Contado así: que los dineros de una millonaria e irregular conciliación que el Estado colombiano le reconoció a la empresa Dragacol, terminaron sufragando la campaña presidencial de Andrés Pastrana, suena tan escandaloso que justificaría el nombre del ‘8.000 azul’ con el que algunos ya empiezan a llamar el episodio.Pero cuando uno lee con cuidado la secuencia de los hechos salta a la vista la existencia de varias conjeturas que son completamente ridículas, y que sólo pretenden enlodar afanosamente al Presidente de la República por cuenta de una serie de coincidencias ciertas pero ajenas a su voluntad o complicidad.Para comenzar, es cierto que las irregularidades de la conciliación con Dragacol están aguardando las conclusiones de la justicia. El mismo jefe de Planeación, Mauricio Cárdenas, reconoció la semana pasada por la televisión que fue asaltado en su buena fe con base en cifras falsas e informaciones amañadas.Es cierto también que se debe investigar cuanto antes el manejo de unos dineros que fueron invertidos en la campaña pastranista en Cartagena. Este no pasaría de ser un episodio más de tarimas y papayeras a cargo de un grupo de lagartos diligentes de los que abundan en toda campaña política, de no haber sido porque los cheques girados tenían la firma del ex ministro Fernando Araújo, que para ese entonces ya formaba parte del staff oficial de la campaña pastranista. Pero mientras la justicia se pronuncia sobre estos dos hechos, no cometamos la ligereza de someter a nuestra democracia, ya lo suficientemente débil y vulnerable, a la ridiculez de unas conclusiones que no pueden producir sino una sonora carcajada. Dichas conclusiones dan por cierta una de las siguientes posibilidades:Posibilidad #1: el entonces candidato presidencial Andrés Pastrana acepta reunirse en un baño del Hotel Las Américas de Cartagena con el representante legal de Dragacol. En dicha reunión el segundo le ofrece al primero donarle 150 millones de pesos a su campaña a cambio de que cuando Andrés sea Presidente, le garantice la suma de 25.000 millones de pesos por concepto de una conciliación. Dragacol dona el dinero, pero los cheques resultan chimbos. A pesar de ello, el Presidente cumple con su palabra empeñada en el baño del Hotel Las Américas.Posibilidad #2: el presidente Pastrana se comunica con su entonces ministro de Obras, Mauricio Cárdenas. El motivo es solicitarle que lo más pronto posible apruebe con la empresa Dragacol una conciliación por 25.000 millones, pues a la campaña pastranista le quedó un hueco de 50 millones por cuenta de un cheque chimbo girado por dicha compañía, que debe ser cubierto cuanto antes, “porque Miguelito Navas me tiene loco llamándome desde Cartagena a cobrarme”.Posibilidad #3: el entonces candidato Andrés Pastrana y su tesorero Hernán Beltz conspiran para ocultar 50 millones de pesos de una donación en Cartagena. El cheque sale chimbo y ya como Presidente, Pastrana no tiene más remedio que conciliar por 25.000 millones con la empresa Dragacol para tapar el hueco de la campaña.Tamañas ridiculeces desafían la credibilidad del peor enemigo del gobierno. Pero si bien es cierto que nada de lo que se sabe hasta ahora del escándalo Dragacol permite ni la más mínima sospecha acerca de la honorabilidad del Presidente, no pueden defenderse con la misma vehemencia sus más recientes actuaciones políticas, que han logrado meterle más leña a la hoguera del escándalo Dragacol.Primero vino la propuesta de la revocatoria del Congreso, que puso a la clase política a buscarle el quite por donde fuera al Presidente. Desde ya se rumoran nuevos escándalos en los que se intentará enlodar a sus más cercanos colaboradores.Y después, en la semana en que estaba cuajando la colaboración liberal en el gabinete, se utiliza al Canciller para lanzar un injustificado y torpe ataque contra el ex presidente Samper, que no sólo lo resucita políticamente —lleva tres días hablando por radio y televisión— sino que llena de hábiles razones morales al sector samperista del liberalismo para no entrar a colaborar con el actual gobierno.Peor aún: a nadie se le había ocurrido, hasta que el propio gobierno lo sugirió, que el escándalo de la campaña de Andrés pudiera ser comparable con el de Samper. Mientras a este segundo se le acusó de venderle la Presidencia a los narcos, al primero se le achaca la existencia de cabos sueltos en una campaña financieramente decente.Insisten e insisten en los corrillos políticos en que quien está detrás de tantas embarradas políticas seguidas es Juan Carlos, el hermano del Presidente. De ser así, va siendo hora de mandarlo a tomar unas vacaciones en Tumbuctú. Porque por moralmente intachable que sea el Presidente de la República, quién sabe cuánto podría aguantar el actual gobierno haciéndose día de por medio el harakiri político. Entretanto...¿Habrá algun cargo, puesto o dignidad para el que no esté postulado el general (r) Rosso José Serrano?