La Federación Internacional de Tenis _FIT_ está decidida a luchar contra los 'cañoneros' del tenis. Esos jugadores que con servicios superiores a los 200 kilómetros por hora están restándole emoción al deporte blanco. Hace varios meses una investigación de un grupo de científicos del Museo de la Ciencia de Londres dio el primer campanazo de alerta sobre el poco alentador futuro del deporte blanco de continuar la actual tendencia de los superservicios. Las conclusiones de ese informe señalaban que para finales de la próxima década la evolución de los materiales de las raquetas y las bolas, así como la preparación de los tenistas, daría como resultado saques que alcanzarán velocidades de 345 kilómetros por hora. En consecuencia, no sólo será prácticamente imposible seguir la bola durante un partido en vivo, sino que además será muy extraño verla pasar por encima de la red más de una vez. En resumidas cuentas, lo que se anuncia es el fin del tenis como espectáculo.Sin ir muy lejos, dentro del exclusivo grupo de los actuales top 20 del tenis hay varios jugadores, como Goran Ivanisevic, Greg Rusedski, Yevgeny Kafelnikov y Richard Krajicek, entre otros, quienes sobresalen en el circuito profesional por lanzar verdaderos riflazos que con frecuencia superan los 220 kilómetros por hora (ver recuadro). Ellos, junto con algunos otros tenistas, han conseguido conformar un cuestionado grupo de jugadores que gracias a la potencia de sus servicios han escalado y permanecen en la cima de la ATP, llevando a cuestas la bien ganada fama de cañoneros. Con saques de 225 kilómetros en promedio el croata Ivanisevic, que actualmente está en la casilla 15 del escalafón, ha logrado mantenerse durante los últimos cinco años como uno de los mejores del mundo. Su deficiente juego logró compensarlo simplemente con fuerza. En este campo Ivanisevic ha roto todos los récords. El año pasado alcanzó 1.477 aces en 96 partidos, consiguió 86 por ciento de los puntos en su primer servicio, ganó 89 por ciento de la totalidad de sus servicios y tuvo un promedio de 15,4 aces por partido. Esta última cifra significa que cuatro games por partido los gana simplemente con el saque. El temor de que las canchas se sigan llenando de jugadores al estilo Ivanisevic es algo que no desea la FIT.La bola de la discordiaPara evitar esta situación ese organismo planea una revolución: dos nuevos tipos de pelota, una más grande y otra que rebote menos. Con ese objetivo un grupo de miembros de la FIT estuvo trabajando los últimos 18 meses, asesorada por científicos de las universidades de Sheffield y Cambridge y hasta de la Nasa.Los estudios indican que una pelota que sea 8 por ciento más grande que la empleada actualmente le da al jugador que recibe 20 milisegundos más de reacción. La fracción puede parecer insignificante, pero resulta importante si se tiene en cuenta que la reacción efectiva a un saque de 200 kmh es de 0,3 segundos y que una pelota más grande incrementa el tiempo de espera en casi un 10 por ciento. Y ese tiempo en un partido de tenis vale mucho.El otro tipo de pelota que se planea usar es una que se deforma menos cuando toca el suelo, lo que permite un pique más corto. Estas, según la FIT, serán apropiadas para las canchas lentas como el polvo de ladrillo.Los directivos de la entidad que regula el tenis mundial _la ATP y la WTA son las asociaciones de los jugadores_ debatirán por última vez los cambios durante la próxima semana. No por casualidad esta revolución se plantea durante Wimbledon. En el césped, justamente, es donde los jugadores con superservicios son más difíciles de vencer. Este no es el primer cambio que proponen para impedir el avance de los cañoneros. Ya se intentó volver a las raquetas de madera y recientemente se pidió eliminar el segundo saque, pero esta última medida aún está en estudio.Si las pelotas se aceptan serán probadas desde enero de 2000 hasta diciembre de 2001 en torneos menores antes de ser usadas de lleno en 2002. Los años de prueba tienen un objetivo: que los fabricantes de bolas trabajen con la FIT y las federaciones nacionales y evalúen el rendimiento de la novedad. El estudio ha detectado que la mayoría de los jugadores profesionales no están de acuerdo con el cambio. Sin embargo la FIT afirma que sólo será cuestión de tiempo para que ellos se acostumbren y está dispuesta a llevar a cabo los cambios ya que es consciente que de no ponerle freno a esta situación el panorama del tenis no será muy alentador.