En un momento en que todo aquel que se preciara de ser compositor 'de vanguardia' buscaba alejarse adrede de las armonías la decisión del británico John Tavener debió calar como una broma. No solamente se convirtió a la iglesia ortodoxa rusa en 1977 sino que adoptó un estilo musical propio, basándose en una armonía perteneciente más a la música sacra medieval que a las sonoridades vehementes de este fin de siglo. Lo interesante del caso es que Tavener es hoy una especie de subversivo, pero al revés. Su lucha no consiste en la imposición de parámetros revolucionarios sino, por el contrario, en la reivindicación de la calma. Aun en sus composiciones instrumentales, las que no hacen referencia a textos bíblicos ni nada por el estilo, puede respirarse ese cierto espíritu místico. Ello ha hecho que anteriores grabaciones suyas, como Innocence (1995), hayan alcanzado niveles de ventas inimaginables para un disco de música clásica. La creación de John Tavener ha hallado una resonancia asombrosa con la formas 'nuevas' de espiritualidad de estos tiempos. En ese sentido hay en el mundo dos grandes corrientes de recepción de esta música. Unos la acoplan dentro de tendencias de misticismo contemporáneo, como la nueva era, y otros la ignoran por considerarla, sencillamente, retrógrada. Tal vez ninguna de las dos sea una manera conveniente de acercarse a un trabajo tan serio y profundo. Cuando John Tavener recurre a elementos de misas medievales y cantos gregorianos no lo hace por gustar a un sector comercial. Lo hace porque efectivamente ha llegado hasta estas armonías en su búsqueda de una manera de expresión. Y la prueba de que la búsqueda continúa es su nuevo disco, Eternity's Sunrise. Se trata no solamente de un escape de los fríos estudios de grabación (Tavener ha preferido la acústica de la iglesia Temple Church, en Londres) sino de la primera vez que trabaja hombro a hombro con los miembros de la Academy of Ancient Music, una orquesta especializada en el repertorio del renacimiento y el barroco que graba sus interpretaciones con instrumentos originales de la época. En eso ha consistido la evolución de la música de este autor inglés, aun cuando aquí el término 'evolución' suene a gran paradoja. Sus composiciones se asemejan cada vez más, en fondo y forma, a las que resonaban en los muros de los monasterios de hace siglos. El motivo de inspiración para la mayoría de piezas de este disco fue la muerte del padre de Tavener. El suceso, sin duda, lo habrá llevado a profundizar su faceta espiritual (que de por sí ya era honda) y a encontrarse con sonidos que, contrario a lo que la mayoría piensa, no son retrógrados. El también músico Keith Jarrett expresó alguna vez que el universo es, en realidad, "una gran armonía circundante que existe con o sin nosotros". La decisión musical de John Tavener es, en otras palabras, el acogimiento de fuerzas que rigen el universo. En cambio son los otros compositores, abanderados de una supuesta vanguardia, los que le dan la espalda a las leyes naturales. A propósito de música sacra... Arvo Part Kanon Pokajanen ECM Agnus Dei Coro New College de Oxford Erato El caso de John Tavener es especial pero no único dentro de la llamada música clásica. Existe un pequeño grupo de compositores que ha hallado en las cadencias de la música sacra puntos de referencia para sus creaciones contemporáneas. Es así como elementos más propios de polifonías medievales e incluso de cantos gregorianos han logrado colarse, de manera muy armónica, en obras compuestas recientemente. Tal vez el compositor más conocido dentro de esta tendencia es Arvo Part. Nacido en Estonia en 1935, ha dicho en varias ocasiones que su creación se basa en uno de los sonidos más místicos y sencillos: las campanas de las iglesias. Declaraciones como esa, sumadas al carácter religioso de su música, han hecho que varios analistas se refieran a él como una especie de monje para quien la composición es su manera de oración. El Kanon Pokajanen es una oración de arrepentimiento, presuntamente escrita por San Andrés de Creta en el siglo VII. Arvo Part la ha musicalizado totalmente, produciendo una obra magna de casi hora y media de duración (son dos discos) en la cual se respeta plenamente el carácter místico y la época en que fue escrito el texto. Por ende, la música de Part logra engañar deliciosamente al oyente. Hay momentos en que pareciera que, en efecto, se está escuchando una composición medieval. Tal vez partiendo de una idea similar es que Edward Higginbottom, director del Coro del New College de Oxford, ideó un disco que ha sido adulado incluso por la ortodoxa revista Gramophone. Su idea consistió en grabar obras sacras breves de grandes compositores de todas las épocas: desde Bach hasta el mismo John Tavener, pasando por Mozart y Mendelssohn, todos unidos en un disco que no tiene en cuenta la diferencia de épocas sino la unidad espiritual del repertorio. Agnus Dei sobresale, entonces, porque no es una simple recopilación de fragmentos de piezas clásicas sino un disco conceptual. Grabado en la capilla del New College, el álbum hace gala de una acústica excelente.