Miguel de CervantesDon Quijote de la ManchaReal Academia Española-Alfaguara, 20041.249 páginasDon Quijote, corregido y editado, cabalga de nuevo. En el congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, reunido en Puerto Rico en 2002, se deliberó sobre cuál sería la mejor contribución al cuarto centenario de la aparición de El Quijote y se resolvió aunar todos los esfuerzos para hacer una edición de dicha obra que fuera a la vez rigurosa, accesible y muy popular. Esa tarea, propuesta por la Academia hondureña y finalmente encomendada a la Academia Española, no sólo cumplió con las expectativas planteadas sino que las superó con creces: la edición del IV Centenario que hoy tenemos a disposición es ya para muchos conocedores la mejor edición que hasta la fecha se ha hecho del clásico mayor de nuestro idioma.La clave del éxito residió en tomar una distancia crítica frente a la edición príncipe de 1605, la cual había sido el modelo "puro y correcto" de las muchas ediciones que desde entonces se han sucedido en lengua española. Contrario a lo que suele creerse, no es necesariamente mejor una edición de un libro que se ciña al pie de la letra a la edición príncipe. Y no lo es en el caso de El Quijote, como muy bien lo explica el especialista Francisco Rico, responsable de este trabajo. Sus argumentos tienen un sólido respaldo y, aunque se trate de cuestiones de erudición y alta filología, no dejan de ser apasionantes para una persona común y corriente. Para realizar la impresión de una obra, los editores del siglo XVII utilizaban no el autógrafo del escritor sino una copia en limpio preparada por amanuenses profesionales. A esa copia se le conocía como 'el original', que necesitaba la aprobación del Consejo de Castilla y debía rubricarse "folio a folio por un escribano de cámara" para luego retornar al autor. Y El Quijote, tanto en el 'autógrafo' como en el 'original', tuvo muchas erratas graves que se trasladaron a la edición príncipe hecha a las carreras en el taller de Juan de la Cuesta. Es más: en una segunda edición que apareció a las pocas semanas de la primera, al intentar corregir algunos errores detectados, lo que se hizo fue aumentarlos, obligando a Cervantes a su desautorización. Dice Francisco Rico: "Desde la portada (que en bastantes ejemplares trae 'Burgillos' por 'Burguillos') hasta la última palabra del texto (plectio por plectro) no hay especie de gazapo que allí no tenga su asiento". Es un hecho: las imprentas españolas de la época tenían un nivel de calidad muy bajo.Si a los errores del amanuense y de los tipógrafos les sumamos los del propio autor, que además incluyen adiciones, supresiones y 'refundiciones', es evidente que, más que copistas obedientes de la edición príncipe, El Quijote estaba urgido de un verdadero editor que no siguiera reverenciando sus faltas como si de 'decisiones deliberadas del autor' se tratara. La edición crítica de Rico, entonces, corrigió las erratas aplicando los métodos filológicos 'mejor contrastados' y previa consulta de un centenar de ediciones. Procedió a modernizar la grafía y la puntuación, asunto del cual no se ocupó Cervantes pues en el siglo XVII esta labor le competía al impresor y no al autor. "Los hábitos gráficos de Cervantes en particular eran tan flexibles (o laxos), que no impedían escribir unas veces 'tuue' y otras 'tube". Hay que destacar también la gran cantidad de notas a pie de página que no obstante su rigor son de una redacción sencilla y clara. Otro gran aporte es un amplio glosario que explica los vocablos en relación con el contexto en que aparecen. Y, por supuesto, una antología de los mejores ensayos que se han escrito sobre El Quijote.Esta edición es, en síntesis, un admirable trabajo de depuración que sólo busca establecer el verdadero texto cervantino para que nada perturbe "su satisfactorio entendimiento" y se cumpla "el anhelo de expresión y comunicación que le dio vida". Para que, bien sea en su estilo arcaico o vulgar, en la fabla de don Quijote como la parla de Sancho, apreciemos todo el esplendor del idioma.