Mientras muchas empresas aumentan ventas y cierran nuevos negocios, las presiones sobre su flujo de caja siguen creciendo. El desfase entre costos operativos y tiempos de pago se está convirtiendo en uno de los principales retos financieros para compañías que necesitan capital de trabajo para sostener su crecimiento.

Aunque nuevos clientes, pedidos más grandes y una mayor actividad comercial suelen interpretarse como señales positivas, en la práctica muchas empresas enfrentan un desafío silencioso: el dinero no siempre entra al mismo ritmo en que deben asumir sus gastos operativos.

Esto ocurre porque entre el pago de nómina, proveedores, inventario, impuestos o logística y el recaudo efectivo de las facturas pueden transcurrir 30, 60 o incluso 90 días, especialmente en operaciones B2B y contratos corporativos.

El problema se ha vuelto especialmente relevante en un contexto en el que las empresas necesitan mayor capital de trabajo para operar, mientras el acceso al financiamiento sigue siendo limitado para buena parte del tejido empresarial colombiano. De acuerdo con cifras del DNP y el BID, el 45% de las mipymes en Colombia enfrenta dificultades de acceso a financiamiento formal.

Según el Reporte de Inclusión Financiera 2023 de Banca de las Oportunidades y la Superintendencia Financiera, solo el 14,8% de las microempresas en Colombia tenía acceso a crédito formal vigente, frente al 81,9% de las grandes compañías, una brecha que sigue limitando la capacidad de crecimiento de miles de negocios en el país.

A esto se suma que, en Colombia, la Ley de Pago en Plazos Justos estableció un plazo máximo de 45 días para el pago a proveedores. Aun así, muchas compañías continúan enfrentando presiones financieras derivadas de procesos operativos largos, pagos diferidos y necesidades de capital de trabajo que surgen antes del recaudo efectivo.

Cuando crecer también se convierte en un reto financiero

Uno de los errores financieros más comunes es asumir que vender más necesariamente mejora la disponibilidad de caja. En muchos casos ocurre lo contrario: crecer exige más recursos antes de generar mayor capacidad financiera.

Más ventas suelen implicar mayores costos operativos, incremento en inventarios, contratación de personal, expansión logística y mayor capacidad de producción. Cuando los ingresos no entran al mismo ritmo en que salen los recursos, las empresas empiezan a enfrentar tensiones sobre su operación.

La situación es especialmente crítica para compañías que trabajan con grandes pagadores, cadenas corporativas o contratos empresariales de largo plazo, donde la oportunidad comercial existe, pero el capital de trabajo no siempre alcanza para ejecutarla sin afectar la operación.

Además de los plazos de pago extendidos, factores como el crecimiento acelerado, el aumento de costos operativos y la lenta recuperación de cartera están elevando la presión financiera sobre muchas empresas, incluso aquellas con buenos niveles de facturación.

“Uno de los mayores errores financieros es pensar que crecer garantiza caja. Muchas empresas aumentan ventas, pero al mismo tiempo quedan más expuestas a tensiones sobre su flujo de caja por los plazos de pago y las necesidades de capital de trabajo”, afirma Daniela Torres, Country Manager de KLYM by Coval.

El impacto no solo se refleja en la operación diaria. La falta de liquidez también puede frenar decisiones estratégicas, retrasar proyectos y limitar la capacidad de asumir nuevos contratos, especialmente en las mipymes, que generan cerca del 79% del empleo del país y aportan alrededor del 40% del PIB nacional, según estudios de BBVA Research.

En este contexto, contar con liquidez disponible se está convirtiendo en una ventaja competitiva para las empresas.

“Tener ventas ya no es suficiente. Hoy muchas empresas necesitan convertir rápidamente sus cuentas por cobrar en flujo de caja para poder sostener su operación y responder al ritmo del mercado”, agrega Torres.

Frente a este escenario, soluciones de financiamiento empresarial como factoring, financiamiento de órdenes de compra, contratos y capital de trabajo han ganado relevancia entre compañías que buscan acelerar su flujo de caja sin depender exclusivamente de los tiempos tradicionales de pago. De acuerdo con FCI, organización global especializada en financiamiento de cuentas por cobrar, el uso de herramientas de factoring continúa creciendo en distintos mercados de América Latina impulsado por la necesidad de liquidez empresarial.

Por eso, compañías especializadas en financiamiento empresarial, como KLYM by Coval, están enfocando sus soluciones en ayudar a las empresas a transformar facturas, órdenes de compra y contratos en liquidez para cubrir necesidades clave como nómina, proveedores, inventario, impuestos, logística y expansión operativa.

En un entorno donde la velocidad financiera es cada vez más determinante, la capacidad de acceder a liquidez oportuna se está convirtiendo en un factor clave para que las empresas puedan sostener su crecimiento sin comprometer su operación.