Hace poco escuché en mis tardes de observación y café (aviso que era sábado) una frase generalizante, pero recurrente: “Todas las empresas son iguales, al final no tienen corazón”. Un par de amigos comentaban sobre lo que aparentemente le estaba pasando a una conocida de ellos que llevaba mucho en la organización.
Las relaciones al final son temporales, decía el interlocutor que –con la cara aburrida– explicaba el abuso de poder en su empresa. Pero qué le vamos a hacer si en este país mandan la plata y la palanca, terminaron concluyendo de manera generalizada los dos ciudadanos corporativos golpeados de realidad detrás de un café negro.
Como nada pasa por casualidad, volví a escuchar –mientras cruzaba un semáforo– a una mujer joven que decía por teléfono: “Obviamente, como tiene poder supone que puede pisotearnos”. No sé qué le pasa a la sociedad, pero parece que ya no es solo un tema de tener plata o no tenerla.
¿Qué pasa en las organizaciones con el poder y el ego? La definición de abuso de poder se fundamenta en el aprovechamiento de la autoridad que se tiene para extorsionar a otra persona o entidad con el fin de cumplir sus propios intereses. El abuso es un acto de violación de confianza. ¿Es común el abuso de personas en posiciones de poder?
He conocido más de un caso en el que se hace daño a la integridad y reputación de las personas por un mal manejo de situaciones y por claro abuso de poder en una decisión organizacional. Pensemos en un ejemplo. A un buen trabajador que hasta ahora había sido reconocido por sus resultados, creatividad, enfoque a la gente y el cariño de sus colegas y empleados de la organización, de repente lo sacan de la institución por un “mutuo acuerdo”.
Entiendo que una empresa puede tomar decisiones, entiendo que no todo el mundo debe opinar y que al final sería excesivo pedir que se explique cada decisión que toma una junta directiva. Pero si el caso es particular, si la persona implicada hacía las cosas bien, pero simplemente le dijo a algún ejecutivo de alto nivel algo que no le encajó… bajo ninguna circunstancia es justo terminar así un contrato.
Pero es cierto, las empresas pueden sacar gente cuando quieran. Cuando no hay razones conocidas es muy arbitrario, ya que, si se presiona a alguien para firmar un mutuo acuerdo en cuestión de minutos, a veces el corazón y lo vulnerable de la persona en ese momento no permite hacer nada más allá de aceptar.
A una amiga la hicieron firmar una cláusula de penalidad por muchos millones si hablaba mal de la compañía que la estaba despidiendo. Luego de que se fue, estuvieron hablando mal de ella con calumnias e historias inventadas para sanar un poco la imagen de sacar de repente a una persona que siempre había cumplido su trabajo. Le hicieron mucho daño e incluso permearon historias falsas a otras empresas, cerrándole puertas. ¿Es esto justo acaso? ¿A alguien le importa que lo que se hizo fue el proceso correcto? ¿No es esto abuso de poder?
Como siempre he dicho, las organizaciones están hechas por seres humanos y, por tanto, su nivel de imperfección es enorme. Pero cada vez me decepciona más cuando el dolor o las situaciones de los demás parecen importarles a muy pocos. Ahora el abuso de poder no es solo de los jefes, también de cualquiera que tenga un poquito en el poder de decisión juzgando a otros o decidiendo por la vida y/o carreras ajenas.
Ser sensible a veces se vuelve poco profesional, es un estigma que se pone a quienes intentan pensar diferente. Alzar la voz se vuelve ser conflictivo y quedarse callado, poco comprometido. Conozco la importancia del respeto a la autoridad, entiendo una vida corporativa porque he estado en ella por mucho tiempo, pero hoy en mis años de más experiencia me pregunto si a las decisiones del poder les hace falta un poco más de consistencia y corazón. ¿De objetividad? Al final, ¿el poder para qué?
Recuerda que en esta vida solo te llevas una muda de ropa… y no eres tú quien la escoge. (anónimo)