John Landgraf, presidente de la cadena FX Networks, se encargó de aguar la fiesta. Hace unas semanas aseguró, sin titubear, que “el gran momento de la televisión entró en declive”. Su apreciación la sustentó con cifras: en 2014 estuvieron en el aire 371 series y para este año se proyectan más de 400, por lo que considera que ya hay un abrumador exceso de oferta, desgastante, con lo que será más difícil encontrar ideas originales e historias atractivas. Y sostener la calidad de las series actuales será un reto casi imposible. Casi a la par terminaba –con más pena que gloria–, la segunda temporada de True Detective, una producción que en su primera entrega agotó elogios y fue considerada una de las mejores de todos los tiempos. Su historia y su puesta en escena la convirtieron en un baluarte de la época dorada de la televisión, pero en un solo año pasó de emocionar a decepcionar. Estas dos razones generaron un debate que hoy está vivo, y mucho más cuando se aproxima la entrega de los premios Emmy, el domingo 20 de septiembre. Una competencia que el año pasado generó tal expectativa que incluso se llegó a decir que estaba mejor que los Oscar. No era para menos, pues se disputaron los galardones principales en drama Breaking Bad y True Detective. Hoy esa expectativa es menor. La televisión es víctima de su propio éxito. Sin duda hay mucha oferta y de muy buena calidad. Pero para muchos es agobiante ver que en redes sociales la gente recomienda The Walking Dead, que en la oficina todos hablan de Game of Thrones, mientras que los amigos no dejan de comentar sobre Mad Men, y los medios expertos dicen que quien no vea House of Cards está en nada. Y sí, son muy buenas series, pero ¿quién tiene tiempo para ver todas? Algunos cálculos de Bloomberg parecen darle la razón a Landgraf. Según la plataforma estadounidense de análisis de datos, para ver todas las series del año pasado se necesitaría estar frente a la pantalla todos los días, las 24 horas, durante ocho meses. Así existe el riesgo de perder unas muy buenas en medio de la gran ola, y de que cuando haya tiempo para ver una serie esta posiblemente se agote, pierda su fervor o la crítica y las redes sociales la destruyan. Lo peor es que las producciones más pequeñas cuentan con muy poca promoción y mercadeo, y pronto se caen. También los guionistas enfrentan varios dilemas. Que si cambian una historia es malo porque no vale la pena cambiar lo que ya funciona. Pero si no se hacen cambios, la producción peca por repetitiva o se vuelve desgastante. El caso True Detective tiene nervioso a más de uno. Natalia Marcos, crítica de televisión de El País de Madrid, le dijo a SEMANA que muchas veces “el problema son las altas expectativas, pues cuando una serie sorprende en la primera temporada, la segunda es una prueba de fuego que muy pocas consiguen superar”. Estos llamados de atención de un sector de la crítica y de los mismos productores sin duda preocupan, sin embargo, hay otros que piensan que no es para tanto. De hecho, muchos creen que los comentarios de Landgraf se deben a que su última serie, The Comedians, no tuvo el éxito que él esperaba. El escritor Jorge Carrión, uno de los críticos de televisión más reconocidos de habla hispana, le dijo a SEMANA que “es muy pronto para decir que se acerca el fin de la era dorada de la televisión. Después de las grandes producciones de HBO (‘The Wire’, ‘The Sopranos’, ‘Deadwood’, ‘Carnivàle’), llegaron las de AMC (‘Mad Men’, ‘Breaking Bad’) y pensamos que había un punto de inflexión. Pero ‘Game of Thrones’, tal vez la serie más poderosa en estos momentos, es de HBO. Y la heredera simbólica de ‘Mad Men’ no es de AMC, sino de Showtime: ‘Masters of Sex’. En todo caso, el fenómeno sigue en marcha”. No se trata entonces de que la televisión llegó a un pico, como afirma el presidente de FX, sino que por el contrario, no para de expandirse. Es más, otros creen que la gran cantidad de series potencia la creatividad en lugar de limitarla, pues ahora, más que nunca, se ven nuevos formatos y producciones que van más allá de las fórmulas tradicionales. Así mismo, “la competencia es brutal, lo cual es muy bueno para los espectadores porque hay un nivel mayor de exigencia”, añade Carrión. Los que defienden el crecimiento de las series también argumentan que estas llenan todos los gustos. Si algo se destaca de estas producciones es el protagonismo que adquiere el público latino, asiático y africano. Ahora hay públicos más fragmentados, nichos especializados a los que se destinan tipos específicos de series. “Unos aman ‘The Walking Dead’, otros sueñan con ‘Game of Thrones’, unos disfrutan ‘Sense 8’, otros no pueden dejar de ver ‘Orange is the New Black’... eso de que una serie le guste a todos nunca ha existido”, asegura el crítico de televisión Omar Rincón. Hay otro motivo que los críticos advierten: con el protagonismo que adquieren los canales de distribución y las plataformas virtuales como Netflix, Amazon Prime, Crackle y Hulu es muy difícil que una serie de calidad, que valga la pena, desaparezca y pase desapercibida. Se sigue discutiendo si Landgraf es un exagerado o si en sus palabras lleva algo de razón, o si la segunda temporada de True Detective fue un fiasco. Eso no le hace mal a la televisión. Toda la industria está advertida y de ahora en adelante ninguno de los realizadores querrá bajar la guardia, pues para eso fueron artífices de la llamada era dorada de la televisión. Los Emmy El certamen que premia lo mejor de la televisión norteamericana se celebrará el próximo 20 de septiembre en Los Angeles. Ya varios medios y comentaristas se animaron a dar sus pronósticos para la próxima edición de los Emmy. Uno de los primeros que se echó al agua fue The New York Times. Mike Hale, uno de sus críticos de televisión, aseguró que en la categoría de mejor serie de drama ganará Mad Men sobre Homeland, Game of Thrones o House of Cards. Coincide con medios como el Huffington Post, Indiewire, o La Nación de Argentina. En la categoría de mejor comedia, Hale apunta que Modern Family se llevará el galardón y superará a series como Silicon Valley o Louie. Mientras tanto, en la categoría de mejor actriz en drama The New York Times apuesta por Viola Davis por su papel en How to Get Away with Murder. Así mismo, Hale considera que Jon Hamm se llevará el premio al mejor actor de drama por su papel en Mad Men.