Atendiendo la solicitud que me cursara su revista por intermedio de una destacada periodista, accedí a dialogar con el fin de dar a conocer a la opinión pública aspectos diferentes a los comúnmente publicados, y otros relacionados a la parte humana y profesional, aspectos estos que no se dieron.Al leerlo, aprecio más que inconsistencias, conceptos incompletos que podrían malinterpretarse por parte de quienes en alguna oportunidad fueron mis superiores, n en su rectitud profesional, para que de una vez por todas, intervenga personalmente en este proceso de sórdidas conjuras. Nunca quise expresar que "el grupo cazador era organización impuesta por el mando", manifesté que en julio del año 91, el mando había ordenado la reestructuración de la Inteligencia Militar, mediante una directiva y las tablas de organización y equipo (TOE), donde se incluía una compañía que se denominó de 'Apoyo de operaciones de inteligencia' (Caoi), que fue la que posteriormente denominaron 'cazador'. Nombre dado a discreción de sus integrantes.Tampoco "que hay un militar metido en esto", al referirse sobre el magnicidio del doctor Alvaro Gómez; manifesté que lo desconocía, de pronto pudiera haberlo, pero no solo un militar, sino cualquier otra persona de la fuerza pública u organismo de seguridad del Estado. Tampoco he afirmado que el coronel Castro haya "donado" documentos, sino elaborado éstos, según me enteré por publicaciones y declaraciones que diera el mismo oficial en su oportunidad, en esta misma revista. Soy consciente que ustedes no son la autoridad competente ante los estrados judiciales, para juzgar a un sindicado y determinar su culpabilidad o inocencia, pero sí son influyentes y determinantes ante los estrados de la picota pública, para favorecer o poner en tela de juicio la reputación de una persona, en la opinión conciudadana e internacional.Bernardo Ruiz SilvaSibaté (Cundinamarca)
DEL CORONEL BERNARDO RUIZ
Siga las noticias de SEMANA en Google Discover y manténgase informado
1 de noviembre de 1999, 12:00 a. m.