El mito de Andrés Caicedo, el escritor caleño que se suicidó en marzo de 1977 porque pensaba que vivir más allá de los 26 años carecía de sentido, se ha construido en torno a sus obras de ficción, en especial la novela ¡Que viva la música! Sin embargo una faceta desconocida de su trabajo lo constituye su labor como crítico de cine y organizador de cineclubes.Ojo al cine (así se llamaba la revista que él publicó en Cali) es un nuevo aporte a la 'caicedomanía' de sus dos amigos del alma, el escritor Sandro Romero Rey y el director de cine Luis Ospina, quienes se han encargado de organizar y publicar el material inédito de Caicedo. Ya lo habían hecho en 1984, cuando editaron Destinitos fatales, en el que se recopilaba su obra literaria aún no publicada.Ojo al cine estaba listo desde hace 15 años. "Cuando Andrés Caicedo se mató nadie se puso en la tarea de organizar el material que había dejado sin publicar. Yo me encargué de eso, me demoré un año y luego, con Luis Ospina, nos juntamos y sacamos 'Destinitos fatales'. Armamos el libro de cine, que nos parecía que era el más importante de Andrés, porque si a algo le dedicó tiempo en su vida fue a escribir de cine, programar y tener un cineclub. Su vida giró siempre en torno al cine". Sin embargo el libro pasó por muchas editoriales, que no se atrevían a lanzarlo pues temían que fuera un fracaso comercial, hasta que Editorial Norma decidió lanzarse al agua."Yo creo que este libro es una lección de cómo asumir la crítica cinematográfica, señala Sandro Romero. La tarea como crítico de Andrés no solamente tiene un gran valor en el sentido de la profundización de las imágenes sino también tiene un gran valor literario. El asumía la crítica como si estuviera escribiendo ficción. Estos textos se leen como si fueran relatos o experiencias autobiográficas. Yo creo que hay una actitud muy original, muy de autor, que es importantísimo rescatar". Romero está seguro de que los lectores de la obra literaria de Andrés Caicedo encontrarán gratas sorpresas.. Andrés Caicedo fue un amante del cine en general. A pesar de ser de izquierda y formar parte de una generación muy politizada él no tenía ningún reparo en proclamar su pasión por el cine norteamericano, y en especial por géneros 'reaccionarios' como los westerns y las comedias musicales. También le gustaba el cine independiente y de serie B (en especial vampirismo y cine negro policial) que se producía en Estados Unidos, al igual que el cine cubano de finales de los 60.Pero el libro no solo recoge sus críticas cinematográficas. "También incluimos en la última parte lo que nosotros denominamos 'ficciones cinematográficas', señala Romero. Hay cuentos alrededor del tema del cine y en varios de ellos el del vampirismo se vuelve como una obsesión".Este es un libro que ofrece muchas lecturas. "Es la lectura de una época, la lectura de una actitud generacional, la lectura de un ser humano a mi modo de ver excepcional, dice Romero. Se parece, guardando las proporciones, a 'El oficio del siglo XX', de Cabrera Infante, que también es una cosmovisión del cine de una época específica". n'De la crítica me gusta lo audaz'Estos son apartes de una entrevista concedida por Andrés Caicedo al diario El Pueblo, de Cali, y que forma parte del contenido de Ojo al cine.¿Qué es la crítica cinematográfica?La crítica es para mí un intento de desarmar, por medio de la razón (no importa cuán disparatada sea), la magia que supone la proyección. Ante la oscuridad de la sala el espectador se halla tan indefenso como en la silla del dentista. Comenzar a pensar en el proceso de montaje, de cambio de rollos, de alteraciones en el color, es una especie de posición de defensa, de decir "Comprendo esto, veo los trucos, no me pueden engañar, y el resultado de esta relación entre la pantalla y mi persona no puede ser la alineación".¿Asumen los críticos colombianosuna posición terrorista o paternalista frente a la película? ¿Por qué?Primero que todo, considero que es más saludable una actitud terrorista que paternalista. Pero para lograrla es necesario contar con un medio propio, como es el caso de nosotros con la revista Ojo al cine. Cuando un crítico enfrenta una serie de condiciones con las distribuidoras y con el exigente gusto mediocre del espectador medio, su crítica se irá ablandando, irá haciendo concesiones, no importa que muchas sean involuntarias. Hay que alertar al espectador, darle conciencia del peligro que significa el acto aparentemente trivial de ir a cine, convencerlo de que la mayoría de las veces detrás del producto se encuentra una ideología dirigida en forma vertical contra el consumidor. Hay que desmistificar los falsos valores, las grandes celebridades, los mensajes de 'gran' importancia. Siempre, de la crítica, me ha gustado lo insólito, lo audaz, lo irreverente, lo maleducado. Para esto sería bueno encontrar un método que universalice lo personal. Cada gusto es una aberración.¿Ustedes escriben para un determinado número de personas o llegan a la gran masa?Si se escribe en un periódico de alto tiraje, se llega a la gran masa. Si se escribe desde una revista como Ojo al cine, los lectores no serían más de 2.000. Si uno escribe para el espectador medio, se tiene que emplear un método didáctico, una fraseología sencilla, una construcción directa, informativa sobre todo. Si uno escribe para el cinéfilo o el cineasta, lo que se busca es hacer que él compruebe sus teorías. La gran masa mira al crítico de cine con desconfianza; lo juzgan impertinente, pretensioso y especulador: creen que es un improperio que alguien escriba tantas cosas sobre unas imágenes que todo el mundo ve y comprende. Pero lo que se pretende es que el espectador vea de una sola forma el filme, la que sea más adecuada.