En el marco del mes de la mujer, la conversación sobre equidad de género también se extiende al ámbito económico, donde el mercado bursátil continúa siendo uno de los sectores con menor participación femenina.
Un estudio de la consultora Man Bites Dog y el Banco de Nueva York (BNY) señala que el 72 % de las mujeres permanece por fuera del sector de la inversión. La investigación indica que, si ellas invirtieran al mismo ritmo que los hombres, podrían movilizarse hasta 1,86 billones de dólares hacia activos con impacto positivo y generarse más de 3 billones de dólares en nuevas inversiones para financiar crecimiento e innovación en el mundo.
En América Latina, la presencia femenina en el sector también es reducida. Según datos de Alaya Capital, las mujeres realizan apenas el 8 % de las inversiones en la región y representan el 4,5 % de las socias en fondos de inversión.
Al mismo tiempo, estudios de McKinsey muestran que la riqueza controlada por mujeres crece a un ritmo superior al promedio mundial, impulsada en parte por redes de aprendizaje y espacios de formación financiera.
En ese contexto, la colombiana Juliana Matiz ha promovido la educación en inversión bursátil a través de programas de formación dirigidos a nuevos inversionistas. De acuerdo con la información disponible, cerca de 300.000 personas han recibido capacitación en mercados como Colombia, México, Estados Unidos, Perú, Argentina, Chile, España, Alemania y Japón.
Matiz, directora de Investopi, señala que la participación femenina en educación financiera ha aumentado en la última década. Mientras hace diez años las mujeres representaban apenas el 1 % de sus estudiantes, actualmente constituyen el 25 % como inversionistas activas y otro 25 % participa junto con sus parejas en decisiones patrimoniales.
“Durante muchos años las mujeres administraron el dinero del hogar, pero no participaron en la construcción del patrimonio. El mayor reto ha sido la confianza financiera, porque muchas creen que invertir es complejo o que necesitan ser expertas antes de empezar. Sin embargo, entender el dinero es una forma de independencia, ya que cuando una persona aprende a invertir, cambia su relación con el futuro, y cuando una familia lo hace en conjunto, cambia su estabilidad generacional”, afirma.
Según Matiz, el aprendizaje financiero también se refleja en la dinámica familiar, con un número creciente de estudiantes que toman decisiones patrimoniales en pareja, compartiendo estrategias de inversión, ahorro y planificación de largo plazo.
A nivel global, las mujeres influyen en cerca del 75 % de las decisiones de gasto y administran billones de dólares en consumo. Diversas proyecciones señalan que una mayor participación femenina en los mercados de capitales podría ampliar la inversión en proyectos económicos y sociales.
“El próximo gran paso será que invertir deje de ser algo excepcional y se convierta en una habilidad básica de vida”, concluye.