida Kahlo.