"Portugal llegó a ‘descriminalizar‘ el consumo de drogas producto de las recomendaciones de una comisión de expertos quienes antes que en ideologías se basaron en evidencias e incentivos. Ocho años después, aunque aún hay mucho por mejorar, ha demostrado que su enfoque es correcto y más eficiente que la represión carcelaria. Vale la pena que en América Latina se considere esta experiencia antes de enfrascarnos en una nueva contienda ideológica sin fin". ¿Como raro empezar una columna así, no? Medio floja. Sin ritmo. Poco atractiva para el lector. Pero si usted todavía sigue leyendo, ya me va a entender. Esas cinco líneas entre comillas, que parecerían haber sido escritas para criticar el esperpento de decreto que fue firmado ayer por el jefe de Estado y sus ministros, ni son de ayer, ni las escribí yo. Me las robé de la columna ‘Portugal y el consumo de Drogas‘, publicada en el diario Portafolio en el año 2009. En el texto, el autor expone varios argumentos sobre por qué en Latinoamérica debemos seguir el ejemplo de Portugal en la lucha contra las drogas. Nos explica este columnista que la “descriminalización” de las drogas en ese país europeo, en el que se puede andar con una dosis de aprovisionamiento para diez días, ha sido un éxito rotundo. Nos cuenta que gracias a esa medida se ha reducido el número de muertes asociadas al uso de drogas y se ha fortalecido eficazmente el tratamiento de adicciones. Remata el autor poniendo en duda el modelo empleado por los Estados Unidos, argumentando que a pesar de que en ese país se gastan 40.000 millones de dólares al año en la lucha contra las sustancias ilícitas y arrestan a un millón y medio de personas por posesión y consumo, cada vez son más los gringos adictos. Palabras más, palabras menos, dice que ese viejo enfoque represivo no sirve para nada y está mandado a recoger. Luego de explicar el contenido de la columna en cuestión, les cuento por qué me puse en esas. Resulta que el autor de ese texto, para entonces un pelao desconocido, hoy sale todos los días en los noticieros y en las portadas de los periódicos. ¿Pero cómo no? Si es que el chino que escribió esa columna hace casi 10 años, hoy es el presidente de Colombia. Se llama Iván Duque Márquez. Esto da un poquito de vergüenza. No sabe uno si reírse o llorar… Por eso es que no creo en los políticos… Es bastante difícil entender cómo un joven soñador, con ideas de avanzada, que estoy seguro entonces no se imaginaba que solo nueve años después se convertiría en el presidente de su país, ahora, cuando es el manda más, el jefe de jefes, el que dirige los destinos de la nación, nos salga con semejante chorro de babas... Se me ocurren nada más dos explicaciones: 1) O es un títere; 2) o es un charlatán. Pero bueno. No nos quedemos en las incoherencias de Duque. Este no es su primer cambio de discurso, ni tampoco será el último. Vamos al fondo; al decreto. Se trata de una medida absolutamente mediocre y contraproducente. Básicamente aquí el Estado lo que está planteando es que como no puede educar a sus ciudadanos en cuanto al consumo de drogas e invertir en mecanismos de prevención, se va a dedicar a perseguir a quienes la porten. Porque es más fácil. Así quedan felices las tías. Las drogas, gústele a quien le guste, son una realidad y siempre van a estar ahí, así el Centro Democrático se pare de cabeza. De hecho, son perfectamente comparables a elementos tan simples como la sal, el azúcar, el alcohol, el cigarrillo, o la grasa. Todas estas, en exceso, son tanto o más nocivas que cualquier droga. Está absolutamente demostrado que el azúcar genera adicción. Y que el exceso en su consumo produce todo tipo de enfermedades que en muchos casos terminan en la muerte. Eso por no hablar del costo para el Estado y el impacto en la salud pública de tener que estar curando y tratando enfermedades como la diabetes, la obesidad, la depresión, el cáncer, la gota, la insuficiencia renal o la hipertensión. Son muchas más las personas que se mueren por comer azúcar que las que se mueren por consumir drogas. De hecho no ha nacido la primera persona que pierda la vida por fumar marihuana. Eso no pasa. Entonces, siguiendo la lógica del nuevo gobierno, lo coherente sería sacar un decreto para que la Policía se dedique a perseguir a los niños gordos y a requisarlos a ver si tienen más barras de chocolate de las necesarias. El gordito que se pase de glotón, que lo manden a la UPJ, o que saque un carnet de gordo para que le devuelvan las gomitas. Así las cosas, nacerían los capos del cartel del Milkyway, el microtrafico de M&M´s, los jíbaros de Sncikers y las ollas de Toblerone. Y las cabezas de esas organizaciones ilegales del azúcar pondrían bombas y matarían ministros hasta que en la Constitución se permita el consumo de galletas Oreo. Este tal decreto es torpe por donde se le mire. Como dije antes, todo en exceso es malo. Hasta el ejercicio. Es por eso que el Estado debe dedicarse a educar a su gente para que sepa manejar, o abstenerse de consumir, algo que es una realidad y que seguirá estando ahí siempre. De esta torpeza, más que respuestas o soluciones, quedan muchas preguntas: ¿Por qué el gobierno no oye la voz de tantas organizaciones expertas en el tema que advierten que este decreto es un desastre? ¿No sabe Duque que el porro y la coca ya pasaron de moda? Sólo en 2016 aparecieron 28 nuevas sustancias… ¿No sabe Duque que solamente el 0,2 por ciento de las personas que necesitan tratamiento están teniendo acceso a servicios de salud? ¿No sabe Duque que una de las dos sustancias más consumidas por los estudiantes es el Popper? ¿Y que esa sustancia es legal? ¿No sabe Duque que hay 25.000 personas presas por tráfico, fabricación o porte, mientras que solo hay 300 por lavado de activos? ¿No se da cuenta de que los verdaderos responsables van a seguir libres? ¿No se le ocurre que si legaliza la droga, toma el control de la producción y el expendio y educa a la población, se acaban las bandas de microtráfico y los jíbaros? ¿Nadie le contó al presidente que, según estudios, en la tercera parte de las ollas hay participación y complicidad de la policía? ¿No le parece absurdo que de la plata para combatir la droga, solo el 5 por ciento sea para prevención y el resto para represión? A él que habla tanto de economía, ¿nadie le explicó que el precio de un bien se determina por la oferta y la demanda? Es decir, ¿que su decreto vuelve la droga más cara y a los capos más ricos? ¿No se puso a pensar en la ola de corrupción que va a desatar en la Policía? ¿De verdad cree que llevar a un consumidor a la UPJ a que lo atraquen o a que lo violen lo va a hacer dejar de consumir?
En fin, para anotar todos los interrogantes que se deben plantear sobre este absurdo, no me alcanza una columna, tal vez un libro. Por lo pronto, ya que el presidente no quiere acordarse de su niño interior del 2009 y decidió hacerle caso a quienes hasta ahora parecen ser sus jefes, señores de la Corte Constitucional, estamos en sus manos. ¡Por favor, tumben esta pendejada! En Twitter: @federicogomezla