En noviembre de 2011, durante la marcha de protesta del movimiento estudiantil contra la reforma de la Ley 30, el gobierno y el Esmad se encontraron con claveles y abrazos. No con piedras o papas bomba. Los pocos que intentaron generar violencia fueron silenciados por jóvenes como Carlos Acosta. Su gesto al abrazar a uno de los patrulleros les demostró que su lucha era otra. “Muchos hicieron lo mismo y Colombia vio que podemos protestar en paz”, recuerda. Pedro Valenzuela, el agente, se sorprendió con el abrazo del universitario. Hoy dice que espera que actos como ese ayuden a mejorar la imagen de los estudiantes… y también la de los policías. El gobierno, por lo pronto, cortó por lo sano y retiró el proyecto de ley, en espera de evaluar el modelo de educación superior que necesita el país.