Son muy diferentes. Ambos arriban al tiempo para la entrevista, y ambos saben que la entrevista incluirá una sesión fotográfica; pero Karl Troller se ha ataviado a conciencia para la foto, en tanto que Eduardo Arias se ha arreglado para que nadie piense que está arreglado. Pero cuando la conversación empieza es fácil darse cuenta por qué han mantenido desde hace tantos años esa profunda amistad por encima de las diferencias. Arias es biólogo de profesión y tímido por naturaleza; Troller es, en cambio, comunicador social y extrovertido. Y en ese contraste radica la armonía que aflora en su humor y en su música (aunque ambos se apresuran a pedir que no los llamen músicos, que no lo son). De paso echan por la borda preconcepción. Transite bajo su propio riesgo, el álbum más reciente de la Orquesta Sinfónica de Chapinero, es un disparate musical de principio a fin y, por ende, puede pensarse que los autores son bromistas de tiempo completo. A cambio regalan conceptos, citan influencias y abordan los temas con tanta seriedad que se entiende finalmente porqué este tipo de humor se ha mantenido. Es humor en serio. Troller y Arias ya habían lanzado en 1989 Gaitanista, el primer disco de la Orquesta Sinfónica de Chapinero. Transite bajo su propio riesgo parte de una idea irreverente: transcurre el futuro (no se especifica qué año) y un grupo de arqueólogos descubre en sus excavaciones los vestigios de una antigua ciudad llamada Bogotá. Con base en las ruinas y con la colaboración de la Sinfónica de Chapinero (en el exilio) hacen una reconstrucción sonora de los aspectos pintorescos de la desaparecida polis. La idea es, de paso, un llamado de atención, explica Troller: "Como esta ciudad no tiene historia, monumentos o personajes mitológicos, nosotros nos inventamos una mitología propia, dándole importancia a cosas que pasan inadvertidas". Y así es como en el disco hay 'tributos' a celadores, taxistas, vendedores de los sanandresitos y hasta juglares de buseta. El concepto, además, se prestaba para un proyecto musical de un par de bromistas que (ellos insisten) no son músicos. Los sonidos recurrentes son motores de automóviles, alarmas, radioteléfonos de taxis y todo ruido urbano por definición propia. A ello Troller y Arias le han agregado sus textos cáusticos y, por último, han llamado a sus filas a Félix Riaño, integrante del conjunto de rock Ruido Rosa, para que les dé una mano en lo puramente musical. El trabajo fue arduo y duró varios meses. "Cuando llegamos al estudio de grabación todo estaba ya estructurado" explica Eduardo Arias. "Lo único que surgió sobre la marcha fue la canción 'Magdalena' y la parodia de una fiesta de 15 también tiene un poco de improvisación". Lo cual es fácil de creer porque, en general, todo el disco tiene un tono de espontaneidad. Pero cuando declaran cosas como: "Queríamos que el álbum fuera una especie de 'Sell Out' , el disco conceptual del grupo de rock The Who" se entiende que aquí el chispazo de última hora tiene menos cabida que el chiste sopesado. Y al final el resultado es en verdad un álbum conceptual. No se trata de entender a la Sinfónica de Chapinero como una versión nacional de The Who, pero cuando se escoge bien a los maestros se pueden esperar sorpresas gratas. Con un esquema similar, Arias y Troller se burlan de toda la urbe, tomando con ingenio un poco de Frank Zappa, un poco de los Tupamaros, un poco del órgano de Jaime Llano_ y mucho de esa polifonía de ruidos llamada Bogotá. No son músicos, enfatizan una vez más. Pero han logrado con este disco lo que muchos otros, que suenan en la radio y se hacen llamar así, no han podido: agradan y, al mismo tiempo, ponen a pensar. n Las influencias de Chapinero THE WHO SELL OUT MCA FRANK ZAPPA STRICTLY COMMERCIAL RYKO Pese a que el disco Transite bajo su propio riesgo es único en muchos aspectos, los integrantes de la Sinfónica de Chapinero han confesado que la audición de ciertas grabaciones clásicas del rock les brindó ideas originales para sus dos álbumes. En primer lugar mencionan Sell Out, un disco del grupo inglés The Who que apareció publicado originalmente en 1968 pero que, de manera más reciente, fue reeditado con piezas previamente inéditas y sonido digital en el formato de compact disc. El experimento de The Who consistió en elaborar un álbum en el cual, además de las canciones, se incluían tonadas publicitarias de supuestos productos comerciales. De manera que la audición de Sell Out se asemeja mucho a una transmisión radial de una emisora ficticia. Se trata de uno de los más interesantes álbumes conceptuales de The Who pero es, además, una de las primeras muestras de encuentro entre la música rock y el humor. Sell Out es ante todo una parodia de la radio comercial de aquel tiempo_ y parece que no muchas cosas han cambiado desde entonces. La otra influencia, mencionada en varias ocasiones por Eduardo Arias y Karl Troller, es la música de Frank Zappa (1940-1993). El guitarrista estadounidense basó también buena parte de su obra en la utilización musical e ingeniosa del humor. Strictly Commercial es una recopilación, no un álbum original. Pero puede ser, para quienes no conozcan a Zappa, la mejor manera de acercarse a esa obra suya tan disparatada y extensa. En un total de 19 canciones (que van desde Trouble Every day de 1966 hasta el éxito Valley Girl de 1982) se resume la trayectoria de este desaparecido genio del rock que alguna vez demostró, parafraseando uno de sus títulos que, "el humor tiene cabida en la música".