Los buscadores de tesoros ya no sólo viven por las morrocotas de oro o por los cofres de antiguos naufragios. Ahora las riquezas están en restos más recientes pero igual de interesantes al liquidar las ganancias. Ya no hay nada como una buena bodega, un hundimiento a comienzos de siglo y un contenido conservado como se debe por la oscuridad y la baja temperatura de las profundidades del mar. Ese es el caso de un equipo sueco que planea explorar en octubre los restos de un buque hundido en el Báltico en la Primera Guerra Mundia para sacar un cargamento de champaña ordenado por el zar Nicolás II. Uno de los aventureros, Claes Bergvall, dijo que se trataría de botellas de Roederer Cristall y que podrían venderse a más de 4.000 dólares cada una. El año pasado el equipo sacó un cargamento de 2.500 botellas de calidad semejante pero sin tantos pergaminos históricos.