Título original: Vicky Cristina Barcelona. Año de estreno: 2008. Género: Comedia dramática. Guión y Dirección: Woody Allen. Actores: Javier Bardem, Scarlett Johansson, Rebecca Hall, Penélope Cruz, Patricia Clarkson, Kevin Dunn, Chris Messina. Los tercos personajes de Woody Allen viven en la cuerda floja por culpa del amor. Un buen día pierden los nervios, arriesgan todo lo que tienen y se desbaratan como héroes trágicos en la búsqueda de una persona milagrosa que les ate los cabos de la vida. Ese es su talón de Aquiles: enamorarse de fantasías que no les van a corresponder. Saben que es un gravísimo error. Pero no pueden evitarlo. El profesor Levy, de Crímenes y pecados, señala la gran contradicción del enamoramiento: “el intento de volver al pasado y el intento de deshacer el pasado”. El escritor Gabriel Roth, de Maridos y esposas, lanza la frase “mi corazón no tiene ninguna lógica”. El comediante Alvy Singer, de Annie Hall, resume con un chiste lo que piensa de las relaciones de pareja: “Un tipo le dice a su psiquiatra ‘mi hermano está loco: se cree una gallina’; el doctor le responde ‘¿por qué no lo mete al manicomio?’; y el hermano contesta ‘lo haría, pero necesito los huevos’. Pues bien, así es, más o menos, como veo las relaciones: son irracionales, locas, absurdas, pero las mantenemos porque necesitamos los huevos”. Que es lo que les sucede a las dos jóvenes protagonistas de la encantadora Vicky Cristina Barcelona. Que han llegado a la soleada ciudad del título, en época de vacaciones, dispuestas a traerse de vuelta lo que cada una necesita. Vicky, que en teoría es sensata, comprometida y convencional, quiere terminar su tesis sobre la cultura catalana antes de casarse con su novio de siempre. Cristina, que en teoría es precipitada, irresponsable y libre, quiere vivir unas cuantas locuras más para su álbum de experiencias. Pero, porque “necesitamos los huevos”, todo les sale al revés cuando conocen a un pintor local, Juan Antonio, que hace lo mejor que puede para que nadie se dé cuenta de que no ha podido recuperarse de un amor que trató de matarlo. Vicky Cristina Barcelona parece, la primera vez que se ve, un simple divertimento de un maestro del cine. Sin embargo, cuando se piensa en los planos cuidadosos que nos envían a Jules y Jim de François Truffaut, en aquellos giros narrativos semejantes a los de la vida, y en ese narrador paródico que nos remite a tantas historias clásicas, tipo Henry James, sobre gringos aristócratas de viaje, se entiende que lo mejor es verla de nuevo. Vicky Cristina Barcelona es importante, dentro de la vasta filmografía de Woody Allen, porque sus personajes, caricaturas que resultan, al final, seres humanos ahogados en su propia humanidad, comienzan a encogerse de hombros ante la posibilidad de no encontrar ese amor ideal. Lo dice Juan Antonio: quizás, ya que “necesitamos los huevos”, lo mejor sea conformarse con “lo que funcione”. Y tal vez se refiera, de paso, a esta nueva etapa en el cine de Allen: una etapa sabia, sin alardes, mucho más interesada en lo que se encuentra que en lo que se busca.