El regreso de Martina Hingis, después de la lesión en el tobillo que sufrió en octubre pasado cuando jugaba la semifinal del premio de Filderstadt ante Lindsay Davenport, causó gran sorpresa. Y no propiamente por el excelente nivel que mostró en el torneo Adidas, que le sirvió, de paso, para retener el título del mismo antes de asumir su participación en el Abierto de Australia. La verdadera sorpresa de sus seguidores fue su nueva apariencia física.Hingis, quien se ha caracterizado por una fisonomía frágil, casi infantil, por tener una figura menuda y por un juego guiado por la técnica más que por su fuerza, apareció en las canchas de Australia con unos brazos mucho más musculosos, los cuales se hicieron sentir en la potencia de su saque. Ella admitió que su preparación se concentró en estos meses en el trabajo de gimnasio más que en las propias pistas de tenis pues, según ella, “el circuito así lo está exigiendo”.La deportista suiza de origen checo no ha querido ahondar mucho en el tema pero es obvio que su cambio se debe a la revolución que han impuesto las hermanas Williams en el circuito femenino de la WTA. Venus y Serena, enemigas declaradas de Hingis, han obligado a las demás competidoras a doblar el trabajo de pesas y resistencia de piernas.Es el duelo que vive desde hace un par de años el tenis femenino: la fuerza contra la técnica. Y, al parecer, la fuerza se está imponiendo si se tiene en cuenta que Hingis no gana un título de Grand Slam desde 1999 y el año pasado apenas sumó tres torneos, todos en enero. Venus Williams, mientras tanto, se dio el lujo de llevarse la corona de Wimbledom y el US Open. Jennifer Capriati, quien también ha optado por trabajar duro su masa muscular, terminó una excelente temporada tras llevarse los títulos de Australia y el Roland Garros.Hingis, sin perder la precisión de su juego, sabe que para vencer a las Williams necesita algo más de lo que su técnica le puede dar. Y más si se tiene en cuenta que las hermanas Williams se propusieron este año llegar al tope del ranking mundial, ampliando considerablemente sus participaciones en el calendario de torneos.Este era un aspecto que no les permitía llegar al número uno. A pesar de que siempre han sido protagonistas ellas acostumbran a jugar menos torneos que sus demás rivales. Lindsay Davenport, Capriati y la misma Hingis han logrado mantenerse en los primeros lugares gracias a su mayor participación en campeonatos menos promovidos pero que también les otorgan puntos.Imponiendo juegoLa gran final del US Open pasado lo protagonizaron las hermanas Williams en un juego que mostró a las mejores atletas del momento. Venus se impuso al final. “Cuando voy a jugar contra ellas sé que me va tocar correr más de la cuenta. No puedo dejar ninguna pelota flotando en el medio de la cancha porque sé que me pueden matar con sus golpes”, comentó Capriati antes de arrancar el Abierto de Australia.Ellas saben que tienen muy pocas amistades dentro del circuito y muchas veces han sido tildadas de arrogantes. En un informe que la revista Time publicó en agosto pasado se asegura que las únicas amigas que realmente tienen son Chanda Rubin y Alexandra Stevenson, también jugadoras negras. A diferencia de la gran mayoría de tenistas, que se formaron en la Academia Nick Bolletieri, ellas aprendieron en unas canchas poco conocidas en Compton, California, de la mano de Richard, su padre. La popularidad que han alcanzado no es propiamente por sus gestos de humildad. Odian los medios de comunicación y muy pocas veces elogian las virtudes de sus rivales.Serena, por una lesión en su tobillo, junto a Lindsay Davenport, ha sido la gran ausente del Abierto de Australia. Venus, al cierre de esta edición, ya había asegurado su paso a tercera ronda tras imponerse con facilidad sobre Ansley Cargill y Kristina Brandi. Hingis, por su parte, también superó sus dos primeros escollos: la británica Greta Arn y la francesa Virginie Razzano. La temporada comienza con los ojos puestos en la nueva dinámica que tendrá la WTA. Los más románticos confían en que Hingis mantenga su estilo a pesar de su nueva apariencia física. Pero lo cierto es que cada vez es más evidente que para llegar a la cima hay que tener unas condiciones especiales, las que las hermanas Williams están imponiendo.