La obediencia es uno de los valores que más inculcan los padres a los hijos. Sin embargo, Maximiliano Restrepo hizo caso omiso a uno de los deseos de su padre: ser hincha de Nacional.
Desde muy pequeño, Sebastián Retrepo Jiménez cambió los mamelucos por las camisetas del verde antioqueño. Junto a su pequeño, disfrutaba de los partidos del equipo dos veces campeón de la Copa Libertadores.
Sin embargo, en 2016, todo empezó a cambiar. Deportes Tolima dio un golpe de autoridad en el Atanasio ante el favorito Nacional y Maximiliano hizo clic en sus gustos.
“Muchos de ustedes se preguntarán porqué soy hincha del Tolima y no de Nacional. La siguiente es la razón”, empieza explicando el pequeño con marcado acento paisa en un video en las redes sociales de su papá.
“¿Por qué? Mi papá hace varios años me decía: ´Hijo, ¿sabías que Nacional es el mejor equipo?´. Y yo: ´¿Verdad?´”, complementa el niño de siete años.
“Pasaron los años y ya crecí y me empecé a ver los partidos de Nacional vs. Tolima y pues siempre que mi papá decía: ´Nacional le va a ganar a Tolima´, pasaba al revés. Tolima le ganaba a Nacional, por lo que yo me enamoré del equipo Tolima y aparte me gusta el color vinotinto, porque pues me gusta”, finaliza en el video.
SEMANA habló con su papá, Sebastián Restrepo, quien habló sobre el carácter de su hijo, de quien dice ser un enamorado por esa forma de ser que describe como “única”.
Con el fútbol Maximiliano parece tener una historia de amores y odios. A los cinco años ingresó a una escuela de su categoría y lo primero que recibió fue una patada en el pecho. Desde ese momento y pese a que sus padres querían fomentarle el deporte, el mismo niño dijo no más a las canchas.
Sin embargo, disfrutaba los 90 minutos en televisión. Lejos de ver redes sociales o tener cerca hinchas del Tolima, le llamó la atención que el club pijao se imponía al equipo al que su papá denomina el mejor de Colombia. “Él empieza a ver que se formaba como una especie de paternidad con Tolima, yo le hablaba de los títulos internacionales y empezó a cuestionarme. ¿Papá, por qué siempre pierde Nacional con ese equipo?”, contó Sebastián a este medio.
Maximiliano entonces asoció aquello que su papá le decía de ser hincha del mejor con el que derrotaba al equipo con más trofeos de Colombia. Su papá lo apoyó y con su hermana, que tiene una empresa de sublimados y estampados en prendas, decidió regalarle la casaca vinotinto. “Esa fue su decisión y yo la respeté. Le mandé a hacer con mi hermana la camiseta del Tolima mientras llegaba el uniforme original desde Ibagué”, comentó el papá del pequeño.
Sebastián vive con su familia en Envigado, es estudiante de mercadeo y a la edad de Maximiliano también decidió seguir un camino diferente al de su papá. ¿Karma? “Mi papá era hincha del DIM, pero en la época de los noventa empecé a tener como referentes a Alexis García, René Higuita y cada que jugaba con mis amigos escogía ser de Nacional”, relató de manera anecdótica.
El pasado 8 de enero Maximiliano cumplió siete años y fue muy claro en lo que quería para su fiesta. “Me celebran el cumpleaños con fútbol, con bombas vinotinto, por favor”, pidió a sus papás.
Con el folclore que se vive en el fútbol y la inocencia que lo caracteriza, toma del pelo a su papá constantemente: “¿Pá, cierto que no hay canchas vinotinto?, qué pereza eso verde”, dice con picardía. Incluso cuando ven partidos juntos no faltan los chistes cuando el marcador no favorece al verde. “Yo me siento a ver un partido, alego y lo vivo intenso. Mientras tanto él me molesta y me dice: ´Papá, les vamos a ganar otra vez´”, o me grita desde el cuarto de las tías: ´Gol de mi Toli´”, cuenta entre risas y aclara que después se preocupa por saber como está su papá tras el pitazo final.
Claro que Maximiliano no se salva de los chistes. El pequeño vive en una zona campestre de Envigado, sus amigos son sus primitos y aunque entre ellos son muy respetuosos, no sobran las bromas. Lo molestan e intentan persuadirlo en el gusto, pero como dice su papá: “Maxi no da ni entrada”. Sus primos le dicen que le darán un millón si se cambia de equipo y la respuesta es clara: “Deme el millón, pero me quedo con mi Toli.”
Su historia llegó hasta Ibagué y a la familia la contactaron desde las directivas del Deportes Tolima para invitar a Maximiliano el próximo 23 de enero al Atanasio a ver a su equipo del alma vs. el Deportivo Independiente Medellín.
Así como quiso irse de las canchas, quiso volver. “Acabo de tomar una decisión, quiero volver a la escuela de fútbol”, dijo a sus papás y desde entonces lo hace como defensa, uno que mete muchos goles. Por eso admira a Michael Rangel, mira videos de él en YouTube y está feliz por su contratación.
Sebastián y Maximiliano están listos para vivir una de las ligas colombianas que promete ser la más vibrante con los dos equipos mejor reforzados del semestre. El fútbol los divide en gustos, pero los une en amor y respeto.