Las monedas más débiles generan rápidos rallies de fortaleza, que transforman rápidamente la narrativa de pesimismo en optimismo. No obstante, esto puede convertirse en una trampa en medio de una devaluación estructural.
Un ejemplo destacado es la lira turca, una de las monedas más devaluadas del mundo. Desde 2011, el dólar se ha fortalecido un 1.200 %. Sin embargo, el pesimismo no siempre ha sido el protagonista. Cada vez que Erdogan parecía menos radical o políticamente débil, se producían grandes rallies en la lira turca. En noviembre de 2018, se apreció un 25 %; en febrero de 2021, un 21 %; en diciembre de 2021, ¡un 34 %!
Como en la física, toda acción tiene una reacción y la pérdida de capital político llevó a una radicalización de sus políticas populistas y a purgas políticas a aquellos que no se alineaban con sus intereses, tanto en el Gobierno como en el banco central, creando una situación aún más frágil desde el punto de vista fiscal y monetario.
La intervención del Gobierno en el banco central fue la acción que generó mayor debilidad en la lira turca. En 2018, hubo cambios en el liderazgo del banco central. El presidente Erdogan nombró nuevos gobernadores, que se percibieron como más alineados con sus puntos de vista sobre la política monetaria.
El resultado final fue la debilidad de la lira y una inflación del 80 %.
El peso colombiano, el real brasileño y el peso chileno tienen características similares a la situación de la lira turca. Desde 2011, el dólar se ha apreciado más del 230 % frente al real brasileño, un 136 % frente al peso colombiano y más del 60 % frente al peso chileno, niveles similares a los de la lira turca antes de las intervenciones de Erdogan en el banco central en 2018.
La pérdida de independencia del banco central sería una clara señal de que se avecinan grandes devaluaciones en la región.